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miércoles, 8 de julio de 2026

ECOS UN POEMA DE AVERNO DE LOUISE GLÜCK






ECOS



I



Cuando pude imaginar mi alma

pude imaginar mi muerte.

Cuando imaginé mi muerte

mi alma murió. Eso

lo recuerdo perfectamente.


Mi cuerpo persistió.

No prosperó, persistió.

El porqué no lo sé.



II



Cuando era aún muy pequeña

mis padres se mudaron a un pequeño valle

rodeado de montañas

en lo que llamaban la región de los lagos.

Desde el jardín de la cocina

se alcanzaba a ver las montañas

cubiertas de nieve, incluso en verano.


Recuerdo una clase de paz

que no volví a experimentar nunca.


Algún tiempo después, se me ocurrió

convertirme en artista

para darle voz a esas impresiones.



III



El resto os lo he contado ya.

Unos pocos años de elocuencia, y luego

un largo silencio, como el silencio en el valle

antes de que las montañas te devolvieran

tu propia voz en forma de voz de la naturaleza.


Ahora este silencio me hace compañía.

Pregunto: ¿De que murió mi alma?

Y el silencio responde:


Si tu alma murió, ¿de quién es la vida

que vives ahora y cuándo

te convertiste en esa persona?




Louise Glück

Averno


Traducción de Andrés Catalán


Visor


 

lunes, 5 de agosto de 2024

EL SUEÑO DE MARIGOLD EN MARIGOLD Y ROSE. UNA FICCIÓN DE LOUISE GLÜCK

 





EL SUEÑO DE MARIGOLD



Marigold estaba soñando el sueño que soñaba. Era hija única; a Rose no se le veía por ningún lado. Quizás había decidido no nacer. Hermosa Rose, adorable Rose. Porque si hubiera nacido sin duda habría pertenecido a alguien, seguramente a Madre y Padre. Era la clase de bebé que la gente se apresuraría a reclamar para luego correr a casa antes de que el resto de los padres pudiera darse cuenta.


Marigold no era esa clase de bebé. Marigold era difícil. Bueno, la vida era difícil, pensó.


La vida era difícil: por fin una averiguaba cómo subir las escaleras. Inimaginablemente altas, aquellas escaleras. Cada escalón le llegaba a la cintura. Se apoyaba con los dos brazos sobre lo alto del escalón, y luego con gran esfuerzo se impulsaba con las manos y las rodillas. Y luego una tenía que ponerse de pie y repetirlo todo otra vez. Aprendí, pensó Marigold, y luego me caí. Rose me estaba mirando desde arriba.


Pero no aparecía en el sueño. La luz del sol aparecía en el sueño. Y esa sensación de triunfo que cuando estaba despierta la eludía. Entonces, ¿por qué sabía cómo sentirla en su sueño? Y era capaz de hablar: eso lo recordaba.


Mientras tanto el sueño, que tendría que haber continuado placenteramente, empezaba a estar teñido de amargura y miedo. Algo debía haberle hecho a Rose para que no existiera. Y era verdad: le había pegado; una vez casi le metió el dedo en el ojo. Rose a menudo pegaba a Marigold y le metía los dedos dondequiera que pudiera. Pero que Rose tuviera esa clase de sueños era imposible.


Siempre que Marigold miraba, allí seguía ella, dormida profundamente en su cuna, a menudo sonriendo en sueños. Debo haber heredado algo de culpa judía, pensó Marigold. La había heredado de Padre. Padre tenía la cuota completa de culpa judía pese a que solamente era medio judío. Al menos eso decía.


Después llegó la mañana. En general, a Marigold las mañanas la ponían contenta. Rose estaba haciendo un montón de ruido. Todo el ruido, en realidad; Marigold sonrió a Madre cuando Madre llegó. Y luego se comió la papilla usando una cuchara. Incluso sostuvo la cuchara como una persona de verdad y no como un bebé.


Madre y Padre creían que Marigold envidiaba a Rose. (Pobrecita Rose, pensaba Madre. Pobrecita Marigold, pensaba Padre). Pero Rose idolatraba a su hermana. Las personas adoran a sus mascotas, pero Rose tenía a Marigold.


Y si bien era cierto que había un dejo de condescendencia en ese sentimiento, posiblemente lástima, también era cierto que por debajo había un profundo respeto, una admiración hacia un ser que en cierta manera percibía como superior. Como mínimo, menos disperso (dado que los seres sociales son dispersos).


Como si el adorable cachorro se hubiera convertido en el animal de servicio, o incluso en el perro lazarillo, de quien su vida dependía. Había en Rose, a pesar de su evidente belleza y gran encanto, una profunda veta de humildad, nacida, sintió más adelante, del amor por su hermana, una reverencia ligeramente salpicada de temor, como si Marigold fuera una especie de profeta o figura sagrada.


Rose veía cómo Marigold soñaba su sueño. Se había destapado del todo. Y Rose sintió un punzante deseo de volver a poner en su sitio las mantas y acariciar el pelo húmedo de su hermana, pero por supuesto esto era imposible, debido a los barrotes de la cuna.




Louise Glück

Marigold y Rose. Una ficción


Traducción de Andrés Catalán


Visor


viernes, 14 de junio de 2024

PARÁBOLA DE LOS REHENES Y EL PODER DE CIRCE DOS POEMAS DE LOUISE GLÜCK EN MEADOWLANDS

 





PARÁBOLA DE LOS REHENES



Los griegos están sentados en la playa

pensando qué hacer cuando la guerra acabe. Nadie

quiere volver a casa, regresar

a aquella isla esquelética; todos quieren un poquito más

de lo que hay en Troya, más

vida en vilo, esa sensación de que cada día

está lleno de sorpresas. Pero cómo explicárselo

a quienes quedaron en casa, a quienes piensan

que luchar en una guerra es una excusa

plausible para ausentarse, mientras que

explorar la propia capacidad de entrenamiento

no lo es. Bueno, esto podemos afrontarlo

más tarde; estos

son hombres de acción, dispuestos a dejar

la perspicacia a las mujeres y los niños.

Reflexionando bajo el calor del sol, complacidos

con la nueva fuerza de sus antebrazos, que parecen

más dorados ahora que cuando estaban en casa, algunos

empiezan a echar un poco de menos a sus familias,

a echar de menos a sus esposas, a querer comprobar

si la guerra los ha envejecido. Y algunos

se ponen nerviosos: ¿y si la guerra

fuera solo una versión masculina de las prendas de gala,

un juego concebido para eludir

profundas cuestiones espirituales? Ah,

pero no se trataba solo de la guerra. El mundo había

empezado

a reclamarlos, una ópera que comenzaba con los altos

acordes de la guerra y que acababa con el aria flotante de

las sirenas.

Allí en la playa, mientras discutían los diversos

horarios para volver a casa, nadie pensaba

que pudiera costarles diez años regresar a Ítaca;

nadie previó esa década de dilemas insolubles. Ah, el

irrefutable

pesar del corazón humano: ¡cómo dividir

la belleza del mundo en aceptables

e inaceptables amores! En las costas de Troya,

cómo iban los griegos a saber

que eran ya rehenes: quien aplaza

una vez el viaje está

ya cautivado: ¿cómo iban a saber

que de entre su pequeño grupo

algunos serían retenido para siempre por los anhelos de

placer,

algunos por el sueño, algunos por la música?



―――――――――――



EL PODER DE CIRCE



Jamás convertí a nadie en cerdo.

Algunas personas son cerdos; yo les di

aspecto de cerdo.


Estoy harta de ese mundo vuestro

que permite el exterior disfrazar el interior.


Tus hombres no eran malos hombres;

una vida indisciplinada

los hizo ser así. Como cerdos,


bajo mi cuidado y el

de mis muchachas, se

ablandaron enseguida.


Entonces revertí el hechizo,

mostrándote mi bondad

además de mi poder. Entendí


que podíamos ser felices aquí,

como lo son hombres y mujeres

si sus necesidades son sencillas. Al mismo tiempo,

predije tu partida,

los embates del vasto mar que tus hombres

afrontarían con mi ayuda. ¿Crees


que unas pocas lágrimas van a molestarme? Amigo mío

toda hechicera es

pragmática por naturaleza; nadie

percibe lo esencial si no es capaz

de asumir las limitaciones. Si solo quería retenerte


podría haberte hecho prisionero.




Louise Glück

Meadowlands


Traducción de Andrés Catalán


Visor




martes, 21 de mayo de 2024

EN BUSCA DE MI ELEGÍA DE URSULA K. LE GUIN

 






V. FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA


EN BUSCA DE MI ELEGÍA



No logro encontrarme donde he estado buscándote,

mi elegía. Hay demasiados cementerios cerca

estos días, demasiados nombres que leer entre lágrimas

en largos muros negros, demasiadas zanjas llenas de huesos.

Y demasiados animales que llorar, borrados de la faz

de la tierra como el vaho de un espejo. Dejaron una

cara, un mero reflejo de sí misma,

la imagen de su imagen imaginada; nada más

nada de lamentos, ni tierra, ni perros, ni elegías.


Ese desierto no es tu sitio. Así que busqué

donde la muerte es vida y los dioses son animales

y el fluye por el ser como fluye el arroyo de la fuente

y a lo largo de los ríos hasta el mar;

¿pero qué hay que llorar, si la vida se traslada a

otra vida? Mejor un rito de iniciación,

una dolorosa, dichosa celebración del cambio,

advertencia y bienvenida para el alma que regresa

sin recordar quién fue, y nosotros no lo sabemos tampoco,

ave marina o niño, salmón o helecho o cervatillo.


Y en el camino óctuple, aunque la compasión se sienta

como en casa, todo el trabajo del dolor

se reduce a inhalar y exhalar las vidas liberadas

del cambio cambio cambio, las que se fueron a ningún sitio

para no hacer más daño al fin, tras tanta angustia.


¿Así que dónde buscar? Solía soñar con subir a lo alto

de las colinas, esos silenciosos montes rojos del amanecer,

para encontrar a tus hermanas, las Lamentaciones; pero ese

es el viaje del héroe. Soy más vieja de lo que un héroe llega

a ser jamás. Mi búsqueda ha de consentir en observar,

sentada pacientemente, asomada a la puerta abierta.


A lo lejos entre las sombras alcanzo a ver a una mujer

que pronuncia un nombre. Aunque no alcanzo a oír su voz

a través de las ruinas de los siglos,

sé lo difícil que era hablar, cómo le dolía la garganta.

En Roma, junto a la pira o la tumba abierta,

solían pronunciar el nombre tres veces, y luego callar.


Un nombre es difícil de decir. ¿Quién leería en voz alta

todos los nombres de ese largo muro? ¿Qué mujer

podría soportar conocer tantos hijos muertos?

Los números son más fáciles. Por eso los hombres de negocios

dicen números, no nombres. La pena no es lo suyo.

Pero creo que puede ser el mío, y si sigo teniendo

un pueblo, lo encontraré llorando.


Mi elegía, tu ropa está pasada de moda.

Te veo pasar junto a mí por un camino en el campo

envuelta en una capa gastada. Tus pasos son lentos,

por un camino que se va oscureciendo a tu espalda.

Al anochecer algunas estrellas brillan pequeñas y

claras como lágrimas

en un oscuro rostro que no es humano. Te seguiré.




Ursula K. Le Guin

En busca de mi elegía

Poesía 1960-2010


Traducción de Andrés Catalán


Nórdica Libros


martes, 9 de enero de 2024

EL TRIUNFO DE AQUILES UN POEMA DE LOUISE GLÜCK

 





EL TRIUNFO DE AQUILES



En la historia de Patroclo

nadie sobrevive, ni siquiera Aquiles

que era prácticamente un dios.

Patroclo se le parecía; usaron

la misma armadura.


Siempre en estas amistades

uno sirve al otro, uno es menos que el otro;

la jerarquía

resulta siempre evidente, aunque no podamos

fiarnos de las leyendas:

proceden del superviviente,

de aquel que ha sido abandonado.


¿Qué eran los navíos griegos en llamas

al lado de esta pérdida?


En su tienda, Aquiles

lo lloraba con todo su ser

y los dioses vieron


que era ya un hombre muerto, víctima

de la parte que amaba,

la parte que era mortal.




Louise Glück

Figura descendente

El triunfo de Aquiles


Traducción de Andrés Catalán


Visor



viernes, 10 de noviembre de 2023

APARTAMENTO UN POEMA DE LOUISE GLÜCK EN VITA NOVA

 



 

 

APARTAMENTO

 

 

Vivía en un árbol. El sueño precisaba

que en un pino, como si pensara que me hacía falta

más estímulos para lamentarme. No soporto

cuando tus propios sueños te tratan como si fueras tonta.

 

Por dentro, era

mi apartamento de Plainfield, hace veinte años,

pero le había añadido una cocina industrial.

¡Arraigada

 

pasión por el segundo piso! Que

el pasado sea más largo que el futuro

no quiere decir que el futuro no existe.

 

El sueño los confundía, mezclaba

el uno con el otro: repetidas

 

escenas de la casa destrozada. Vera estaba allí,

hablando de la luz.

Y desde luego había muchísima luz, puesto

que no había paredes.

 

Pensé: aquí es donde debería estar la cama,

donde estaba en Plainfield.

Y me invadió una profunde serenidad,

como la que sientes cuando el mundo no es capaz de

     rozarte.

Más allá de la cama invisible, la luz

de finales de verano en la callejuela,

a través de los fresnos temblorosos.

 

Que el sueño había cambiado, añadiendo, podríamos

     decir,

un cierto matiz de esperanza. Era

un sueño hermoso, mi vida era pequeña y dichosa, el

     mundo

claramente visible al estar lejos.

 

El sueño me mostraba cómo podía ser mío de nuevo

si me protegía de él. Me mostraba

dormida en mi viaja cama, con las primeras estrellas

brillando entre los fresnos sin hojas.

 

Me llevaron por los aires, muy lejos,

hasta una ciudad luminosa. ¿Es esto lo que significa

     poseer algo?

¿Mirarlo con superioridad? ¿O sueño todavía?

Hice bien, ¿verdad?, al no

elegir suelo.

 

 

 

Louise Glück

Vita nova

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor


viernes, 20 de enero de 2023

AMOR PERDIDO UN POEMA DE LOUISE GLÜCK EN ARARAT

 

 

 

 




AMOR PERDIDO

 

 

Mi hermana pasó toda una vida en la tierra.

Nació, murió.

Entremedias,

ni una mirada alerta, ni una frase.

 

Hacía lo que hacen los bebés,

lloraba. Pero se negaba a comer.

Aun así, mi madre la abrazaba, tratando de cambiar

el destino primero, luego la historia.

 

Y algo cambió: al morir mi hermana

el corazón de mi madre se quedó

muy frío, muy rígido,

como un pequeño colgante de hierro.

 

Me pareció entonces que el cuerpo de mi hermana

era un imán. Podía sentir cómo atraía

el corazón de mi madre hacia la tierra,

para hacerlo crecer.

 

 

 

Louise Glück

Ararat

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor


miércoles, 16 de noviembre de 2022

TODOS LOS SANTOS UN POEMA DE LOUISE GLÜCK EN LA CASA EN EL MARJAL

 

 

 

 

TODOS LOS SANTOS

 

 

Incluso ahora este paisaje está en formación.

Las colinas se oscurecen. Los bueyes

duermen bajo su yugo azul,

los campos se han

recogido, las gavillas

atado equitativamente y apilado en la cuneta

entre quinquefolios, mientras sale la luna dentada:

 

esta es la aridez

de la cosecha o de la peste.

Y la esposa que se asoma a la ventana

con la mano extendida, como en pago,

y las semillas

nítidas, doradas, diciendo:

Ven aquí

ven aquí, pequeñuela

 

y el alma que sale arrastrándose del árbol.

 

 

 

Louise Glück

Primogénita – La casa en el marjal

 

Traducción de Andrés Catalán

 

Visor