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sábado, 5 de agosto de 2023

AJMÁTOVA VISLUMBRA LENINGRADO UN POEMA DE HUESO DE JOSÉ GARCÍA OBRERO

 


 

 

Ajmátova vislumbra Leningrado

 

 

Un canto agudo abre una grieta por la que se descuelgan las formas efímeras. Bajo su extensa bóveda, se arremolinan los más variados animales: mandas de ñus, golondrinas, caimanes, langostas subterráneas que brotan y que estallan como vajilla fina contra el mármol. Un silencio entre dos notas, así se desplaza el aire hasta el extremo; va arrastrando partículas de todo lo que vaga por la partitura arrugada, vieja locomotora que amenaza siempre con descarrilar. ¿Se asoma por la ventanilla la idea principal como Ajmátova cuando vislumbraba entre la nieve Leningrado? Casi acabado el sol, se entretiene un minuto más sobre las tejas. El viento compone su melodía filtrándose por los intersticios, como agua que araña un pedregal. También la claridad se reúne tras el parteluz, imprime sus huellas sobre una textura que es parte suelo y parte espejismo. Cuando el canto se detiene el poema acaba fundiéndose en la hierba.

 

 

 

José García Obrero

Hueso

 

Godall edicions


miércoles, 27 de junio de 2018

MIEDO UN POEMA DE JOSÉ GARCÍA OBRERO






MIEDO


Caen las persianas para evitar las manchas de la noche.
¿Oyes ladrar afuera a los perros de Carver?
Los que acercan sus fauces, aunque no muerdan:
dos motosierras que insisten en olfatearnos el temblor.
Noche callada, noche detenida, noche oscura del alma,
noche de la carne oscura, carne reclamándose a sí misma,
mientras el tiempo salta de respiración en respiración;
mientras los cuatro angelitos que velaban los sueños,
ahora francotiradores tensos en sus esquinas,
esperan la adecuada señal para volarnos la cabeza.
Continúa así la ronda del juego de las sillas musicales.
Alguien describió en un poema el calor de las manos;
no era la mano de mantel de la madre de Otero
ni era la mano herida anhelada por Lorca,
quizás la mano firme que no sostuvo a Sexton
o la mano más bella que deseó Cortázar.
En algún momento decía: “dame tu mano”,
entrégame calor para alumbrarme en el mundo,
porque la poesía no es cobijo sino lluvia,
el plancton amarillo que antes fue un socorrista.
La persiana no del todo cerrada anuncia un cielo
idéntico al hedor de un criminal.
¿Dónde podré ocultarme cuando acerquen su hocico
y el único recluso sea yo?


José García Obrero
La piel es periferia

Visor