Mostrando entradas con la etiqueta Olga Novo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olga Novo. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de febrero de 2021

HABLAR EN PAXARIÑO UN POEMA DE OLGA NOVO DE FELIZIDAD

 

 

 

 

HABLAR EN PAXARIÑO

 

 

 

Puede

tocarse lo sublime con los dedos aún mojados de lejía

raspados por el estropajo y por un dios de la transparencia.

 

Puede una prepararse para ver apagarse

las tres luces

en el filme de Frizt Lang

y caer despeñada mente abajo

hasta poner los pies en la base de la conciencia

allí donde los azúcares alcanzan el punto almibarado

y a esa disolución no sabemos qué nombre ponerle

amor     límite     metacrilato

no sabemos.

 

Puede una pues

estar lista para el infinito

y mirar desde dentro el lenguaje sin temer

que las ruedas de la sintaxis nos pasen por encima del corazón

como los carros imperiales de Décimo Junio Bruto.

 

Puede una

ocultarse tras la máscara postmoderna y escapar del poema

y hacer del sujeto una sombre china.

 

Incluso puede

sentarse a verse crecer órgano a órgano

y perder

el conocimiento

en busca del placer.

 

Pero nunca puede una imaginar

que la sangre de su padre vaya a retrotraerse

precisa como el polen

hasta convertirlo en el niño que fue y que nunca se fue de él

guardado en el fondo de un arcón de cromosomas entre granos

de centeno y pobreza.

Eso no.

 

Y verlo tropezar en las sílabas como si fueran pedruscos prepalatales

llamar a su madre muerta hace cincuenta años

hacerse pis en el pantalón que llevaba en 1930

desaprendiendo a ser

como si los arados de Heidegger arrasasen su mente de tierra.

 

Por eso

cada vez que abandono el lenguaje verbal

y cojo su mano entre mis dedos

aún sentimos juntos

las veinte toneladas de haces de hierba y de maíz los diez millones de pacas

las veinte mil horquillas de estiércol arrancadas del albañal

los ciento cincuenta caballos del tractor y algún amor

regresa de repente

del centro comunal de alguna feria

y todavía su pecho me habla en paxariño

y sobre la punta de los pies de mi mente

entro

de la mano de mi padre

al Paraíso.

 

 

 

Olga Novo

Felizidad

 

Traducción y notas de Xoán Abeleira

 

Olifante Ediciones


domingo, 10 de julio de 2016

LOS LÍQUIDOS ÍNTIMOS DE OLGA NOVO





 

Los líquidos íntimos

 

Con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos.

Algunos conservan estirados los nombres que grabé a navajazos

todas las tardes al volver de la escuela.

Acostumbrada a tirar por un poema como por un ternero

cuando se le ven las patas

cuando ya no está en edad de crecer

toda maduración requiere un desgarro de tendones

entonces es cuando corren por mi pecho rebaños de cabras

que no se dirigen a ninguna parte

me suben a las paredes desde las que te veo

arrancan con la lengua el pasto mientras te vas.

El tacto de tus violines me hace llorar terriblemente

y casi no puedo soportar que tus manos me acaricien

como la lana de los jerseys que me hacía mi madre cuando era niña.

Pero con mi piel

con mi piel se pueden hacer injertos en los manzanos.

 

 

29 de enero del 2002.

 

Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar.

 

une saison en enfer. repite conmigo Une-Saison-En-Enfer.

mis treinta generaciones analfabetas Yo estoy aprendiendo a ladrar.

marcar un nunca territorio con la epiglotis

como un can como una perra cualquiera

emperrarme hasta volver en mí en can entonces pronuncio

Walt Walt

Walt Whitman mamá.

 

estoy aprendiendo a ladrar.

me pongo de culo al sol me agarro a una azada

e intento imitar el canto del cuco del cuco de culo al sol entonces

mi garganta se exprime de dolor

y aúllan como nunca los futuros posibles que nos abomban las venas

como un cazo de leche vertiéndose en el fuego.

 

los ojos de mi amor llevan dentro

el tintineo de los cencerros unocontraotro unocontraotro

de la novena sinfonía de Gustav Mahler

mamá.

 

y yo te miro a los ojos a los ojitos estás tan cansada

pero yo no y aquí

es el momento de la furia can

escucho con atención la campana de cris

tal de tus sueños incumplidos

como una escultura delicada de Brancusi

de Cons tan tín Brancusi.

 

una vez y otra vez el corazón tan grande

como una seta enorme el otoño eres tú auh auh auh loba

aquí me tienes bailando gritando saltando

una maestra gutural un volcancito gutural

como Virginia Woolf como Virginia Woolf como Virginia Woolf.

 

te miro las manos podría lamerte las cicatrices de las manos

hasta que dieran luz

y curarte las hernias discales con un solo verso alejandrino

con una sílaba de centeno crudo con un oh-là-là y después
después

contar una por una tus canas enraizadas en las edades del mundo

tu lengua plantígrada mamá

podría incluso reestructurarte la osamenta

con el implante de una canción anarquista.

 

a veces siento el dolor sedimentándose

lámina

por

lámina

como la pizarra:

es un esguince emocional clavado en la nuca

y para ladrar así a veces es preciso llorar yodo

sajarme las rodillas con una guadaña hasta ver el sol tan cerca

a tres centímetros del iris

mamá

yo tenía que mamar de tu médula

asombrar al mundo cuando te baja la compasión a las caries

y a los pechos

caídos

de cansancio.

 

para poder ladrar yo tendría que roer durante años

tu alergia al polen a los vilanos de los chopos

tu anemia circulando en sentido inverso por la sangre

tendría que ir contigo a enterrar a tu hermano de veintisiete años y

apretar la mandíbula para no partirme la lengua

con su tuberculosis                                              mamaíta.

 

sé muy bien que para poder ladrar

tendría que ir contigo a mi infancia

y verme a punto de morir deshidratada

y rogarle a la virgen en la que no crees

que me devolviese a la vida de tres meses y medio

y soldarme en tu regazo para siempre

como una pieza de hierro de tu vientre.

no pienses que no sé que para poder ladrar

tendría que ir contigo a las últimas horas

de la abuela Carmen agarrada a las cuatro puntas de su pañuelo

y a tu bazo.

 

yo sé muy bien sé todo

que para aprender este ladrido

al fin hicieron falta

mil mujeres lavando sin cesar en el río de Saá

y mil arando y dos mil cosiendo y cinco mil

recogiendo leños y raíces en mitad del monte y Tú

sobre todo tú plantando pinos en una sierra inmensa

desaprendiendo cuanto eres

agujereando tus dudas.

 

Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar.

 

alguien me ve abriéndome la mandíbula hasta hendirla y digo ya

ya ladro ouh como el perro no no

como Camille Claudel como Camille Claudel como Camille Claudel

como Camille mamá en el mármol

como Camille

como Walt Whitman Walter Benjamin voy mamá

voy hacia ti

voy yo voy

alta

alta

auh...
 
 
 
 
Olga Novo - Los líquidos íntimos - Poesía Cálamo