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viernes, 23 de octubre de 2026

ÍTACA NO EXISTE UN POEMA DE AMALIA IGLESIAS SERNA EN UN LUGAR PARA EL FUEGO

 








ITACA NO EXISTE






TRES vueltas de llave y un olor a silencio,

la luz súbitamente estrangulada en el lecho sin fondo

y la humedad de quince o más otoños

y esta locura

y esta oscura gangrena de embriagada penumbra,

tres o cuatro macetas con esquejes de olvido

o esa vela gastada en noche de tormenta.


Las puertas columpian el llanto de sus goznes.

Hace tiempo que no hay golondrinas al borde del tejado.


Asciendo lentamente

aquella escalera de los sueños freudianos,

subo a los altares mínimos

de mi propia insuficiencia.


¡Cuánto ayer empozado,

cuánta breve mortaja,

cuánto leve recuerdo!


Sobre la cal de esta pared escribo un verso:


He regresado y nada me esperaba.


Quizá se vuelve como a la patria o al padre

con un algo de herida

y esa ansiedad de no reconocerse en los viejos espejos.

Quizá se vuelve tarde,

se vuelve ya sin tiempo.


Desde el suelo

una muñeca muerta me contempla,

―una muñeca serenamente muerta―


Me alejo

con la desagradable sensación de haber profanado

una tumba




Amalia Iglesias Serna

Un lugar para el fuego


Adonáis


Ediciones Rialp



viernes, 2 de julio de 2021

TODOS LOS DÍAS SON AYER UN POEMA DE LOS DÍAS ETERNOS DE MARÍA ELENA HIGUERUELO

 

 

 

 

TODOS LOS DÍAS SON AYER

 

 

 

HAY en mí una noche asumida,

una oscuridad aceptada que permite

ver en ella a estos ojos de negrura

que colorean las sombras de los huecos

de las cuevas que día a día habito.

 

Hay en mí un temblor asumido,

una punzada por costumbre que no duele

ya y hay

un nervio muerto que solía

atar mi yo al mundo que algún modo,

un canal de angustia que es ahora

poco más que un hilo absurdo

que me mueve, cual títere, por inercia.

 

Hay en mí una pena asumida,

y un silencio, y un vacío, y un montón

de todas esas cosas sobre las que

durante siglos muchos hombres

y mujeres mejor que yo han hablado.

No hay más luz capaz de alumbrar:

solo la que existió y no retorna

y lo acepto y por eso reconozco

la dicha que acontece en la tristeza.

 

Estoy tan viva que estoy muerta.

Todas las cosas son hoy tanto

que no son.

 

Ayer fue tarde todo el día.

Todos los días son ayer.

 

 

 

María Elena Higueruelo

Los días eternos

 

Adonáis

Ediciones Rialp