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jueves, 10 de marzo de 2022

TRES POEMAS DE JEAN-JOSEPH REBÉARIVELO EN ANTOLOGÍA DE LA NUEVA POESÍA NEGRA Y MALGACHE EN LENGUA FRANCESA DE LÉOPOLD SÉDAR SENGHOR

 

 

 

 

2

 

¿Qué rata invisible,

venida de las paredes de la noche,

mordisquea la galleta láctea de la luna?

Mañana por la mañana,

cuando se haya marchado,

quedarán marcas de dientes sangrantes.

 

Mañana por la mañana,

quienes se hayan embriagado toda la noche

y quienes salgan de jugar,

al mirar la luna,

balbucearán:

«¿De quién son estos cinco duros

dando vueltas en la mesa verde?»

«¡Ah!, añadirá uno de ellos,

¡el amigo lo perdió todo

y se mató!»

 

Y se reirán al unísono

y, tambaleándose, se caerán.

La luna, por su parte, ya no estará allí:

La rata se la habrá llevado a su agujero.

 

 

 

3

 

 

 

La piel de la vaca negra está tendida,

tendida pero no puesta a secar,

tendida en la sombra séptuple.

¿Pero quién derribó a la vaca negra,

muerta sin un mugido, muerta sin un bramido,

muerta sin ser perseguida

por esa pradera florida de estrellas?

 

Ahí la tenéis yaciendo en mitad del cielo.

 

Tendida está la piel

sobre la caja de resonancia del viento

que esculpen los espíritus del sueño.

 

Y el tambor está listo

mientras se coronan de gladiolos

los cuernos del becerro liberado

que brinca

y pace en la yerba de las colinas.

 

Resonó,

y sus conjuros se volverán sueños

hasta el momento en que la vaca negra resucite,

blanca y rosa,

ante un río de luz.

 

 

 

17

 

 

 

El vidriero negro

cuyas pupilas sin nombre nadie ha visto jamás

y en cuyos hombros nadie se ha alzado aún,

el esclavo aquel recubierto de perlas de cristalería,

robusto como Atlas

cargando los siete cielos en la cabeza,

parece que el río múltiple de las nubes se lo va a llevar,

el río que ya moja su lamba.

 

Mil y un pedazos de cristal

caen de sus manos

pero rebotan en su frente

herida por las montañas

donde nacen los vientos.

 

Y asistes a su suplicio cotidiano

y a su labor sin fin;

asustes a su agonía fulminante

en cuanto resuenan en las murallas del Este

las conchas marinas;

pero ya no experimentas piedad por él

y ni recuerdas que su sufrimiento recomienza

cada vez que naufraga el sol.

 

 

 

Jean-Joseph Rabéarivelo

 

En Antología de la nueva poesía negra y malgache en lengua francesa de Léopold Sédar Senghor.

 

Traducción y notas de Martha Asunción Alonso

 

Ultramarinos editorial

 

 

 

 

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miércoles, 9 de marzo de 2022

FRAGMENTO DE ORFEO NEGRO DE JEAN-PAUL SARTRE EN ANTOLOGÍA DE LA NUEVA POESÍA NEGRA Y MALGACHE EN LENGUA FRANCESA DE LÉOPOLD SÉDAR SENGHOR

 


 

 

 

La reacción del hablador al fracaso de la prosa es, en efecto, lo que Bataille denomina «el holocausto de las palabras». Mientras podamos creer que una armonía preestablecida rige las relaciones del verbo y el Ser, usamos palabras sin necesidad de verlas, con una confianza ciega. Son órganos sensoriales: bocas, manos, ventanas abiertas al mundo. Al primer fracaso, toda esta palabrería se desmorona y queda fuera de nuestro alcance; y pasamos a ser capaces de ver el sistema entero: ya no es más que un mecanismo escacharrado, destruido, que aún agita los brazos para indicar en el vacío. Somos conscientes de golpe de la locura que supone la empresa de nombrar; entendemos que el lenguaje es prosa en esencia y que la prosa, por esencia, es fracaso; se alza el ser ante nosotros como una torre de silencio y, si tratamos una última vez de asirlo, descubrimos que no queda más alternativa que el silencio: «evocar, entre sombras de urgencia, el objeto acallado por alusivas palabras, nunca directas, reducidas al silencio igual». * Nadie lo ha explicado mejor: la poesía es como el ilusionista que intenta sugerir el ser en y a través de la palpitante desaparición de las palabras, el poeta nos hace sospechar, más allá del tumulto que en sí mismo se anula, la enorme densidad del silencio; puesto que no podemos callarnos, es necesario crear silencio con el lenguaje. Desde Mallarmé a los surrealistas, el objetivo último de la poesía francesa tiene que ver, a mi modo de ver, con esta autodestrucción del lenguaje. El poema es una cámara oscura donde las palabras dan vueltas entrechocando, enajenadas. Colisionan al vuelo: se encienden mutuamente, se incendian y vuelven a caer en llamas.

 

 

 

Jean-Paul Sartre

Orfeo Negro

 

En Antología de la nueva poesía negra y malgache en lengua francesa de Léopold Sédar Senghor.

 

Traducción y notas de Martha Asunción Alonso

 

Ultramarinos editorial