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martes, 3 de enero de 2023

EL HOGAR DE UN PERDEDOR Y OTROS DOS POEMAS DE CANCIONES DE LA GRAN DERIVA DE VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

 

 

 

 

El hogar de un perdedor

 

 

Una estación de ferrocarril abandonada.

Una torre aislada bajo un cielo plomizo.

Una procesión de hormigas negras.

Pedazos de uralita por el suelo.

Bidones de aceite echando humo.

Una sábana raída sobre un cable se luz.

El sillón de un coche calcinado.

Botellas, mantas, jeringuillas

y las cajas de medicamentos.

Un viejo colchón con manchas rojas.

Un espejo roto en la pared.

Un borracho con un perro a su lado.

 

Un graffiti que dice:

 

JESÚS ES EL CAMINO

 

 

―――――――――――

 

 

Olvidar las oscuras golondrinas

 

 

Ser poeta en la calle

en el metro

en el supermercado

 

olvidar las oscuras golondrinas

 

llamar a las cosas por su nombre

y dirigirse al pueblo

 

impedir que la poesía

se convierta en algo inútil

 

cargarla de pólvora

y apuntar certero al blanco

 

evitar que te alcance

la explosión

 

 

―――――――――――

 

 

Días de ruta

 

 

Nunca tan complicado

como esta vez

 

tan difícil

inhóspito cruel

 

jamás tanta evasiva

pesimismo miedo

 

todo son excusas

desplantes negativas

 

desidia alarmismo

malas caras

 

ni rastro de esperanza

ni rastro de fe.

 

 

(Inédito)

 

 

 

Vicente Muñoz Álvarez

Canciones de la gran deriva

 

Prólogo de David González

 

Origami


viernes, 12 de junio de 2020

LA CAZA UN POEMA DE LUIS MIGUEL RABANAL





La caza



A mayor impertinencia

el tiempo castiga con sus manos

pulcras, pone a escurrir las galas

del difunto y de un sólo trago se bebe

la pócima.


Si fuera el allegado antiguo

que ha venido a recuperar su tesoro

enterrado en la grava —un par

de monedas y una alfombra raída,

un coche de guardias y una muñeca

de yeso—

pero no.


Grita tu nombre y se deja poseer

por la extraña silueta. Se compara

a quien tú ya sabes de sobra: idéntico

rostro avejentado, los brazos

que penden,

inútiles, del cuerpo.

Igual que monigote.


Ahora que estamos tú y yo

solos y nadie nos molesta. Ahora

que descubro en tu sombra picotear

tus dientes un pájaro espantoso

y olvidarte sin ganas.


A tanto amor le acribillan

tres minutos de lluvia.

O no es eso. Sobre tu carne

maldita ellos secan palabras.




Luis Miguel Rabanal

A la que falta


Origami

sábado, 4 de abril de 2015

SANGRANTES




«Y como de un calíz
bebí la sangre de tus entrañas
la sangre que manaba entre tus piernas
lluvia de vida y de amor
de dolor y de fuerza»
Cristina Peri Rossi


«Sonrien mis amantes pálidos / completamente amnésicos / les arrojo mis vísceras» lo dice Angélica Liddell

promesa del hambre para el invierno

«clavando los dientes por todo el cuerpo una niña comienza a hacerse de mundo» lo dice Rocío Cerón

dientes necesarios para morder el lugar de la vida

«no me corto las venas porque atentaría contra la inmortalidad que las recorre» lo dice Miriam Reyes

vida difícil, vida invivible,

«palabras para un cuerpo de ceniza, cojo una copa de vino, la perfección está en el odio,» lo dice Begoña Callejón

vendimia, madre mira la memoria perdida de padre, las uvas ácidas de parra, y manifiesto antinaufragio:

«sangre, escribo en el espejo con mis dedos, » lo dice Leire Bilbao

en todos los hoteles por donde paso, escribo noche,

«fértil cuerpo, espeso muslo» lo dice Ana Gorría-,

tú eres el deseo, la última palabra de la noche, un asidero de sangre,

«imagino al animal, me acoge desde el reino de la enfermedad y la memoria, la poesía era este dolor de querer atravesar todas las formas» lo dice Maria Ramos

sangre y dolor,

«mi corazón perverso se ha calmado» lo dice Elena Medel,

alguien escondido en el tiempo,

«todo comienza cuando se cancela un nacimiento / y hay que vivir lo no vivido» lo dice Natalia Litvinova

por ejemplo la vida del que no tuvo vida,
un armario,

«bailaban con una boca llena de herbicida. De los ancianos ahorcados por hablar de la enfermedad demasiado alto» lo dice Layla Martínez,

la comida barata en los asilos, desnutrición en silencio
el invierno está pariendo muchachas,
al viejo lo atan a la cama,
cantar afónica, cerca del muelle, los barcos que salen

«escribir poemas es ser artista forense, en arena versátil» lo dice Berta García Faet

deshilachar el aire cerca del mar, el tamarindo,

«adiestrar a los mares» dice Laura Rosal

el mar y el coágulo,

«yo era el sol en las ramas de un árbol / negro y joven, anunciaba un bosque» dice Eva Reiro

el bosque comienza en el árbol,
en el hueco entre las ramas por donde entra una luz
y una mosca,

«la soledad de quien habla» dice Sara Torres,
«es el silencio el que nos ama, el que nos / concede la noche» dice Agostina Ciccone

la sangre que aleja, que acerca, que deshace vida y la hace.