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martes, 27 de enero de 2026

VERANO DE INFANCIA UN POEMA DE FIEDERIKE MAYRÖCKER EN SE SECARÁ COMO LA HIERBA ANTOLOGÍA

 






Verano de infancia




Solitario anhelado ángel azul

en mi corazón tintinea una lluvia clara

florecen en mis manos campanillas

flores de salvia soplan sobre mí

el collar perlado de lágrimas se desliza

por las sienes yacentes

siempre es por la tarde

siempre estoy sobre un puente de polvo

mi peral se hace añicos

suavemente flautea la sombra

mi pie descansa caliente y desnudo sobre la tierra

frente a mí, en la zona oscura del columpio

violonea el miedo

las habitaciones, familiares, están envejecidas

sobre los húmedos umbrales

florecen los lirios

atardecer ligero y lila

atardecer a través de la ventana olvidada

atardecer

debo ocultar mi ardiente y carraspeante

enfermedad entre los altos cojines

noche

dejo arrastrase a las hojas de acacia

adoro el viento

los sauces sinuosos y susurrantes conducen a algún lugar

una amapola me espera




Friederike Mayröcker

Se secará como la hierba

Antología (1946 – 2009)


Prólogo de Isel Rivero

Traducción de Sandra Santana y Magdalena Kotzurek


Arrebato libros


lunes, 17 de octubre de 2022

UN POEMA DE LA PARTE BLANDA DE SANDRA SANTANA

 

 

 

 

LO habéis visto:

 

sigue ahí el simio

llevándose las manos

a la boca.

 

Os sonríe con todos

los dientes

porque él

que fue bendecido

con la invisibilidad

de los espejos,

está privado

de la capacidad de querer

ser lo que no

es. De desear

ser nada, de desear

ser todo

plumas, por ejemplo.

 

Vosotros sois

los imitadores.

 

 

 

Sandra Santana

La parte blanda

 

Editorial Pre-textos


domingo, 26 de diciembre de 2021

POEMA VI DE POEMA DEL SOLDADO DE ANGELINA GATELL

 

 

 

 

VI

 

 

 

Señor, ¿morir es derramarse?

¿Diluirse en las aguas

tranquilas, inocentes

y subir por los tallos

de la vid o del brezo?

 

¿Morir es esparcirse, ser en todo?

¿En la lluvia, en la luz, en la mañana…?

¿Cuajarse en el rocío?

¿Afluir en los celajes?

¿En los amaneceres?

 

Señor, los que mueren aquí,

en este espacio donde estableciste

tu mano enfurecida;

los que caen rotos

por la metralla,

en el horror deshechos;

los que se abren en un múltiple

florecer de amapolas;

los que dejan el último gemido,

la última voz, el último silencio

colgando de la tarde;

los que mueren de pronto,

casi sin darse cuenta,

sin sentirse caer hacia la sima

donde espera una noche

sin posible regreso;

los que quedan aquí tendidos en la tierra,

boca abajo en la tierra,

con el pecho en la tierra,

los que quedan aquí, acabados,

esos hombres

silenciados de súbito,

helado el beso entre los labios,

interrumpido el curso de la sangre

que nunca extenderá sus ramas

frutales por el viento…;

dime, ¿acaso

hallarán el sosiego

como aquellos que mueren

colmados y cumplidos,

los que agotaron horas y más horas

celebrando la vida que les diste?

¿O serán los que, insomnes,

alzarán su sonido,

la enloquecida música

de su ira

y golpearán tu nombre

y los nombres de todos

los que sobrevivieron

a la nada ordenada, por quién,

en qué momento?

 

 

 

Angelina Gatell

Poema del soldado


Lectura de Sandra Santana

 

Bartleby Editores