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jueves, 28 de diciembre de 2023

UN FRAGMENTO DE SOBREJUEGOS DE ITZIAR MÍNGUEZ ARNÁIZ

 







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Ventura me enseñó las montañas de cartas como si me enseñara las colinas de un paisaje secreto. La vida es esto, repitió, y yo asentí. Yo le gustaba a Ventura porque no le llevaba la contraria, porque no había un choque generacional entre nosotros a pesar de los años que nos separaban. No le seguía la corriente porque quisiera evitar el conflicto. Ventura tenía razón. La vida era esto. Las colinas del paisaje secreto que formaban esas cartas apiladas. Preguntas y respuestas cruzadas. A Ventura le merecía respeto mi opinión, me apreciaba porque me veía como él, porque quería que me pareciera a él, necesitaba dejar un testigo, un heredero. Creo que al viejo Ventura jamás le interesó el dinero, ni las grandes pasiones, ni el equilibrio vital. A él sólo le importaba su trabajo, esa concepción romántica de su trabajo que él mismo había creado y creído. Se sentía orgulloso de ser el puente de comunicación entre dos personas.




Itziar Mínguez Arnáiz

Sobrejuegos


Huerga & Fierro


viernes, 21 de julio de 2017

UN FRAGMENTO EN PROSA Y EN VERSO DE TODO ES MENTIRA EN LAS PELÍCULAS NOVELA DE ROXANA POPELKA








“Mis vecinos, los de la puerta C, vienen cargados con la compra de toda la semana. Comienzan a discutir por el pasillo, esta vez por el asunto de la gasolina. Él dice que no vuelve a llenar el depósito, ella le amenaza con dejar el coche en el garaje toda la semana. Él dice que ni hablar, que el coche es para usarlo. Suben la voz cada vez más. Están gritando. Los vecinos de la puerta C se mandan a la mierda, se dicen no te aguanto más, y pegan un portazo. El niño de los vecinos tiene 4 años y no sé cómo se llama, se podría llamar Adrián, David, Pelayo. Aunque también Daniel, Óscar o Jonathan, pero no se cómo se llama. Mi hija lo llama fantasma. Dice: ése es el niño fantasma.
Mis vecinos me miran mal, lo sé. Si supieran que me acuesto con P dejarían de saludarme para siempre. Si viviéramos en otra época, en 1962, por ejemplo, me denunciarían a la policía junto con Luis, mi marido. Así que hago como si nada, jugamos a ser despistados y nos saludamos tímidamente en el ascensor mientras comentamos el parte meterológico.

Mis vecinos me dan igual.
No sé sus nombres
pero sé cómo pisan.

Sé que tienen miedo,
que son unos cabrones
que llevan una vida
miserable, y
que no salen de casa.

Que tienen un trabajo
embrutecedor y mienten
cuando dicen que
les encanta."




Ediciones Baile del Sol - Narrativa