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domingo, 4 de septiembre de 2011

MUERTE DEL INQUISIDOR DE LEONARDO SCIASCIA O EL PESO DEL PAPEL ESCRITO EN LA MEMORIA


Iglesia de Santa ´María de Colaña en Castromocho en agosto de 2011 por Pablo Müller

Pablo Müller viaja a Castilla la Vieja y visita la villa de Castromocho, en Tierras de Palencia, el 12 de agosto de 2011, un pueblo con casi trescientos habitantes, dos iglesias, campos de cereal y un tramo del Canal de Castilla.

Pablo Müller pasea junto a los parques y a las iglesias, pregunta al secretario por las partidas de nacimiento antiguas, sabe que su abuela materna nació allí, busca la casa con el número quince de la calle Mayor.

Pablo Müller sabe que en ese lugar hay frases dichas que son suyas, hay sufrimientos y trabajos que hechos del pesar están en el origen de Pablo Müller, hay alegrías y deseos que convertidos en dicha le pertenecen y explican.

Diego La Matina, hijo de Vicenio y Francesca di Gasparo, fue bautizado en la iglesia de la Anunciación de Racalmuto, en la isla de Sicilia, Italia, el 15 de marzo de 1622.

Juan López de Cisneros fue bautizado tal vez en la iglesia de San Esteban o en la iglesia de Santa Maria de Colaña en Castromocho entre 1585 y 1586, cuando nació quien fuera a matarlo tenía 37 años.

Felixa Pineda López nació el día diez y siete de Noviembre de 1896, en la calle Mayor en el número quince a las once de la mañana, en Castromocho.

Leonardo Sciascia nació el 8 de enero de 1921 en Racalmuto y escribió Muerte de un inquisidor, sobre las razones por las que Diego La Matina, de la orden de la reforma de Agustín también llamados los padres de la Virgen de la Roca, estaba preso de la inquisición en abril de 1657. Ese día Felixa tenía 25 años y  amamantó a su segundo hijo de nombre José de cuatro meses de edad.

Diego de La Matina hirió a Juan López de Cisneros Inquisidor Mayor del Reino de Sicilia con los grilletes que le tenían preso, golpeándole en la cabeza, los últimos días de marzo o los primeros de abril de 1657. Acababa de cumplir 35 años.

Aquí yace el licenciado D. Juan López de Cisneros, natural de Castromoncho en Castilla la Vieja, provisor y vicario general del obispado de Orense, collegial mayor del insigne colegio de San Idelfonso, universidad de Alcalá de Henares, y pariente de su fundador, fiscal y inquisidor apostolico de este reyno de Sicilia. Murió en el mismo exercitio de inquisidor a 4 de abril 1657, a los 71 de su edad. Fundó una capillania perpetua en esta capilla de que son patrones los inquisidores deste reyno.

Trasera de Santa Maria de Colaña en Castromocho por Pablo Müller en agosto de 2011

En la capilla española de la Gangia en Palermo (Sicilia) se encuentra la tumba de monseñor Juan López de Cisneros. En la lápida reza esta inscripción en castellano.

Cada fecha, cada nacimiento y cada muerte, son lugares ocupados por personas, constelándose como realidades y recuerdos, inquiriendo de nosotros una aceptación del pasado, a lo que respondemos con la búsqueda de explicaciones que no tenemos.

“La prudencia quiere que no se mente la soga ni en casa del ahorcado ni en la del verdugo”, dice Leonardo Sciascia citando a Stanislaw Jerzy Lec.

Sabemos de los errores que llevan a un hombre a la condición de verdugo, de las desgraciadas circunstancias que hacen que la víctima se encuentre en el camino del verdugo, de cómo se intercambian los papeles y del peso con que el papel escrito lastra el pasado. Leonardo Sciascia busca, sin lograrlo, el papel que aligere la “culpa” de Diego de La Matina, sin caer en el recurso de hurgar en las miserias del inquisidor muerto. Leonardo consigue, a pesar de su fracaso, la absolución de Diego en la voluntad de sus lectores.

Diego de La Matina murió asesinado por el Santo Oficio de la inquisición el 17 de marzo de 1658, en Palermo, quemado vivo. Llovía.



Muerte del inquisidor 
Sciascia, Leonardo
NARRATIVA (F). Novela
Junio 2011
Andanzas 763
ISBN: 978-84-8383-337-7
144 pág.
13,46 € (IVA no incluido)

miércoles, 17 de agosto de 2011

EL CASO MORO DE LEONARDO SCIASCIA O LA DESAPARICIÓN DE LAS LUCIÉRNAGAS

Fuente de Otiñano en julio de 2011 por Pablo Müller

El caso Moro de Leonardo Sciascia publicado en Tusquets Editores es un libro de no ficción que se lee como una novela.

Aldo Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas en marzo de 1978 en una acción donde asesinaron a sus cinco escoltas. Se le sometió a un juicio donde fue condenado a muerte por sus captores. La sentencia se ejecutó en mayo de ese año. Durante este tiempo se estableció un debate, a partir de las cartas escritas por Moro en su prisión, los comunicados de los partidos, los manifiestos de los hombres el poder, los artículos de los periodistas, sobre la función del Estado como garante de la vida de sus miembros, sobre la idea del Estado como responsable del cumplimiento de las leyes.

¿Es posible que estéis todos de acuerdo en desear mi muerte por una presunta razón de Estado que alguien os sugiere alevosamente,…? Recordad, …, que la constitución republicana, …, suprimió la pena de muerte. Pero queridos amigos, no hacer nada por impedirlo, seguir obrando con insensibilidad y respeto ciego de la razón de Estado, significaría ni mas ni menos volver a introducir la pena de muerte en nuestro ordenamiento. Y yo, …, condenado a muerte. De vosotros depende que la condena se ejecute. A vosotros os pido la gracia del indulto… Fragmentos de la carta de Aldo Moro a Zaccagnini como responsable de Democracia Cristiana.

Quizá aquel joven terrorista siga pensando que se puede vivir de odio y contra la piedad; pero aquel día, en el cumplimiento del deber, la piedad penetró en él como la traición en una fortaleza. Y espero que la arrase.

Dice Leonardo Sciascia a propósito de la conversación del terrorista de las Brigadas Rojas con Franco Tritto la mañana del 9 de mayo cuando le comunica donde puede hallar el cadáver de Aldo Moro cumpliendo su última voluntad.

La última voluntad de Aldo Moro fue que se le comunicara en primer lugar a su familia el lugar donde dejaran su cadáver tras ejecutarle la pena de muerte.





Leonardo Sciascia analiza los textos de Moro, los relaciona con los escritos de Pasolini y Borges, y desde ellos, en una labor periodística y literaria, construye un texto lleno de preguntas sin respuestas, actual que hace reflexionar sobre el Estado, su función y responsabilidad y sus abusos.

Azul y suburbano en Berango en julio de 2011 por Pablo Müller