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jueves, 28 de mayo de 2026

LOS ÁNGELES DE EDUARDO MOGA EN POEMAS ENUMERATIVOS






[LOS ÁNGELES...]



Los ángeles colman de claridad a los ciegos.

Los ángeles arrojan los cabos a los que se sujetan los náufragos y los desfallecidos.

Los ángeles desarrollan algoritmos para pesar la luz.

Los ángeles observan el entramado de la perversidad y lo destejen con las alas.

Los ángeles son altos como la hierba e inmortales como los amaneceres.

Los ángeles asedian el país de la sinrazón para conquistarlo con las huestes de la misericordia.

Los ángeles enlucen de insumisión los rostros enlutados de los humildes y embrean de lascivia los labios lívidos de los analfabetos.

Los ángeles presentan batalla a la nada y la derrotan por incomparecencia.

Los ángeles se resarcen de la inmovilidad enseñando a volar a los pájaros.

Los ángeles llamean sin fuego.

Si quiero que los ángeles vengan en mi ayuda, solo he de tararear el Concierto para oboe en re menor, opus 9, número 2 de Tomaso Albinoni.

Los ángeles propician que se besen los sexos, se anuden las lenguas y se arracimen las sangres.

Los ángeles se examinan de matemáticas para no tener que conjugar el verbo «morir».

Los ángeles no se dejan intimar por los bienpensantes.

Los ángeles estrangulan a las hormigas y los fantasmas.

Los ángeles desmontan la maquinaria de la crueldad y revelan sus mecanismos a una grey de pordioseros y enajenados.

Los ángeles desvían los rayos negros del tiempo y se entregan a la oscuridad radiante del ahora.

Los ángeles solo se extralimitan cuando aman.

Los ángeles cosen los botones de los muertos para que los vivos vayan desnudos.

Los ángeles no se apartan cuando las cosas echan a andar, ni se guarecen cuando graniza.

Los ángeles copulan con el vigor de los espectros y el encarnizamiento de los sauces.

Los ángeles carecen de documento nacional de identidad.

Los ángeles destierran a los verdugos a donde nunca más puedan volver a atarse los zapatos.

La intemperie es el hogar de los ángeles.

Los ángeles liban el néctar de las piedras y burlan la perfidia de los escualos.

Los ángeles amamantan a los hijos.

Los ángeles combaten la soledad como si la soledad no existiera.

Los ángeles renuncian a agonizar.

Los ángeles son puros como el acero y despiadados como la noche.

Los ángeles susurran luz cuando cerramos los ojos.

Los ángeles dicen verdades como si crecieran pámpanos.

Los ángeles asordinan el fragor de la tormenta con el frufrú de sus túnicas.

Los ángeles no adoctrinan.

Los ángeles no dan cuartel.

Los ángeles no piden cuartel.

Los ángeles no lloran.

Los ángeles huyen de la vileza como los abejarucos de los espinos.

Los ángeles derraman lágrimas como azudes, porque la bondad es dolorosa.

Los ángeles andan desnudos por casa, no vaya a ser que los descubran indecorosamente vestidos.

Los ángeles duermen de lado para que no se les arrugen las alas.

Los ángeles no tienen alas.

Los ángeles cuentan con los pies y bailan con las manos.

Los ángeles, cuando están lejos, nunca llaman a cobro revertido.

Los ángeles derogan las leyes que les disgustan y las sustituyen por hogazas de pan.

Los ángeles siempre recuerdan a quienes hemos olvidado, y a nosotros cuando nos han olvidado.

Los ángeles se quitan el reloj, lo dejan en la mesa cuando se sientan a escribir y ya no vuelven a ponérselo.

Los ángeles gastan zapatos de jade y perfumes de incendio.

Los ángeles nunca gritan: se limitan a respirar.

Los ángeles estrechan la mano de los forajidos y los perturbados.

Los ángeles reciben la ayuda de los martirizados y los perros.

Los ángeles llaman a la puerta como si pidiesen perdón, pero entran en todas partes como si hubiesen descubierto un océano.

Los ángeles no huelen.

Los ángeles no aspiran a la eternidad.

Los ángeles tienen pechos de trementina y hoguera.

Los ángeles nunca se echan la siesta a la sombra de árboles que no den fruto.

Cuando ven cuadros de Vermeer, los ángeles se sienten en casa.

Los ángeles son hijos de otros ángeles que nacieron después de ellos.

Los ángeles toman nota sin descanso de cuanto pueda esclarecer su estirpe y su porvenir.

Los ángeles levantan tabiques para que los ruidos del mundo no perturben el sueño de los bienaventurados.

Los ángeles padecen la lepra y la indignidad.

Los ángeles no reaccionan a la presencia de los rufianes, pero sudan cuando sienten llegar la madrugada.

Los ángeles solo encuentran consuelo en la incertidumbre.

Los ángeles huelen a trigo candeal.

Si los conminan a deponer su actitud, los ángeles se mueren de risa.

Los ángeles son pararrayos sin rayos.

Los ángeles no saben contabilidad. (Tampoco astronomía).

Los ángeles escriben poemas en idiomas que desconocen.

Los ángeles sacan punta con los dientes que no tienen a los lápices con los que escriben poemas en idiomas que desconocen.

Los ángeles se entristecen cuando se canta victoria, cuando se firma una escritura notarial, cuando se tiene razón.

Los ángeles incoan pájaros.

Los ángeles solo acuden a juicio si quien los convoca está desnudo.

Los ángeles combaten la aflicción persuadiéndose de que lo que la causa no existe; cuando no funciona, se convencen de que ellos tampoco existen.

Los ángeles fingen creer en Dios, pero saben que no existe.

Ningún ángel ha hecho nunca el servicio militar.

Los ángeles sueñan, pero jamás se despiertan.

Los ángeles eyaculan pan y piedad.

Los ángeles menstrúan.

Los ángeles añoran al diablo que fueron antes de ser ángeles.

Los ángeles se alborotan siempre que una serpiente repta aun pupitre, pero acaban invitándola a merendar.

Los ángeles vuelan como alondras, pero no saben por qué, ni dónde, ni desde cuándo.

Los ángeles atormentan al desamparo y desguazan la injusticia.

La transparencia es a los ángeles lo que la velocidad a los barcos.

Los ángeles cultivan zarzas que dan miel.

Los ángeles se enfurecen cuando alguien muere; también cuando nace.

Los ángeles no se amilanan ante quienes esgrimen la maledicencia o practican la barbarie.

Los ángeles no conciben otro límite que lo infinito ni más pasión que lo inmediato.

Los ángeles persiguen a los ladrones como si les hubieran robado los ojos.

Los ángeles, cuando tropiezan, no caen.

Los ángeles, cuando caen, se adentran en el suelo.

Los ángeles destruyen lo que la abominación ha construido.

Los ángeles escupen al fascismo.

Los ángeles se lavan los dientes con relámpagos.

Los ángeles regalan tibieza a quien no tiene piel.

Los ángeles bailan con san Juan de la Cruz.

Los ángeles no necesitan leer el manual de instrucciones para abrazar.

Hay ángeles tontos; los de la guarda son los más tontos de todos.

Los ángeles navegan por las aguas del firmamento.

Los ángeles nunca se olvidan las llaves ni las gafas: solo que les hacen.

Los ángeles desayunan ambrosía y silencio.

Los ángeles tosen sombras.

Para lamentarse, los ángeles esperan a que nadie los oiga.

Los ángeles no se pasan la noche en vela para no despertar a nadie con sus aleteos.

Los ángeles miran al microscopio como si analizaran los bordes irrestañables de una herida.

Los ángeles leen novelas, pero nunca van a la ópera.

¿Qué ángel ha derribado nunca una flor?

Los ángeles practican la templanza, pero también la impureza.

Los ángeles pasean por el campo, aunque no tengan pies, aunque no haya campo.

Los ángeles desaprueban la grosería y el ensañamiento.

Los ángeles beben cinco litros de agua al día.

Los ángeles felan.

Los ángeles se congratulan cuando un esclavo destripa a su amo o una puta castra al chulo que la embrutece.

Los ángeles rehúyen el agua frío y los pantalones ajustados.

Los ángeles no hacen testamento, porque solo poseen el cielo.

Los ángeles nunca comen sin mantel de tela.

Los ángeles se suben a los árboles como si no tuviesen copa y pudiesen seguir escalando hasta las raíces.

Los ángeles aúllan en lugar de reír.

Para los ángeles, leer un poema es como mirarse al espejo.

Los ángeles resuelven los análisis sintácticos con sextante y cartabón.

Los ángeles se comen las cerezas con hueso.

Los ángeles solo tienen hijos varones.

A los ángeles les ofende tanto la pobreza como la inelegancia.

Los ángeles son los poetas del más allá.

Los ángeles expurgan la maldad y espulgan la concordia.

La casa de los ángeles es la transparencia.

Los huesos de los ángeles son de viento.

Los ángeles desmantelan las habitaciones del resentimiento con los aparejos de la inocencia.

Los ángeles se aventuran por los peores barrios solo si los acompaña alguien sin mácula: un borracho o un ajusticiado.

Los ángeles leen a Saint-John Perse con la esperanza de rehacer el mundo; y también a María Zambrano, con la de rehacer la inteligencia.

Los ángeles se psicoanalizan.

Los ángeles nacen a contraluz, silban a contrapelo, reman a contrapié.

Los ángeles agotan resmas de papel para escribir un microrelato.

Los ángeles exudan resina en la que quedan atrapados otros ángeles.

Los ángeles hacen la compra una vez al milenio.

Los ángeles se duermen siempre ante el televisor.

Walt Whitman era un ángel.

Nada consideran innoble los ángeles: juzgan legítimo todo lo existente, aun lo faltal.

Los ángeles nunca corren las cortinas, porque no les importa que los vean haciendo el amor. (Es más, les gusta).

Los ángeles se van de montería por dehesas ilimitadas.

Los ángeles solo leen libros escritos con sangre.

Los ángeles siempre quedan a tresmano.

Los ángeles son mortales.

Los ángeles no mueren.

Los ángeles aman.


[Poema II de Tú no moriras, 2021]




Eduardo Moga

Poemas enumerativos


Olifante


 

miércoles, 6 de mayo de 2026

CUATRO FRAGMENTOS DE ESPECTRAL DE ÁNGEL GUINDA

 






LO QUE NO ESTÁ EXISTE, yo lo he visto. Como la blanca espuela en polvo de las redadas. Para ser poesía la palabra pasó por otros mundos. ¿Estoy iluminado por un soplo de azar, un pantocrátor? ¡Toda semilla es una pregunta! ¡No elegiré, me quedaré con nada! Es espejismo me mira de reojo: mi rastro está grabado en las arenas. ¿Y el tiempo?: sumergido en Venecia, cosida a puentes sobre calles de agua. Agazaparse es no vivir en el escaparate, es tejer clandestinamente un mundo que orbita en nuestro último interior, negra obsidiana que no ve otra luz que las brasas del núcleo. Somos cautivos de lo que vivimos. ¡La máxima clausura es la obsesión!



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EL DÍA, aún sin ti, era un monocromo blanco de de Piero Manzoni. La noche, ya contigo, es un Lucio Fontana. A través de sus tajos y de sus agujeros veo el prodigio del detrás de todo, la poesía como forma de desconocimiento: ¡lo nuevo en bruto, único, vivo, descubierto!



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¿QUÉ JAURÍA DE NUBES cachea los sótanos del cielo? ¿Qué restallar de rayos dispersa el motón de los truenos? Pasean por el aire las sombras de mis padres en busca de una sombra con mi nombre.



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EL PALADAR DE LA MAÑANA sobrevuela fardos de humo, niños de niebla, colegios de nieblas, obreros de niebla. En medio del estrépito y los embrollos de la ciudad nublada avanzas como un bulto blanco entre antorchas de prisa, flashes imantados, edificios en gritos, interferencias del ruido en movimiento. ¡Flota la vida sobre vapor de sangre!




Ángel Guinda

Espectral


Olifante


lunes, 2 de marzo de 2026

EL VACÍO UN POEMA DE ÁNGELA SERNA EN ESE LUGAR LLAMADO NUNCA

 







EL VACÍO...



Lo que le da su valor a una taza de barro

es el espacio vacío que hay entre sus paredes.

Lao-Tsé



Dormimos

en el vacío,

nos sentamos

en el vacío,

nos besamos

en el único punto sólido

que nos concede la vida:

una boca que toco, toco

tu boca, en la que olvidarnos.

Y así hasta que la Parca descubra

detrás de qué átomo nos amamos.


(La luz no alumbrará ese momento).


El don

es saber que somos aire. (Vacío).

Al aire lo que es del aire.


Y agua. (Vacío).

Ríos a veces estancados, malolientes.

Ríos que van a dar a la mar.


¿Lo demás?


Un lugar donde, tal vez,

sea posible otra realidad.

Aquí, la probabilidad.

Esa dimensión en la que

una pértiga es una pértiga

como una rosa es (no siempre)

una rosa. Y dónde tú y yo,

tú y yo. Y acaso el amor.


El don es

saber que nacemos marcados

por heridas que no nos pertenecen.


¿O sí?


Por culpas que apenas cicatrizan:

palabras cuchillos que se superponen

a otros líquidos pestilentes.


El don es saber

que somos extorsionados por

el remordimiento que nos habita.


¡Todo tierra!


Y que este vacío que somos

podría redimirnos.


¡O tal vez no!


(...MARCA INDELEBLE DEL UNIVERSO)




Ángela Serna

Ese lugar llamado Nunca


Olifante


miércoles, 28 de enero de 2026

PICÓ EL CABALLO AL JOVEN VOLADOR UN POEMA DE ÁNGEL GUINDA EN VIDA ÁVIDA






PICÓ EL CABALLO AL JOVEN VOLADOR




Qué hermoso caballo de jinete gito.

Espuma de hélice boca mina su sangre

―navegación nube, nieve sin cima, desierto

verde sobre flores amarillas, hombres pétalos,

vigas contorneándose ante sus ojos sin órbita,

perforación música de endurecidos tímpanos.

¿Tal vibradora abandonante calma inquieta

su extático sueño circular; diluvio

de estrellas azules, palomas de papel,

rubios rizados cabellos salvajes tirando de cometas?

¿Acaso el aire sea ola tul semoviente?

Roto el tiempo en insolación sublime

senil gritó la sombra luz sin bridas:

¡Fuera tan vil ciudad farmacia de guardia!

Automóviles, grúas, aplastaron su hípica.

Héroe sin heroína, timón sin timonel,

aferrado a rejas no de espigas, contempla

devorada su cuadra por un mundo asnal.

au´q manso jinete en desbocado potro.

...Yegua vida, ¿será tu siempre danza burda ráfaga de coces?




Ángel Guinda

“Vida Ávida”


Olifante


 

jueves, 15 de enero de 2026

ENTREVISTA A MÍ MISMO DE ÁNGEL GUINDA EN POEMAS PARA LOS DEMÁS

 





ENTREVISTA A MÍ MISMO




¿Quién ha sido Ángel Guinda?

Un poeta perfectamente inútil

que defendió la poesía útil.


¿Qué sabe de Ángel Guinda?

Perdía la razón por las mujeres,

el vodka con naranja y el gintónic.


¿Cómo era Ángel Guinda?

Vitalista y alegre. O pesimista,

triste. Frágil, activo, generoso.


¿De qué era partidario Ángel Guinda?

Del placer, de la paz, de la felicidad:

es decir, de poner patas arriba el mundo.


¿Pasiones de Ángel Guinda?

El rock, el rap, el fútbol y los toros,

los cementerios, la velocidad.


¿Los vicios de Ángel Guinda?

El tabaco y el sexo, el hachís y el alcohol,

el café y estallarse el corazón.


¿Qué amó y odió Ángel Guinda?

Amó la luz y el imposible. Odió

las dictaduras y a los pusilánimes.


¿Dónde acaba Ángel Guinda?

Cerca del horizonte, donde sigue la vida.

Donde empieza el Moncayo, allá, en Trasmoz.




Ángel Guida

Poemas para los demás


Olifante



miércoles, 30 de julio de 2025

CLARO INTERIOR DE ÁNGEL GUINDA






CLARO INTERIOR



Vendrá la muerte y no tendrá tus ojos,

esa muerte que separa.

¡He recibido tanto de la vida!

Como la piedra el deslumbramiento,

como la orilla lo desconocido.

Te reconozco, trance de esta hora.

Te he conocido desde que nací.

Tienes los ojos de la lejanía,

la almendra amarga de la soledad.

El cielo es grande porque nos contempla.

Me fatiga subir a la montaña

para aplacar mi sed de infinito

y atar las llamas del amanecer.

Me hace temblar la tralla del relámpago

apedreado por la realidad.

Sólo tú haces que yo siga vivo.

Eres la puerta que esperó mi llave:

cuando la abra, ¿qué me encontraré?

El tiempo es una sombra que todo se lo traga.

Y el espacio, la inmensa transparencia

que no me deja ver la intensidad

de este instante después de haber vivido-

Después de haber vivido, ¿cómo vivir ya más

si he dado incluso lo que no tenía?

Del aire vive el aire; y la luz,

de la luz que lleva dentro;

agua es el agua de la nube, río, mar.

Y aunque la vida siempre para la muerte vive,

y nada más que muerte hay en la muerte,

en la noche más noche brillan más las estrellas.

¿Qué miro que no veo sino al fondo

del miedo y del misterio?

Todo está claro ya en mi interior.




Ángel Guinda

Claro interior


Olifante


 

lunes, 21 de julio de 2025

NOCHE ADENTRO NOCHE INSOMNE DOS POEMAS DE CATEDRAL DE LA NOCHE DE ÁNGEL GUINDA

 






NOCHE ADENTRO



Una chispa expandió su inmensidad,

tras despulparse se pobló el vacío.

Rodaron las esferas, los corpúsculos,

la tiniebla, el clangor.

Lejanía envolvente,

magnolio autista en llamas:

¡cuánto asombro la sombra del abismo!

Como río sin frenos,

como fantasma eréctil,

me arrastras

de no sé dónde: muy hondo,

a no sé dónde: muy lejos.

Trombón enloquecido, el cierzo explora

dando tumbos por los desfiladeros.

Una mueca de escarcha ensangrentada

restalla entre los hombros de los montes,

convierte mallos y árboles en cirios.

La paz es el abrazo entre el día y la noche.

Impávido resuena el bandeneón del mar.



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NOCHE INSOMNE



¿En dónde estoy ―si estoy― siempre perdiéndome?

¿Qué persigue mi afán sin darle alcance?

La pérgola escupe lluvia y fuego

a través de una anémica neblina

que el vendaval arrolla sin conmiseración.

¿De qué serán presagio esas varices de agua

entrebordadas con telarañas de luz?

El perro pastor ata su mirada

cuando suena en los valles la esquila de una pena.

¿Qué pensarán las cumbres de las brujas montañas

tan canosas de nieves y hielos requedados?

¡Están frías las piedras; mis ojos tantean,

detrás del infinito, lo lejano alcanzable!

¿Quién atiza los arcos de la magia y del pánico?

¿Quién lanza tempestades de aire sobre el mar?

¿Quién zarandea el bosque mientras danzan los árboles

y los nidos se inclinan con fervoroso luto?

El torrente desliza murmullos de colores

tachados por las manos enrumbadas del sueño.

¿Quién expira escondido entre los matorrales?

Los pájaros descansan y, encogidas, las rocas

esperan a que el sol rebulla en sus incendios,

ocupen los gusanos las tierras requemadas

y aparten los insectos el velo de las flores.

Todo flota en silencio, alertagado, ¿o reza?




Ángel Guinda

Catedral de la Noche


Epílogo de Manuele Masini


Olifante Ediciones de Poesía


lunes, 12 de mayo de 2025

TRES POEMAS DE CLIC SEGUIDO DE EXCEPTO DE ANTONIO MÉNDEZ RUBIO






SAL, ángel,

de tu lujo de miedo.

Ven al umbral

donde se habla del fin.

Donde se está en lo cierto.

Renace una vez más

aquí, sin mí o

conmigo. Sal

de buena mañana

de cacería.



―――――――――――



DONDE toda abstracción

del terreno de puro

no saber se sabe muy

por debajo de nada

hasta que duele y

cae casi

sí ahí si

fuera todo verdad


pero no entonces



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LA realidad es

que gracias al poema

la claridad se estría aquí

tal óxido que tú

madrugas y te ves

más lejos de ti incluso

que cuando sin

pensar en nadie

te decías

si lo supieras

no lo escribirías




Antonio Méndez Rubio

CLIC seguido de excepto


Olifante Ediciones de Poesía


 

jueves, 27 de marzo de 2025

CARTAS A LA TABERNA DEL PUERTO DE ANTÓN CASTRO EN EL CAZADOR DE ÁNGELES

 






CARTAS A LA TABERNA DEL PUERTO


Para José Luis Melero



He aprendido a vivir en soledad,

para recordarte mejor, en el interior del faro.

Mi vida, cabría decir, recomienza cuando cae la tarde

y llega el primer velo de oscuridad.

En ese instante, con un gozo supremo, enciendo

la luz y me quedo, en lo más alto,

viendo la tralla que gira, su periódica oscilación,

la estela de oro y melancolía sobre la espuma.

Intento, primero, adueñarme de todo; el cielo algodonado

o profundo como un precipicio inverso y negro,

la brisa que invada a su antojo con ráfagas

salobres, los pájaros marinos que despliegan

sus alas antes de hallar refugio en el oleaje.

Aquí y allá, con sus fanales, distingo los botes,

los barcos de pesca, la grandeza inefable

de la noche constelada que se entrega sin sueño.

Ese es un tiempo para mí: de concentración

y de remanso. El faro se desvela por todos

y yo cuento sin prisa los segundos de tu ausencia.


He aprendido a vivir en soledad.

Durante el día veo otro mar, el roquedal,

el lentísimo paso de las embarcaciones,

el cambiante color del horizonte.

Y sencillamente, aprovecho para pintar,

para dibujar aves, la tupida floresta de los recuerdos,

y para hacer lo que más me gusta:

escribirte cartas y arrojarlas al agua

con el deseo de que las recojas y las leas,

allá donde estés: tierra adentro, soñando, caminando

o llamando al amor en una taberna del puerto.

Me imagino que escribes para mí;

«Yo también convoco al amor, desde la taberna,

asomada a los cristales y al desorden de los sentidos.

Con los ojos vidriosos, casi tanto como la lluvia.

De cuando en cuando, salgo al muelle o a la playa

para recoger todos los pedazos que llegan a la orilla

y me ayudan, letra a letra, a reconstruir tu memoria.»


Cuando miro la lejanía, sé bien que un día

un albatros me traerá tu último mensaje.

«Vivo contra el olvido. Y me sobrevivo.»

He aprendido a vivir en soledad

con esa certeza: aún te espero.




Antón Castro

El cazador de ángeles


Olifante Ediciones de Poesía