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miércoles, 29 de mayo de 2024

MIS DOBLES Y OTROS POEMAS DE SIN TIERRA A LA VISTA DE CHARLES SIMIC

 





Mis dobles



Cuando era joven, las mujeres me apartaban en las fiestas

para decirme que les recordaba

a un hermano muerto, o a un antiguo amante

con pequeñas gafas redondas como las mías.

Uno yació en una bañera con las venas cortadas,

otro se fue a dar una vuelta en globo

y no se supo nada de él desde entonces.

Otro tocaba el piano de forma tan hermosa

que los extraños llamaban a su puerta

rogándole que les permitiera entrar para escucharlo.

En cuanto a mí, la última vez que alguien me vio,

estaba en el metro leyendo la Biblia,

negando con la cabeza y riéndome entre dientes.



―――――――――――



Para que lo sepas



Ninguno de estos bastardos acaparadores de dinero

y sus aburridas esposas, flacas como avispas,

tienen un alma que vender, Sr. Diablo.

Tendrías más suerte con sus caniches,

aunque algunos tengan mal genio

y pueden morderte los tobillos.

Sin embargo, si aún estás dispuesto,

esta pareja de ancianos vive en un ático

con vistas a la Estatua de la Libertad.



―――――――――――



En el confinamiento



Podría haberme vuelto loco,

si no hubiera sido por mis recuerdos,

mis compañeros de toda la vida

encerrados conmigo durante meses

deseosos de consolarme


con historias de hombres y mujeres

que se apartaron del mundo

y soportaron años de soledad

y noches oscuras del alma

creciendo en algún agujero en la pared


donde encontraron una larga paz

obedeciendo a una voz en sus cabezas

que les decía que sólo se sentaran en silencio

para que el silencio les mostrase

todo aquello que debían saber.



―――――――――――



El viento ha muerto



Barquito mío,

ten cuidado.


Sin

tierra a la vista.




Charles Simic

Sin tierra a la vista


Traducción de Nieves García Prados


Vaso Roto Poesía


martes, 5 de septiembre de 2023

VIENDO COSAS UN POEMA DE CHARLES SIMIC DE GARABATEANDO EN LA OSCURIDAD

 


 

Viendo cosas

 

 

Llegué aquí en mi juventud,

un diábolo de una sola cuerda.

Vi una calle en el infierno y otra en el paraíso.

Vi una habitación con una luz tan enferma

que podría haber estado usando un bastón.

Vi a un anciano en una sastrería

con alfileres entre los labios mientras se arrodillaba ante una novia.

Vi al presidente jurar sobre la Biblia

mientras la nieve caía a su alrededor.

Vi a un par de amantes besarse en una iglesia vacía

y a un hombre desnudo salir corriendo de un edificio

agitando un arma y sollozando.

Vi a niños llevando máscaras de Halloween

saltando de un tejado a otro al atardecer.

Vi una camioneta llena de perros callejeros que me devolvían la

                                                                                       [mirada.

Vi a una vagabunda reprendiendo a Dios

y a un ciego cantando con una guitarra:

«Oh, Señor, acuérdate de mí,

cuando estas cadenas estén rotas, haz que mi cuerpo sea libre»

 

 

 

Charles Simic

Garabateando en la oscuridad

 

Traducción de Nieves García Prados

 

Vaso Roto 


lunes, 26 de diciembre de 2022

DOS POEMAS DE CHARLES SIMIC EN UNA BODA EN EL INFIERNO

 

 

 

 

COMPAÑÍA CRISTAL MILAGROSO

 

 

Pesado espejo que es cargado

y cruza la calle,

me inclino ante ti

y ante todo lo reflejado en ti,

momentáneamente

y nunca del mismo modo:

 

En esta calle con su cielo rosáceo,

flanqueada por edificios grises

hay un perro solitario,

niños en patines,

una mujer comprando flores,

y alguien que parece perdido.

 

Frente a ti, espejo enmarcado en oro,

que eres cargado al otro lado de la calle

por alguien que ni siquiera puedo ver,

y ante quien también me inclino.

 

 

―――――――――――

 

 

LLEGADA TARDÍA

 

 

Aquí estaba ya el mundo

sereno en su otredad.

Sólo te supuso llegar

en el tren de la tarde

adonde nadie te esperaba.

 

A un pueblo que nadie recordaba

y en el que te perdiste

por su monotonía

mientras buscabas un lugar para quedarte

en el laberinto de calles idénticas.

 

Fue entonces cuando escuchaste,

como si fuera la primera vez,

el sonido de tus propios pasos

al cruzar junto al reloj de la iglesia,

que se detuvo en ese momento al igual que tú hiciste

 

en la esquina entre dos calles

vacías por el calor del sol,

fueron dos destellos de lo eterno

sobre los que reflexionaste

antes de reanudar tu caminata.

 

 

 

Charles Simic

Una boda en el infierno

 

 

Traducción de Nieves García Prados y Javier Gutiérrez Lozano

 

Valparaíso Ediciones


viernes, 13 de marzo de 2020

UN POEMA DE CAUTIVERIO DE NATASHA TRETHEWEY




ACERCA DE LA CAUTIVIDAD

Estando todos desnudos como si fuéramos recién nacidos, procurábamos esconder la desnudez, cuando estos caníbales tomaron [nuestros] libros, arrancaron las hojas y nos entregaron una a cada uno para cubrirnos...
Jonathan Dickinsson, 1699



En manos ahora
de sus captores, aquellos
a los que han llamado salvajes,
¿pronuncian la misma palabra
salvajemente, silbando

esa primera letra,
la imagen de la serpiente
transformando
el pensamiento en discurso?
Para ellos ahora

todo es carne
como si sus pensamientos, hechos
de repente corpóreos,
revelasen incluso más
su desnudez,

su vergüenza:
sus cuerpos rendidos
desnudos como los de los nativos,
vulgares y pálidos,
su sexo ordinario,

el bello ilícito y secreto
que no cubre (no puede)
lo suficiente.
Desnudos como recién nacidos,
así es como son llevados

al conocimiento. Adan y Eva
en el Nuevo Mundo,
sólo tienen la Biblia
para cubrirse. Piensa en ello:
una mujer sujeta frente a ella

la hojas arrancadas del Génesis,
y un hombre se cubre a si mismo
con el frontispicio
del Buen Libro, su propio nombre
está inscrito en la página.



Natasha Trethewey
Thrall (Cautiverio)

Traducción y prólogo de Nieves García Prados

Valparaíso Ediciones



domingo, 7 de octubre de 2018

DOS POEMAS DE PICNIC NOCTURNO DE CHARLES SIMIC




Y ENTONCES PIENSO


Yo sólo soy un dentista de fachada
que extrae un diente ennegrecido a medianoche.

Mastiqué muchas verdades amargas, doctor,
dice mi paciente después de escupir sangre

todavía encorvado, con el pelo gris
y oliendo a carroña, justo como yo.

Por supuesto, puede que yo sea el único aquí,
y que esto sea un truco de espejos que estoy representando.

Incluso el puñado de billetes pequeños y arrugados
que deja al salir, no me lo creo.

Puede que los separe con un par de pinzas húmedas
y los cuente, y luego puede que no.



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CEMENTERIO DE AUTOMÓVILES


Aquí es donde todas nuestras escapadas terminaron:
nuestros padres al volante, nuestras madres
con cestas de picnic en las rodillas
mientras nosotros nos sentábamos detrás
con las bocas abiertas.

Estábamos conduciendo derecho hacia el amanecer.
El campo era llano. Una ciudad surgió frente a nosotros,
con sus ventanas ardiendo con caída de sol.
Todo aquello se esfumó cuando abandonamos la autovía
y bajamos por una pradera oscura
cubierta de latas de cerveza y envoltorios
de caramelo desparramados,
hasta que nos detuvimos junto a un viejo Ford.

Primero el predicador de la radio perdió la voz
después nuestras cuatro ruedas se desinflaron.
Los muelles asomaron por la tapicería
como un nido de serpientes de cascabel,
mientras tratábamos de mantener la calma.
Más tarde, aquella noche oímos unas risitas
procedentes de la chatarra de un coche fúnebre,
entonces no dijimos ni pío
hasta el día de la Resurrección


Charles Simic
Picnic nocturno

Traducción de Nieves García Prados
Valparaíso Ediciones