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miércoles, 16 de agosto de 2023

LA DROGADA FAMILIA DE MARIO NOSOTTI EN EL PASO DE UNAS NUBES

 


 

 

 

I.                 La drogada familia

 

 

 

El alveolo solar preside las reuniones

la mesa de la larga galería donde el eco torcido

resbala sobre el hule de las toscas

familias ensambladas

italianos vecinos         llegados en el mismo barco

criollos que no aprenden a hacer plata.

Y desde la membrana hirviente

desde la percepción enceguecida

de los techos:       el campo.

 

Pero antes el vestíbulo de tierra

la zanja del camino que bordea

lo abierto de una exclusa

que suelta la presión de chorros infinitos.

 

Spegazzini

el barrio con obreros e inmigrantes detrás del paredón

de la Gilera      la despensa en la esquina

“de Pamapaluna”

y el salón comedor donde almorzamos

los platos de Piamonte       ¿o Lombardía?

Carneaban a los cerdos

a las pobres ovejas ahí cerquita

en el fondo debajo de unas chapas hirvientes

el chorro que dispara    la aorta seccionada

Lorenzo era a mis ojos como un forzudo bueno

presente como el ruido que llegaba

de la pista de prueba de las motos

 

y cerca delas casas    y de las “casas-quinta”

que a mano levantaron esos inmigrantes

sembradíos y campos

terrones triturados como bocas cariadas

que a poco un vello íntimo

avanzados los días hacía más intenso

hasta que de lo alto

todo se convertía en aeródromo de pájaros

que avizoraban sombras

huyendo por el ras de las raíces.

 

(y en los playones verdes

cortados cada tanto por el marrón camino

corredores de álamos como lenguas de plata

como bocas de viento

en plena verde nada

yo te oía.

 

 

 

Mario Nosotti

El paso de las nubes

Antología poética (1998-2021)

 

Edición y prólogo de Mercedes Roffé

 

Ediciones Liliputienses


miércoles, 5 de abril de 2023

XVII UN POEMA DE MERCEDES ROFFÉ EN EL DESIERTO Y EL ORO

 

 

 

 

XVII.

 

 

 

habría que conjurar una flota bravía para sofocar las huellas

habría que carcomer los fustes del desgarro, el aleteo de la ley y de la ira

habría que desdecir la púrpura, el vértigo, el incipiente

misterio de la aurora, la brecha ebúrnea del sueño, las

albricias

habría que disputar laureles, tronos, crucifijos,

confundir mensajero, oráculo, tirano y plaga

desviar el vuelo de los buitres y retorcer el cuello

de las madres, ateridas, santas madres, siempre

siempre secándose las manos

que trastrocar habría la trama

incidida en la piedra, urdida

en tinta, en bronce, en el añil

tanta pequeña voz zumbando engaño y fraude

tanto entimema de sangre hurgando bajo el faldón

habría que

habría

que desfacer aporías, puentes, traducciones, vórtices

de vacuidades

y demoler la trampa el poderoso

andamiaje

del desprecio y del miedo

 

una vez

y otra

y otra

cada una

para izarse

leve

y cierta

y luminosa

esclarecida en sí

y de sí

 

primera y mágica

 

 

 

Mercedes Roffé

El desierto y el oro

 

Ril editores


miércoles, 28 de septiembre de 2022

GRAN VIA-COMTE BORRELL EN LA MUJER CÍCLICA SEGUIDA DE SPECULUM DE LAIA LÓPEZ MANRIQUE

 

 

 

 

Gran Via-Comte Borrell

 

 

 

Ahora, aquí, escribo. Como si escribir fuera escarbar y abrir longitudes. Como si fuera recortar un cuerpo sobre el propio cuerpo, «imponerlo» como se dice de los que curan a otros «imponiendo» las manos.

Yo no he querido Letra, no he querido Nombre. He querido rozar con el nombre la materia que creí confiada a mi como un estigma. Materia que es materia y no estigma. Materia que no es nombre. ¿Y cómo librarla dell’urlo della lingua? Imposible decirlo de otro modo, ahora.

Escribir me sigue produciendo temor. Me acerco demasiado o demasiado poco aún, permanezco en esa ignorancia del control a través de una música que se abre en mis palabras. A veces me molesta esa música. A veces simplemente la detesto. No quisiera escribir ni pensar nada en absoluto, quisiera discurrir o insertarme en mi cuerpo sin los brazos, sin el movimiento. Arrastrar mi materia como un pescador un sedazo, una red. Ser una red y ese brillo ínfimo de los peces de respiración interrumpida. No a causa de la muerte, sino a causa de otra clase de parada. He pensado demasiado en la muerte como para que deje de ser una fantasía, pero no me refiero a arrastrar mi materia como quien arrastra la materia muerta.

 

Lo que quiero es no sentir la obligación de vivir bajo una forma humana. Entrar en una dimensión opaca, en otro tipo de cuerpo. Por ejemplo, en el cuerpo de una mancha. Ser mancha extendida: demora, tardanza. Un cuerpo no amaestrado por la socialización. Un cuerpo sin expectativa. Pura atención latente.

 

 

(En aquella clase, hace ya bastantes años, la profesora confesó su miedo. Cada vez que empiezo a ver una película, dijo, siento que no seré capaz de entenderla, de seguir el hilo de su discurso. Recuerda haberse sentido súbitamente interpelada por esa confesión. Ella misma había experimentado ese miedo muchas veces respecto a las imágenes, de los libros. La irrupción primera, rumiante, de las palabras mascadas por otros, y sentir de pronto la necesidad de orientarse a tientas, como la analfabeta a la que entrevistó Marguerite Duras, que medía las dimensiones de las palabras en los carteles del metro de París para poder reconocerlas: «la palabra Lilas casi tan alta como ancha…». El alivio de la comprensión como un bautismo inesperado. Y después, incontenible, la otra sed.

 

Se pregunta cómo lee ella los libros y responde entonces: primero con miedo, después con prisa, y hay un tercer paso. El tercer paso es volver sobre el miedo y la prisa para descomponerlos. El tercer paso es siempre volverlos a leer muy lentamente, tratando de ver a través de sus agujeros, sus trampillas. Ahí me puedo esconder, piensa. Y desde allí, desde ese otro lado, armar un discurso. Aunque desde luego no necesita armar un discurso acerca de cada libro que lee. A menudo deja que los libros, simplemente, sucedan en ella, a través de ella. Ahora se da cuenta de que esa ha sido una manera, tal vez la única, de aprender.)

 

 

 

Laia López Manrique

la mujer cíclica seguido de speculum

 

Epílogo de Mercedes Roffé

 

La Garúa


jueves, 28 de julio de 2022

COROLARIO UN POEMA DE LA MUJER CÍCLICA SEGUIDO DE SPACULUM DE LAIA LOPEZ MANRIQUE

 

 

 

 

COROLARIO

 

para Alba

 

 

hemos visto a las palomas morir en el patio

hemos visto la sangre

real y figurada

correr junto a los muros

 

te miro

tenemos miedo

el mundo es este extraño

revestimiento

culpable

 

¿por qué estás sola? dices

¿es que no supiste imponer

tu mano

tu pequeña mano larvada

sobre las palabras?

 

si hubieras sabido que la poesía era ese dolor

de querer atravesar todas las formas

con la forma

no con el aire

sino con la forma

ese cincel

esa fría incontenible

violencia

 

 

 

Laia López Manrique

la mujer cíclica seguido de speculum

 

Epílogo de Mercedes Roffé

 

La Garúa


miércoles, 15 de junio de 2022

ELEGÍA Y OTROS DOS POEMAS DE CÁNTICO DE LA NOCHE ANTOLOGÍA DE POESÍA INDÍGENA NORTEAMERICANA DE MERCEDES ROFFÉ

 

 

 

 

ELEGÍA

(pápago)

 

 

Yo corría de un lado al otro

por el desierto.

Era una niña ávida

de ver cuanto pudiera. Nada había aún

templado mi carácter.

Cuando Coyote aún no existía

yo lo vi:

era una araña

en la viga de la casa, la viga maestra.

Se detuvo a mirarme y parecía

que me quería hablar.

Compuse una canción sobre Coyote.

Un shamán cantó junto a mí para saber qué tenía.

Y cuando habló, Padre dijo; —No,

con un shamán en la casa es suficiente.

Mi cuerpo ya albergaba

los cristales de la adivinación que crecen dentro.

El shamán se inclinó sobre mí, y los extirpó

de mi pecho

uno por uno.

Eran largos

Como el nudillo de mi meñique, blancos y se movían como gusanos

 

—¿Ve? —dijo el shamán a mi padre—, se los saqué

antes de que se hicieran demasiado grandes.

 

Hizo un agujero en un cactus gigante

y los metió dentro.

 

Luego, mirándome, susurró:

—Volverán a crecerte: es un don.*

 

 

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CANCIONES RECIBIDAS EN SUEÑOS

(wintu)

 

 

I

Es a las alturas que tú y yo iremos.

Por la Vía Láctea, tú y yo iremos.

Por el sendero de flores, tú y yo iremos.

Recogiendo flores por el camino, tú y yo iremos.

 

 

II

Del antiguo campamento

viene un aroma a flores.

Me encantan las flores.

Ondean

cuando las eleva el viento.

Me encantan las flores.

Dadme flores.

 

 

III

Los habitantes del alba han estado gorjeando.

Posados sobre el tejado,

gorjean.

 

 

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CANCIONES DEL PEYOTE

(comanche)

 

 

1.        Tiene una flor roja, tiene poderes.

2.      Luz del día. Flor roja.

3.      No se detiene.

4.      Amarillo.

5.      Aún se ven los rayos del alba.

6.      Vuelan los poderes.

7.      Pájaro.

 

1.        El caballo está bajando.

2.      Se alinea, es la luz del día.

3.      Cría de los antílopes machos.

4.      Un pájaro da vueltas, aullando.

5.      Un macá da vueltas, aullando.

6.      Un pájaro se prepara para volar.

7.      El Castor, es el alba.

 

 

 

Mercedes Roffé

Cántico de la noche y otros poemas

Antología de poesía indígena norteamericana

 

Ril Editorial


miércoles, 6 de mayo de 2020

UN POEMA DE LAS LINTERNAS FLOTANTES DE MERCEDES ROFFÉ




XV.



El poema es el rostro en el espejo
más verdadero que el rostro y que el espejo.
El poema es el flujo de la sangre
más allá del cuerpo,
el ritmo de la sangre más allá de la sangre
sus cauces rigurosos, su latido sordo y unitario.

El poema es el ritmo de lo otro en mí
más allá de mí, siempre, más allá,
donde mi silencio se topa con tu ritmo
y repercute en mí, que solfeo en el poema
un ritmo numinoso,
cifra que hace eco en el eco
que es cuerpo verdadero
lo numinoso en ti y en mí—
el ciclo de las esferas tocándose y abandonándose
alejándose, sí, una de la otra,
pero desasiéndose de sí también
cada cual
en su dorada, fecunda negligencia.
En su ritmo me despliego.
En su metrónomo
caprichoso y fugaz
despliega el universo sus fantasmagorías
su verdad.

No hay traducción posible,
o sí la hay:
de lo uno a sí mismo,
de lo uno a aquello que tantea y vence
de lo que sabe de sí
su pobre imperio.

El poema, digo,
digo la música, digo el movimiento
de la danza en el cuerpo, el de la piedra esculpida...
Y la música en el trazo y en la piedra, digo,
y el movimiento sinuoso y firme del poema,
docta cadencia, felicísima caída en el cruce
de todos los sentidos.



Mercedes Roffé
Las linternas flotantes

Editorial Polibea