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miércoles, 8 de julio de 2026

ECOS UN POEMA DE AVERNO DE LOUISE GLÜCK






ECOS



I



Cuando pude imaginar mi alma

pude imaginar mi muerte.

Cuando imaginé mi muerte

mi alma murió. Eso

lo recuerdo perfectamente.


Mi cuerpo persistió.

No prosperó, persistió.

El porqué no lo sé.



II



Cuando era aún muy pequeña

mis padres se mudaron a un pequeño valle

rodeado de montañas

en lo que llamaban la región de los lagos.

Desde el jardín de la cocina

se alcanzaba a ver las montañas

cubiertas de nieve, incluso en verano.


Recuerdo una clase de paz

que no volví a experimentar nunca.


Algún tiempo después, se me ocurrió

convertirme en artista

para darle voz a esas impresiones.



III



El resto os lo he contado ya.

Unos pocos años de elocuencia, y luego

un largo silencio, como el silencio en el valle

antes de que las montañas te devolvieran

tu propia voz en forma de voz de la naturaleza.


Ahora este silencio me hace compañía.

Pregunto: ¿De que murió mi alma?

Y el silencio responde:


Si tu alma murió, ¿de quién es la vida

que vives ahora y cuándo

te convertiste en esa persona?




Louise Glück

Averno


Traducción de Andrés Catalán


Visor


 

viernes, 15 de noviembre de 2024

ENSAYOS COMPLETOS DE LOUISE CLÜCK

 



 

 

 

   La poesía sobrevive porque hechiza y hechiza porque está hecha a la vez de claridad meridiana y profundo misterio; porque no puede ser enteramente explicada, porque jamás se agotará. Los poemas de Simetría radial son relativamente directos, accesibles, fáciles de leer. Pero Katherine Larson tiene el don que tenía Yeats, el mismo que Keats, el poder de encantar el oído, cautivándolo, y el oído es testarudo, tan testarudo como la mente: no dejará que esta voz se pierda:

 

La Vía Láctea balancea su espalda

a través de una América comida por el viento

como una silla de montar polvorienta

sobre tu caballo lunático de azabache.

Ha oscurecido ya sobre los campos.

Y todas las estrellas son cobardes:

Nos mienten sobre la fecha de su muerte

y no hacen sino columpiarse un poco

como un gran candelabro

sobre las noches en que nuestros sollozos destrozados

hacen que los muertos cojan sus armas.

Debo de ser una de las pocas muchachas

que aún sueña con una tela de algodón a cuadros,

que ahora contempla la nieve

«como la caída de un cubo de acero

con clavos congelados»

tal y como tú lo dijiste entre el humo

de la pipa una noche en la terraza.

Querido,

no hay clavos más fríos

que esos que te aferran

bajo el suelo. Creí haberte visto

al fondo del auditorio

después de mi número de danza

en el instituto.

Sin ti es difícil bailar.

Incluso soñar es difícil.

 

(Del poema «Herido el caballo lunático»)

(2011)

 

 

 

Louise Glück

Ensayos completos

 

Traducción de José Luis Rey

 

Visor


lunes, 5 de agosto de 2024

EL SUEÑO DE MARIGOLD EN MARIGOLD Y ROSE. UNA FICCIÓN DE LOUISE GLÜCK

 





EL SUEÑO DE MARIGOLD



Marigold estaba soñando el sueño que soñaba. Era hija única; a Rose no se le veía por ningún lado. Quizás había decidido no nacer. Hermosa Rose, adorable Rose. Porque si hubiera nacido sin duda habría pertenecido a alguien, seguramente a Madre y Padre. Era la clase de bebé que la gente se apresuraría a reclamar para luego correr a casa antes de que el resto de los padres pudiera darse cuenta.


Marigold no era esa clase de bebé. Marigold era difícil. Bueno, la vida era difícil, pensó.


La vida era difícil: por fin una averiguaba cómo subir las escaleras. Inimaginablemente altas, aquellas escaleras. Cada escalón le llegaba a la cintura. Se apoyaba con los dos brazos sobre lo alto del escalón, y luego con gran esfuerzo se impulsaba con las manos y las rodillas. Y luego una tenía que ponerse de pie y repetirlo todo otra vez. Aprendí, pensó Marigold, y luego me caí. Rose me estaba mirando desde arriba.


Pero no aparecía en el sueño. La luz del sol aparecía en el sueño. Y esa sensación de triunfo que cuando estaba despierta la eludía. Entonces, ¿por qué sabía cómo sentirla en su sueño? Y era capaz de hablar: eso lo recordaba.


Mientras tanto el sueño, que tendría que haber continuado placenteramente, empezaba a estar teñido de amargura y miedo. Algo debía haberle hecho a Rose para que no existiera. Y era verdad: le había pegado; una vez casi le metió el dedo en el ojo. Rose a menudo pegaba a Marigold y le metía los dedos dondequiera que pudiera. Pero que Rose tuviera esa clase de sueños era imposible.


Siempre que Marigold miraba, allí seguía ella, dormida profundamente en su cuna, a menudo sonriendo en sueños. Debo haber heredado algo de culpa judía, pensó Marigold. La había heredado de Padre. Padre tenía la cuota completa de culpa judía pese a que solamente era medio judío. Al menos eso decía.


Después llegó la mañana. En general, a Marigold las mañanas la ponían contenta. Rose estaba haciendo un montón de ruido. Todo el ruido, en realidad; Marigold sonrió a Madre cuando Madre llegó. Y luego se comió la papilla usando una cuchara. Incluso sostuvo la cuchara como una persona de verdad y no como un bebé.


Madre y Padre creían que Marigold envidiaba a Rose. (Pobrecita Rose, pensaba Madre. Pobrecita Marigold, pensaba Padre). Pero Rose idolatraba a su hermana. Las personas adoran a sus mascotas, pero Rose tenía a Marigold.


Y si bien era cierto que había un dejo de condescendencia en ese sentimiento, posiblemente lástima, también era cierto que por debajo había un profundo respeto, una admiración hacia un ser que en cierta manera percibía como superior. Como mínimo, menos disperso (dado que los seres sociales son dispersos).


Como si el adorable cachorro se hubiera convertido en el animal de servicio, o incluso en el perro lazarillo, de quien su vida dependía. Había en Rose, a pesar de su evidente belleza y gran encanto, una profunda veta de humildad, nacida, sintió más adelante, del amor por su hermana, una reverencia ligeramente salpicada de temor, como si Marigold fuera una especie de profeta o figura sagrada.


Rose veía cómo Marigold soñaba su sueño. Se había destapado del todo. Y Rose sintió un punzante deseo de volver a poner en su sitio las mantas y acariciar el pelo húmedo de su hermana, pero por supuesto esto era imposible, debido a los barrotes de la cuna.




Louise Glück

Marigold y Rose. Una ficción


Traducción de Andrés Catalán


Visor


viernes, 14 de junio de 2024

PARÁBOLA DE LOS REHENES Y EL PODER DE CIRCE DOS POEMAS DE LOUISE GLÜCK EN MEADOWLANDS

 





PARÁBOLA DE LOS REHENES



Los griegos están sentados en la playa

pensando qué hacer cuando la guerra acabe. Nadie

quiere volver a casa, regresar

a aquella isla esquelética; todos quieren un poquito más

de lo que hay en Troya, más

vida en vilo, esa sensación de que cada día

está lleno de sorpresas. Pero cómo explicárselo

a quienes quedaron en casa, a quienes piensan

que luchar en una guerra es una excusa

plausible para ausentarse, mientras que

explorar la propia capacidad de entrenamiento

no lo es. Bueno, esto podemos afrontarlo

más tarde; estos

son hombres de acción, dispuestos a dejar

la perspicacia a las mujeres y los niños.

Reflexionando bajo el calor del sol, complacidos

con la nueva fuerza de sus antebrazos, que parecen

más dorados ahora que cuando estaban en casa, algunos

empiezan a echar un poco de menos a sus familias,

a echar de menos a sus esposas, a querer comprobar

si la guerra los ha envejecido. Y algunos

se ponen nerviosos: ¿y si la guerra

fuera solo una versión masculina de las prendas de gala,

un juego concebido para eludir

profundas cuestiones espirituales? Ah,

pero no se trataba solo de la guerra. El mundo había

empezado

a reclamarlos, una ópera que comenzaba con los altos

acordes de la guerra y que acababa con el aria flotante de

las sirenas.

Allí en la playa, mientras discutían los diversos

horarios para volver a casa, nadie pensaba

que pudiera costarles diez años regresar a Ítaca;

nadie previó esa década de dilemas insolubles. Ah, el

irrefutable

pesar del corazón humano: ¡cómo dividir

la belleza del mundo en aceptables

e inaceptables amores! En las costas de Troya,

cómo iban los griegos a saber

que eran ya rehenes: quien aplaza

una vez el viaje está

ya cautivado: ¿cómo iban a saber

que de entre su pequeño grupo

algunos serían retenido para siempre por los anhelos de

placer,

algunos por el sueño, algunos por la música?



―――――――――――



EL PODER DE CIRCE



Jamás convertí a nadie en cerdo.

Algunas personas son cerdos; yo les di

aspecto de cerdo.


Estoy harta de ese mundo vuestro

que permite el exterior disfrazar el interior.


Tus hombres no eran malos hombres;

una vida indisciplinada

los hizo ser así. Como cerdos,


bajo mi cuidado y el

de mis muchachas, se

ablandaron enseguida.


Entonces revertí el hechizo,

mostrándote mi bondad

además de mi poder. Entendí


que podíamos ser felices aquí,

como lo son hombres y mujeres

si sus necesidades son sencillas. Al mismo tiempo,

predije tu partida,

los embates del vasto mar que tus hombres

afrontarían con mi ayuda. ¿Crees


que unas pocas lágrimas van a molestarme? Amigo mío

toda hechicera es

pragmática por naturaleza; nadie

percibe lo esencial si no es capaz

de asumir las limitaciones. Si solo quería retenerte


podría haberte hecho prisionero.




Louise Glück

Meadowlands


Traducción de Andrés Catalán


Visor




martes, 9 de enero de 2024

EL TRIUNFO DE AQUILES UN POEMA DE LOUISE GLÜCK

 





EL TRIUNFO DE AQUILES



En la historia de Patroclo

nadie sobrevive, ni siquiera Aquiles

que era prácticamente un dios.

Patroclo se le parecía; usaron

la misma armadura.


Siempre en estas amistades

uno sirve al otro, uno es menos que el otro;

la jerarquía

resulta siempre evidente, aunque no podamos

fiarnos de las leyendas:

proceden del superviviente,

de aquel que ha sido abandonado.


¿Qué eran los navíos griegos en llamas

al lado de esta pérdida?


En su tienda, Aquiles

lo lloraba con todo su ser

y los dioses vieron


que era ya un hombre muerto, víctima

de la parte que amaba,

la parte que era mortal.




Louise Glück

Figura descendente

El triunfo de Aquiles


Traducción de Andrés Catalán


Visor



viernes, 10 de noviembre de 2023

APARTAMENTO UN POEMA DE LOUISE GLÜCK EN VITA NOVA

 



 

 

APARTAMENTO

 

 

Vivía en un árbol. El sueño precisaba

que en un pino, como si pensara que me hacía falta

más estímulos para lamentarme. No soporto

cuando tus propios sueños te tratan como si fueras tonta.

 

Por dentro, era

mi apartamento de Plainfield, hace veinte años,

pero le había añadido una cocina industrial.

¡Arraigada

 

pasión por el segundo piso! Que

el pasado sea más largo que el futuro

no quiere decir que el futuro no existe.

 

El sueño los confundía, mezclaba

el uno con el otro: repetidas

 

escenas de la casa destrozada. Vera estaba allí,

hablando de la luz.

Y desde luego había muchísima luz, puesto

que no había paredes.

 

Pensé: aquí es donde debería estar la cama,

donde estaba en Plainfield.

Y me invadió una profunde serenidad,

como la que sientes cuando el mundo no es capaz de

     rozarte.

Más allá de la cama invisible, la luz

de finales de verano en la callejuela,

a través de los fresnos temblorosos.

 

Que el sueño había cambiado, añadiendo, podríamos

     decir,

un cierto matiz de esperanza. Era

un sueño hermoso, mi vida era pequeña y dichosa, el

     mundo

claramente visible al estar lejos.

 

El sueño me mostraba cómo podía ser mío de nuevo

si me protegía de él. Me mostraba

dormida en mi viaja cama, con las primeras estrellas

brillando entre los fresnos sin hojas.

 

Me llevaron por los aires, muy lejos,

hasta una ciudad luminosa. ¿Es esto lo que significa

     poseer algo?

¿Mirarlo con superioridad? ¿O sueño todavía?

Hice bien, ¿verdad?, al no

elegir suelo.

 

 

 

Louise Glück

Vita nova

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor


lunes, 18 de septiembre de 2023

POEMA DE LOUISE GLÜCK EN RECETAS INVERNALES DE LA COMUNIDAD

 


 

 

 

POEMA

 

 

 

Día y noche llegan

de la mano como un niño y una niña

que se detienen solo para comer moras de un plato

decorado con dibujos de aves.

 

Suben la alta montaña cubierta de hielo,

luego salen volando. Pero tú y yo

no hacemos esas cosas…

 

Subimos la misma montaña;

entono una oración para que el viento nos eleve

pero no sirve de nada;

tú escondes la cabeza para no

ver el final…

 

Hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo

es donde nos lleva el viento;

 

trato de consolarte

pero las palabras no son la solución;

te canto una canción como las que me cantaba mi madre…

 

Tienes los ojos cerrados. Adelantamos

al niño y a la niña que vimos al principio;

ahora están parados en un puente de madera;

a su espalda alcanzo a ver su casa:

 

qué rápido vais, nos gritan,

pero no, es el viento en los oídos

lo que escuchamos…

 

Y luego simplemente caemos…

 

Y el mundo pasa de largo,

todos los mundos, cada cual más hermoso;

 

te acaricio la mejilla para protegerte…

 

 

 

Louise Glück

Recetas invernales de la comunidad

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor


viernes, 20 de enero de 2023

AMOR PERDIDO UN POEMA DE LOUISE GLÜCK EN ARARAT

 

 

 

 




AMOR PERDIDO

 

 

Mi hermana pasó toda una vida en la tierra.

Nació, murió.

Entremedias,

ni una mirada alerta, ni una frase.

 

Hacía lo que hacen los bebés,

lloraba. Pero se negaba a comer.

Aun así, mi madre la abrazaba, tratando de cambiar

el destino primero, luego la historia.

 

Y algo cambió: al morir mi hermana

el corazón de mi madre se quedó

muy frío, muy rígido,

como un pequeño colgante de hierro.

 

Me pareció entonces que el cuerpo de mi hermana

era un imán. Podía sentir cómo atraía

el corazón de mi madre hacia la tierra,

para hacerlo crecer.

 

 

 

Louise Glück

Ararat

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor