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martes, 31 de octubre de 2023

WALDEN UN POEMA DE HENRY D. THOREAU EN POESÍA COMPLETA

 



 

 

 

WALDEN

 

 

Ciertamente nuestra conversación

es ajena al lenguaje,

sólo el oído entrenado

puede captar las palabras que surgen

para romperse

y morir en tus labios como guijarros.

Tu pensamiento

es silencioso como tus aguas

elevándose desde tu superficie

como la niebla de la mañana,

de manera que el Alma

pasivamente la respire

y se contagie

con la verdad que expresas.

 

Incluso las más lejanas estrellas

han llegado en formación

y se han inclinado para recibir

la bendición de tu semblante.

Tantas veces como el día gira

el sol se exhibe

delante de tu estrecho horizonte,

y tampoco la luna falta

en su visita recurrente

para hablarte de la noche.

Hasta la nube más rara

se muestra reflejada en tu rostro

doblemente hermosa.

Dime lo que los vientos

han escrito estos mil años

sobre la bóveda azul

que sobrevuela tu corriente.

O aquello que el sol escribió

delicadamente sobre tus aguas

para tu propia lectura privada.

Bastante he leído

en estos últimos días,

pero hay muchas cosas

que maravillan al alma

y que el ojo humano no ve.

Yo daría cualquier cosa

por leer esa primera página brillante,

húmeda de una prensa virgen,

cuando Bóreas

y la hueste de los cristalinos escribas

mojaron por vez primera

sus plumas en tu niebla.

 

 

 

Henry D. Thoreau

Poesía completa

 

Traducción de Beñat Arginzoniz

 

Ediciones El Gallo de Oro

lunes, 28 de agosto de 2023

UNA ESCENA DE INVIERNO Y PRIMAVERA DE POESÍA COMPLETA DE HENRY D. THOREAU

 


 

    UNA ESCENA DE

INVIERNO Y PRIMAVERA

 

 

Los sauces languidecen,

los abedules se inclinan,

los faisanes se agrupan

bajo la nieve.

Los peces fluyen

de lado a lado,

con la corriente clara,

bajo el hielo.

 

El hurón gime,

la marmota duerme,

el búho aguarda

en su cálido refugio.

El conejo salta,

el ratón se arrastra,

el junco se asoma

más allá del arroyo.

 

La nieve cae,

la nutria nada,

la perdiz llama

a lo lejos en el bosque.

El viajero sueña,

el árbol helado brilla,

un pájaro chilla

iracundo.

 

Las manzanas se deshielan,

los cuervos graznan,

las ardillas roen

la fruta helada.

Hasta su madriguera

sigo las huellas

de los ratones que comen

la raíz de los manzanos.

 

El hacha resuena,

y aúllan los perros

y un tintineo

de fama invernal.

El cuerno del cazador

despierta al alba

en campo desgarrado,

y espanta la partida.

 

El aire tintineante

lleva el eco

a la guarida del conejo,

con horrible estrépito.

Perfuma el aire

y lejos viaja,

regresando donde

comenzó.

 

El zorro inmóvil

sobre la colina

no teme mal

de vientos volubles.

Pero a sus enemigos

el viento quedo muestra

en nieves traicioneras

su rastro tras de sí.

 

Se funde ahora la nieve

al sol cálido.

Los prados fluyen,

los arroyuelos corren.

La primavera nace,

las abejas vagabundean,

los insectos zumban,

y cae resina del árbol.

Y el invierno acaba,

y llega el verano.

 

El carbonero

cecea en el árbol,

la abeja invernal

no teme la escarcha.

El pequeño trepador

araña la corteza

en busca de una lombriz

a cualquier precio.

 

La candelilla verde

ofrece a la escena

un lustre estival,

un brillo cordial.

 

Me fundo, fluyo,

y corro zigzagueante,

como nieve derretida

bajo este sol cálido.

 

 

 

Henry D. Thoreau

Poesía completa

 

Traducción de Beñat Arginzoniz

 

Ediciones El Gallo de Oro


lunes, 12 de junio de 2023

LOS AZULILLOS UN POEMA DE HENRY D. THOREAU EN POESÍA COMPLETA

 

 

 

 

LOS AZULILLOS

 

 

En medio del álamo

que se encuentra junto a nuestra puerta

pusimos una pajarera para los azulillos,

y confiamos

en que antes de que acabase el verano

acogiera a una pareja de paso.

Un caluroso día de verano

llegaron los azulillos

y se posaron en nuestro árbol,

pero en un principio los viajeros

se mostraron inquietos

pues tenían miedo de mí.

Parecían venir del lejano sur,

del mismo bosque de Walden,

y lo cruzaron con la boca abierta

empujados por invisibles fuelles.

Graznando sobrevolaron el risco,

y graznaron sobre el prado,

y sobre la tienda del herrero, y también

llegaron graznado hasta mí.

Llegaron y se posaron sobre la pajarera

sin mirar en el agujero,

saltando de un lado a otro

como si fuera una balanza.

Creo que nunca antes los había visto

ni ellos me habían visto a mí

hasta que decidí aguardar en nuestra puerta

y llegaron al álamo.

Con el tiempo construyeron su nido

y criaron una feliz camada,

y cada mañana piaban

cuando volaban hasta el bosque.

Así pasaban las horas del verano

para los azulillos y para mí,

cada hora era un día de verano,

tan plácidamente vivíamos.

Eran un mundo en sí mismos,

y yo un mundo en mí,

en el árbol eran felices

con su nueva familia.

Una mañana el viento

sopló frío y fuerte,

y ese crudo y borrascoso día

cuando las hojas se arremolinaban

los pájaros se prepararon para el largo viaje.

El viento boreal llegó tempestuoso del norte

y erizó su plumaje azul,

y así se lanzaron, aunque algo reacios,

por las viejas rocas del risco.

La tierra giraba incesante

con su manto del más puro blanco,

hasta que otra vez llegó la primavera

y el invierno se desvaneció.

Y yo vagué por la tierra húmeda,

y contemplé el cielo apacible,

sin embargo no recuerdo nunca antes

haber vagado tan atento.

Pues nunca antes estuvo tan queda la tierra,

y nunca tan clemente el cielo

el río, los campos, los bosques, y la colina

parecían arrastrar un largo suspiro audible.

Sentí el paraíso a mi alrededor

y la tierra bajo él,

como cuando corre un sonido entre espigas

que emociona de la cabeza a los pies.

Soñé que al despertar sería

un algo que apenas conocía,

no un ente sólido, ni una nada vacía,

sino una gota de rocío de la mañana.

Era el mundo y yo jugando al escondite,

como un hombre esquivaría su sombra,

una idea varada en la eternidad

entre Lima y Segraddo.

De pronto un débil graznido

sonó dulcemente en mis oídos

igual que a la llegada del sueño.

No alarmó sino que conmovió mi alma,

por mi mente brillaron extraños recuerdos,

distantes escenas desplegadas

como cuando acabamos de soñar.

El azulillo había llegado del lejano sur

a su pajarera en el álamo,

y abrió de par en par su fina boca

con la intención de cantarme.

 

 

 

Henry D. Thoreau

Poesía completa

 

Traducción de Beñat Arginzoniz

 

Ediciones El Gallo de Oro