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lunes, 19 de octubre de 2026

UN POEMA DE SVETLANA CARSTEAN EN SOY OTRA

 






corro el peligro

de aprender

que después de todo viene otra cosa

y también alguien más

que después de cada piloto que se niega

a destruir un objetivo

siempre habrá otro

que acepte hacerlo


arriba está el cielo

abajo el objetivo

niños felices en el recreo

en alguna escuela del Líbano

el piloto nunca los ve en detalle

hay tantos detalles que observar en una persona viva

la mañana del ataque

ni siquiera nos dará tiempo a despertar del todo




Svetlana Cârstean

Soy otra


Traducción de Corina Oproae


Visor


miércoles, 30 de septiembre de 2026

NO PODEMOS JUZGAR LA REALIDAD CON SENTIDO COMÚN UN POEMA DE ÁNGELA MARINESCU EN ME COMO LOS VERSOS

 





| No podemos juzgar la realidad con sentido común



cuando quemas una flor roja entre las piernas se acerca la muerte

te ahogas y vomitas

el miedo a la poesía de la vejez

sobre jardines degradados,

un réptil que te deja sin aliento,

lo sorprendo que me agota con un descaro de una feminidad

[masculina

su vejez es como un trapo que usas tras

un acto homosexual

un trapo contorsionista como la ropa

un trapo que tiras sobre el ano

debilitado por la sangre de las lesbianas

las rubias inmóviles de ojos azules

se besan con las morenas deslumbrantes

justo sobre sus pubis afeitados con la cuchilla

de la maquinilla de afeitar de los hombres

no penséis que si beso las manos de alex

o las manos largas y delgadas

de mi amiga por un instante

solo siento placer

el rincón geométrico de la casa de Antonioni

la cama demasiado grande que atrae como un imán

del silencio sexual

donde se practica el gesto violento de la autodestrucción

sobre una superficie cada vez más grande

el gesto de arrancar la mano que excita el cerebro

y luego escribe

una soledad humilde

y definitiva

en la oscuridad de la noche.




Ángela Marinescu

Me como los versos


Selección, prólogo y traducción de Corina Oproae


Godall Ediciones


jueves, 11 de junio de 2026

CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA DE CORINA OPROAE

 






CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA






con Silvia Goldman



ELIGES un lugar del bosque


lo haces antes de comenzar

a pensar el poema


imaginas el bosque

hasta que los árboles

con sus raíces y troncos y ramas

se vuelven reales

hasta que nada en él

es imaginado


alargas el camino hacia el lugar

como si masticaras flores blancas

de acacia

memorias de lo real

que miras con ojos desorbitados

en tus pesadillas


sabes que el bosque existe

así que te detienes y lo contemplas

mientras subes la colina

con ese broche incandescente

que llamamos sol

en la base del cráneo


sientes la temperatura del cuerpo

en ascenso

tu estado de agregación

en peligro


respiras hondo

y echas a correr

hasta que tu mano toca

el primer árbol


crees que ha llegado el momento

de comenzar a pensar el poema

pero él se te muestra ya a medio hacer


(la tumba que has venido a cavar

busca alrededor su pedazo de tierra)


el poema

se ha estado pensando

desde el instante en que elegiste


el lugar del bosque

ahora se muestra impaciente

busca el camino hacia el sentido

cobra forma y su voz retumba clara

como un grito en una sala de disección


dice

un padre es un padre


y tú asientes

y dices


sí este poema es sobre un padre


sí este poema es sobre una tumba

donde enterrar el cuerpo de un padre


y mientras pronuncias la frase

brota un padre en cada árbol que miras

y se abraza al tronco

y tú puedes alargar la mano

y tocarlo


(por poco que intervengas

la tumba se cavará en el lugar adecuado

y en el tono adecuado)


el padre se desvanece

como un muñeco de nieve

el poema tirita de frío

es un paciente sedado

en un quirófano

que repite en voz alta


un padre es un padre


un padre es un padre


y su voz mece a una hija

que escribe un poema que es una tumba en un bosque


sincronizas tu voz

con el poema y dices


un padre que abraza a un árbol es un padre

un padre que se derrite como la nieve mientras abraza

a un árbol es un padre

un padre que escarba la tierra como un ciervo es un padre


y comprendes

que no es el padre ni la nieve ni el ciervo

quien acude al poema

que es el poema mismo

quien decide

cuándo el padre desaparece

cuándo la nieve se derrite

o si el ciervo asoma


que es el poema mismo el que hace

que las astas atraviesen los nombres

o que tan solo claven su punta en la vocal

de algún pronombre que agoniza


(no hay ni lugar ni tono adecuado

y la tumba se cava a sí misma en el único lugar posible)


como si quisieras demostrar que confías

en lo que el poema sugiere

te preparas por si el ciervo regresa

a patear las consonantes que cubren

la piedra y el musgo de la desmemoria


el poema encuentra su coherencia

y tú entras en este mismo verso

a hurtadillas

deslizas en la mano de esa hija

siempre extraviada en el bosque

el puñado de tierra que llevas contigo a todas partes

y escuchas cómo lo arroja

sobre el cuerpo del padre y murmura


este poema es una tumba


este poema es una tumba


este poema es una tumba




Corina Oproae

Cómo enterrar al padre en un poema


Tusquets


jueves, 11 de septiembre de 2025

CUENTA II DEL ÁBACO DE LA PÉRDIDA DE SHOLEH WOLPÉ

 





CUENTA II



Altas, rígidas, afiladas.

Intenta llegar al otro lado

a pesar de las espinas salvajes.


Nosotros, que marchamos de casa adolescentes,

niños que cruzamos fronteras y fuimos despedazados

por mil lenguas dentadas,

nosotros, que llevamos heridas que florecen

bajo la piel cicatrizada,

¿en quiénes nos hemos convertido?


Me pregunto si casa

será mi fantasma,

si llevará mi ropa interior

guardada en la antigua cómoda

que compré hace veinte años,

si habrá anidado en mi blusa colgada

en una percha que no me atrevo a tirar.

Acaso esté extraviada entre filas de libros

ordenados alfabéticamente en un idioma

en el que no nací. O aquí, en el borde

de esta taza desportillada

que mi último amor olvidó.


Llevo semillas en la boca. Planto

cúrcuma, cardamomo y diminutos

pepinos aromáticos en el jardín.

Los riego con la lluvia que arranco

de las canciones de la abuela.

Crecerán, lo sé, por encima

de las murallas de espinos.

Se abrirán paso, ilesos.


Me fui de casa a los trece.

No había vivido lo suficiente como para saber

no amar.

Casa era el mar Caspio, los bazares bulliciosos,

el aroma del kebab y el arroz, los almuerzos

de los viernes, los picnics junto a los arroyos.

Nunca quise irme tan lejos.


Dijeron: Vuelve

y morirás.


El exilio es una maleta con el asa rota.

Lleno cien cuadernos de garabatos,

los arrojo al fuego y vuelvo a empezar,

esta vez me tatúo las palabras en la frente,

esta vez escribo solo para no olvidar.


La complacencia se contagia como un catarro.

Nado a contracorriente para dejar mis huevos púrpura.


Dicen: Saca sustento de esta tierra,

pero mira cómo cuelgan mis frutos en espiral

y huelen a cuadernos viejos y a encaje.


¿Qué es un árbol trasplantado

sino un ser en el tiempo,

resignado a la adopción?


Los espíritus apremian, los espíritus se van,

lloran y se lamentan en la puerta del templo,

donde pendo al borde de un abismo.

Tal vez los espíritus solo acuden en el exilio.


Pero incluso esto es una ilusión.




Sholeh Wolpé

Ábaco de la pérdida

Memorias en verso


Traducción de Corina Oproae


Visor