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miércoles, 12 de agosto de 2026

NUEVA GÉNESIS UN POEMA DE MARKEL HERNÁNDEZ EN RESTOS ARQUEOLÓGICOS

 






NUEVA GÉNESIS



En el final, Dios miró todo

lo que había hecho y vio

que era malo.


Al hombre y a la mujer creados a su semejanza,

reyes de las bestias que poblaban la Tierra,

los privó de alimento y reproducción.

Y pasó la tarde y llegó la mañana.

Así se cumplió el primer día.


Entonces Dios dijo: Que las aguas se colmen

de azufre y los cielos de venenos.

Así que falleció la vida marina y aérea.


Se cumplió el segundo día.

Que se apaguen las luces que separan

el día de la noche.

Y eso fue lo que sucedió:

el estallido de la estrella, el satélite lunar,

las estaciones, los días, los años

el tiempo.


Al cuarto día, el uranio abortó las semillas

y la vegetación, Dios inundó la tierra seca;

al quinto, reunió las aguas del cielo.


En el sexto, vio la luz cruel.

Luego sumió al mundo en las tinieblas

de las que lo había creado.


En el séptimo día de la destrucción

Dios descansó y se fue

con la idea de haber obrado algún milagro.




Markel Hernández

Restos arqueológicos


Isla Elefante


miércoles, 24 de junio de 2026

UN FRAGMENTO DE PASAN COSAS BELLÍSIMAS DE LAURA RAMOS

 





10



DESDE BABEL, siete mil cien lenguas tratan de desvelar el nombre exacto de las cosas. El cómputo es aproximado; a los seres bípedos les gustan las certezas. Matematizarlo todo. Eso explica los pinceles. Es una cosa curiosa que unas seis mil trescientas noventa sean habladas por apenas cien mil hablantes, o menos. Hay lenguas mamut y lenguas horquilla. La palabra horquilla es una cosa curiosísima, también. Y la palabra mamut. Esta es la palabra mamut en otras lenguas: mamont, mammoth, maimatha, mamaihh. Esta es la palabra horquilla en otras lenguas: çangal, rab rawag, kāntā, forc. Es exactamente a esto a lo que me refiero cuando digo que hay leguas mamut y lenguas horquilla. Las lenguas se dividen antropocéntricamente, en familias. Es una cuestión que descubrieron comparando el canto rodado de una vasija. Algunas vasijas se resbalaron en las manos de los lingüistas. De ahí viene también la palabra cacho. Existen unas diecisiete que se van ramificando como un eucalipto asolando la tierra. La composición de la tierra varía tanto como la composición del idioma. Desde Babel, exactamente, hasta este momento; me gusta hacer énfasis crónico (crónico y cronológico significan prácticamente lo mismo). O tal vez en este momento haya más familias. O tal vez en este momento haya más divorcios. Esta estadística no es diferente al terreno que nos ocupa; de las familias a veces surgen lenguajes nuevos. Mueren otros. La clasificación de lenguajes propicios para el amor contempla un millar de subgrupos. Yo hablé unos cuantos en su momento. Ahora soy bilingüe pasiva. En Luque, las gentes hablan guaraní. El guaraní es una lengua de la familia macro-tupí; una lengua mamut en el XVI, una lengua horquilla en el XXI. Es prácticamente imposible saber cuándo se originó, cuántos cientos de años han ido resbalando los fonemas nasales extrañísimos (plana, labializada, palatalizada); ni tan siquiera puedo escucharlos con mis tímpanos. Pensaba en tu garganta como la estructura exacta de un andamio. Yo solo tengo ojos jesuitas en el asunto. Cuando me cuentas que ibas al colegio enganchado en unos asideros peligrosísimos sacando la cabeza, el cuerpo entero, por la puerta del autobús. Y cerebro jesuita. Cuando me hablas de la basura quemada y el coche gigante que te regalaron por Navidad. Y boca jesuita. Cuando me miras me dices rohayhu. Me gustaría tener tímpanos para verte. Estoy condenada a verte con los ojos. Repites: ha chembopy’aguapy. Me pides que lo pronuncie. Pero yo no tengo andamios en la garganta. Yo no puedo. Hablar esa lengua con la que nombras los matices cítricos de tu infancia.


(ANTES DE QUE COMENZARA EL RELATO DEL AGUA, dos personas se sentaron en el borde del océano).


―Por mucho que lo quieras, el agua ha de mantenerse siempre contenida entre los límites de un pozo cavado en la superficie de la tierra. Lo único que hemos hecho los humanos ha sido aplicar la mímesis y ponerle un contorno, sacar los agujeros como si arrancásemos de la huerta tubérculos preciosos de patata. Una diosa controla la materia. Este es el borde del océano.


―¿Me has traído aquí, poeta, para escribir mi silencio sobre el agua?




Laura Ramos

Pasan cosas bellísimas


Isla Elefante


jueves, 18 de junio de 2026

LOS CUERPOS DE LAS MADRES, LITERATURA UNIVERSAL Y EL OFICIO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO DE MARTHA ASUNCIÓN ALONSO

 






LOS CUERPOS DE LAS MADRES



I



Hace algunos inviernos

los cuerpos de las madres se resbalaron en la nieve.

Se rompieron las muñecas. Soldaron mal

los huesos. Ahora toman las tazas

como si fueran cálices

y se masajean inconscientes la cicatriz

viendo la televisión

a ajustan el volumen

del audífono

según duelan los nombres de otras

en la radio.


Hace algunos inviernos que a los cuerpos de las madres

les sacaron el útero.

Nos vaciaron, dicen ellas.

Como si en la matriz cupieran almas.

Ahora se masajean los vientres en el sofá.

Mientras leen asesinos

en el Kindle y suspiran: Lo peor

será este invierno.



II



Los cuerpos de las madres parieron

crías hurañas

como gatas de muelle.


Nos buscan insistentes respuestas y mejillas.


A punto del desgarro,

nuestros cuerpos les reprochan

tener manos muy frías y se encogen

de hombros: Dando una vuelta

o

Por ahí.



―――――――――――



LITERATURA UNIVERSAL



El primer hijo

de la mujer debe enseñarme

cómo se pare en hospitales públicos de gestión privada

ha cumplido hace poco treinta años

sin presión positiva continua

en las vías respiratorias.


Su madre

se acuclilla junto a mi pelota de pilates

que se deshincha un verso más a la vista de nadie y

sollozamos

juntas, sin que el aire sospeche,

por la férrea salud

de la literatura universal.



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EL OFICIO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO



Nadie causa mayores daños a la Iglesia católica

que las parteras

Los inquisidores KRÄMER & SPRENGER



Ya verás. Cuando en tus manos tomes

sus diminutas manos nuevas

dejará de doler.

Te olvidarás de todo lo demás.


Debo de estar mal hecha: aún puede dolerme

y no me olvido.


Y a la memoria verde de aquel daño

le debo este poder de agradecer, además de las suyas,

todas y cada una de las manos hermanas

que tomaron las mías

la noche en que aquel rayo me dividió por la mitad.


Sus dueñas respondían a los nombres de Katia,

Magdalena, Saray.


Las balsámicas hijas de Artemisa.


Tomadoras de manos.


El auténtico oficio más antiguo del mundo.




Martha Asunción Alonso

Literatura Universal


Isla Elefante


martes, 14 de abril de 2026

HIJO UN POEMA DE MIGUEL MARTÍNEZ EN HERMANO PULPO

 






HIJO




A mi padre últimamente

no van a visitarle las palabras,

los nombres de las ciudades están de vacaciones

en Londres, en Manila o en El Cairo.

Las actrices de su infancia son impuntuales,

los presidentes de gobierno

tienen guerras y cócteles urgentes,

los escritores metáforas que alimentar.


Hasta las palabras sencillas le ponen pegas:

«Ya iré después si tengo tiempo»,

le dijo una sartén el otro día.

Otras le dan plantón definitivo

y se marchan en tren a otro cerebro

porque siguen naciendo muchos niños

que también necesitan su palabra aguacate,

su palabra cuchillo,

su palabra insignificancia.


Pero mi padre las convoca

como quien llama al perro viejo y sordo

que apenas le hace caso.

Y siempre me dice lo mismo:

«No me la digas, hijo.

Espera, que en seguida viene».


Entonces yo recuerdo aquellos tiempos

en que él sacaba del sombrero

una bifurcación, un paradigma,

una epifanía, un estegosaurio…

Palabras relucientes

que yo jamás había oído

y que me tragaba muy rápido

como el leopardo joven

que devora impaciente su gacela.


Pero hoy, en el muelle de esta noche injusta,

frente a un cielo donde tililan

hipócritas y azules sus neuronas,

mi padre y yo de pie

contemplamos despacio cómo llegan

las palabras en barcos a lo lejos.

Y yo no digo nada, solo temo

el momento ridículo y concreto

en que llegue por última vez

al viejo embarcadero de su boca

la palabra hijo.




Miguel Martínez

Hermano pulpo


Isla Elefante