Mostrando entradas con la etiqueta Nares Montero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nares Montero. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2025

UN POEMA DE VENERO DE NARES MONTERO

 






madre pregunta

¿quién soy?

como una flor apura

el agua del jarrón.


las amigas perdidas

―en sonámbulo paseo―

rozan sus brazos con los míos

y no me reconocen.


la anatomía patológica no da la cara

hasta que nos adentramos palpando el 3D.


me hice un filtro-armadura de grafeno

―nadie se ha dado cuenta,

aún se desconocen todas sus utilidades―


nadie te quiere decir lo que te dice

en el minúsculo gesto rezuman las intenciones.


creo que todo es mentira.


hay quien va a las bibliotecas

y quien va a las librerías a leer

hay paladines del conocimiento

y pobres con pezuñas.


yo un día soñé que me besaban todas las flores

y aquella vez hubo un depósito,

de confianza lleno,

donde bebimos todos.




Nares Montero

Venero


Ril Editores





martes, 28 de abril de 2020

CINCO POEMAS DE ABEJAS EN LOS LINDES DE NARES MONTERO




Ellas ven mentir,
la contradicción, el movimiento.
Vibran. Mienten.
Un ejército de abejas en las lindes,
armaduras doradas.
Las que escuchan al enemigo.
Zumban. Todo lo ven.
Prismáticos ojos y bocas dardo.
Trenzado vuelo de muchedumbre
dentro de mi.


————————————


El viaje a esos muros,
el grito sobre la carne.


————————————


Lo que oigo es el ruido,
el trastabillado chirrido de la madera
contra el suelo combado.
Lo que oigo es humedad,
el quejido de las sábanas sobre mi cuerpo.
Estoy aquí en el rincón último.
El vaho flota atado a los dedos de mis pies
como globos aerostáticos.
Tengo el cuerpo pequeño y pesado.
Me he hecho impenetrable.
Estoy tan escondida, tan atenta, tan aterrorizada.
Estas son las vistas de mi encierro.
Alguien trae comida pero no me ve.


————————————


Feroz
la mano que aprieta.
Un mundo creado como una perla, mácula,
solo para tus inmensos ojos,
acurrucados contra el suelo.
Tan horizontal y blanca,
casi subterránea.
Los árboles crecen de sus raíces,
las lágrimas no se gastan,
los pájaros, a veces, se comen a sus crías.


————————————


Mi tierra sumergida tiene un ojo de ballena
que otea y llora impotente.
Un bosque abisal delimitado por colmenas,
puestos de vigía diminutos como celdas.
Nos dijeron que no diéramos la voz de alarma.
Nos dijeron no hay alarma, tú eres la alarma,
y tienes una boquita de piñón como para que no la abras nunca.
Pero ábrela y calla, decían los cascotes de mi pasado.
Cayeron. Como gigantes cayeron.
Yo los vi caer, arrasar, huir silenciosos hacia la muerte
como dictadores que fenecen pero no se van.
Yo quise preguntar, tenía preguntas atadas al dedo índice,
¿De qué ruinas, estos cascotes?
¿De qué galaxia, los meteoros suicidas?
¿De qué ciudades arrasadas, estos escombros?
Yo quise preguntar
pero tengo una boquita de piñón y callar,
me decían, era síntoma de belleza.



Nares Montero
Abejas en los lindes

La Bella Varsovia