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lunes, 26 de septiembre de 2022

DOS POEMAS DE NEREA ROJAS EN LA FLOR MUERTA DEL ALGODÓN

 

 

 

 

VIII

 

 

 

Nunca pensé que indagar tras la arruga fuera esto.

Una niña curiosa remueve el lodazal del camposanto.

Una niña maleducada hurga

en el terreno de los difuntos.

Una niña enferma zarandea una paz milenaria.

El silencio es una calma tramposa.

El dolor se parece a la guerra.

Mis raíces resbaladizas saben

que algo late sobre este jardín fúnebre.

Una esponjosa luz blanca protagoniza la confesión:

El dolor resucita de una flor muerta.

La flor muerta del algodón.

 

 

 

IX

 

 

 

Vine a Comala porque me dijeron

que el dolor es cosa de las mujeres que me criaron.

A mí también me mataron los murmullos,

a mí me mató la aridez sobre la que crecen,

sin embargo, estos frutos blancos

como si fueran una planta del desierto.

Lo que más me inquieta

es el abandono fundacional que aprendieron mis

abuelas.

Vine a Comala para dar pese a todo con el fruto.

Dolores voltea su sangre contra el desamparo

y tirita un murmullo que me salva:

El dolor no es lo peor.

 

 

 

Nerea Rojas

La flor muerta del algodón

 

En el mar editorial


lunes, 4 de abril de 2022

UN FRAGMENTO DE NOCHE CANÍBAL EN LA BOCA DE OCCIDENTE DE DAVID EFE

 

 

 

 

[…]

Hubo otros que permitieron el bostezo

yo los vi caminar dormidos

arrastrando tras de sí sus cadáveres

tras un siglo entero de abulia parental

ellos viven de una forma tan lenta

y tan dulce que solo les produce sueño y amnesia

y tienen amigos y razones para no morir jamás

y comen siempre a las dos de la tarde

y arañan el plato con los tenedores

y se echan la siesta los domingos

y bostezan

y consumen arte conceptual

y veranean en Ibiza

y tienen un gran 4x4

y tienen hijos

muchos hijos

y los ven crecer los fines de semana

y les enseñan a andar

les enseñan a andar y a mentir

y a tener miedo

y también les enseñan a tener hijos

a tener miedo y a tener hijos

yo los vi marchar en trágica y perfecta armonía

sobre las filas del tedio

tan incapaces de ser otra cosa

que solo podían inventar futuros donde alojarse

y ahí su parálisis

ellos forman colas

estadísticas

y siempre aguardan su turno

perfectamente programados

y repiten consignas

perdidos entre destellos catadióptricos

de un mundo en descomposición

aterrados

temerosos de ser cualquier otra cosa

esperpénticos maniquíes mohínos

que desfilan como autómatas

ante los escaparates de occidente

ellos compran coches y televisiones

y leen revistas

coleccionan zapatos

esnifan cocaína y conocen Tailandia

ellos tienen cosas

poseen cosas

y así piensan cosas

y votan cada cuatro años

lobotomizados

individualizados

ellos se llamaron a sí mismos nosotros

se llamaron patria

ellos nunca fueron hermosos ni pretendieron serlo

yo los vi vivir y los vi morir

y apenas aprecié la diferencia

[…]

 

 

 

David Efe

Noche caníbal en la boca de occidente

 

En el mar editorial