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jueves, 4 de junio de 2026

DOS POEMAS DE Mª CARMEN RUIZ GUERRERO EN BROCAL Y VORAZ

 






CADA NIDO DE PÁJARO

es un pequeño milagro,

como el hueco fértil de una mano

se despliega sobre el árbol

y lo hace cantar.

Tres nidos me nacieron en el vientre

con ramitas de vuelo. Fueron tres.

Dos pájaros juegan

entre las copas de los almendros,

cómplices del aire de flores rosadas.

Otro buscó la raíz, se burló del tiempo

y encontró en la tierra

su lugar de ave sin alas.

Dos pájaros vuelan con nombre

de piedra y de cielo.

Otro ni siquiera dejó que el plumaje

cubrieran su cuerpo.



―――――――――――



HOY ME CUESTA ESTAR ERGUIDA.

Supongo que no será la última vez,

se sucederán los días como se suceden

las noches, y se repetirán horizontales,

intermitentes.

Estoy bailando, tumbada. Solo yo lo sé;

son mis pies, que no se conforman,

y algo sin nombre en el resto del cuerpo,

vivo y rebelde y anhelante. Ni siquiera

he encendido la música. No hace falta.

Siempre ha sido fiel, constante

como un surtidor que recorre el tronco,

la sustancia química de contraste

invadiendo cada órgano y dándole luz.




M.ª Carmen Ruiz Guerrero

Brocal y voraz


La Garúa


martes, 31 de marzo de 2026

ESPACIO VACÍO Y EL FOSO Y LAS CADENAS DE Mª CARMEN RUIZ GUERRERO EN PALABRAS SEDIMENTARIAS

 






ESPACIO VACÍO




Bajo los edificios y los parques de cemento

se escucha aún la respiración ahogada

de nuestra infancia.

Nos rebelábamos contra los límites del cuidado

y construíamos mundos

entre los membrilleros y los escombros.

Tantos años después siguen siendo una incógnita

aquellos restos entre los árboles,

qué civilización rota empezaba ya a ocuparnos

arrojándonos a su ruina.


El abuelo, habitante nativo de la huerta

y sus peligros, nos advertía: hierros oxidados,

alambres ocultos entre los ladrillos,

chapas cortantes, cristales rotos.

Nosotros temíamos a la culebra

que le había mordido. Recordábamos

los dos agujeros oscuros inflamados

en su brazo poderoso.

Tampoco era suficiente para retenernos

dentro de la frontera.


Las piedras del derribo de alguna casa

abandonada en cualquier lugar lejano

nos servían de material de construcción.

Nuestras cabañas,

que nunca resistían la visita de los niños salvajes

al marcharnos,

anunciaban la usurpación del espacio virgen.


Hormigón sobre la tierra del huerto.



La niñez es un campo minado

al que no se permite el regreso.



―――――――――――



EL FOSO Y LAS CADENAS



Como cada noche, paso revista

a mis demonios,

¿a cuántos he dejado salir hoy

fuera de este espacio acotado?

¿Cuántos andan sueltos?

Siento alivio

al darme cuenta de que la mayoría

siguen paseando entre las paredes

del silencio. Van y vienen,

pero no se atreven a traspasar la puerta.

Entre los demonios rondan los ángeles,

casi igual de peligrosos, probablemente.

Demasiado fácil malinterpretar sus dones.

Por fortuna, tampoco son libres, y a menudo

se conforman con deambular

junto al desorden de mis pensamientos.

Es necesario este repaso cotidiano,

saber qué dije, qué poemas compartí,

mantener a salvo

a quienes tengo cerca. Reconstruir

la frontera.




M.ª Carmen Ruiz Guerrero

Palabras sedimentarias


La Garúa