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martes, 12 de marzo de 2024

UN FRAGMENTO DE VUELTA E IDA DE FRANCISCO LAYNA RANZ





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Cuenta Blumenberg que en 1689 Leibniz recorre por mar la costa de Italia en una pequeña embarcación, único pasajero. En plena tormenta, los marinos, seguros de que no sabe su lengua, acuerdan en su presencia arrojarlo por la borda y repartirse sus posesiones. Leibniz saca de su bolsillo un rosario. Los marinos le ven rezar. Este gesto es decisivo pues ya lo creen hereje, no puede ser él quien atraiga la cólera de Dios. De acuerdo a Blumenberg, Leibniz fue responsable de una doble simulación. No quiso revelar que conocía la intención de los marinos, cuya lengua entendía. La segunda se representa bajo la forma de una pregunta: ¿es legítimo simular que se reza cuando no se está rezando? Cabría añadir que algo que en su origen es falso, o puede serlo, tiene un efecto verdadero, o puede tenerlo. Alianza entre diferentes miedos.

Queda una tercera hipótesis: los marinos tienen todas las manos ocupadas en la maniobra del barco, bajo la tempestad. Lo ven rezar y atribuyen la calma y la salvación a ese hombre tan extranjero como piadoso.

Además, estoy seguro de que una vez despejada la mañana alguno de los marinos volvió a pensar en el asalto. El viejo sol ayuda a disipar nubes y culpas.




Francisco Layna Ranz

Vuelta e ida


Ilustraciones de Ángel Cerviño

Nota de Maurizio Medo

Caligrafía de Chilis Cubeiro

Plantilla de Melissa Dillon


Cartonera del escorpión azul


 

viernes, 26 de mayo de 2023

UNA PALABRA PARA CADA MUERTO DE FRANCISCO LAYNA RANZ EN EL PERRO Y LA CALENTURA TRASHUMANCIA DE LOS POETAS AMERICANOS

 

 

 

UNA PALABRA PARA CADA MUERTO

[cuando el mar se hunde]

 

 

Mira la primera letra. Y esta última, infructífera,

teneduría sexual, espetera.

Allí Cervantes colgó la pluma y el plumón.

 

Es un pasatiempo, aunque las cartas fueran angustiosas y

en el reino  de los  silencios quien  no contesta  seguirá

comiendo  de  la  misma  carne.  Dios,  el  único insecto

líquido,   se  hizo  también   hombre  comestible.   En  la

boca del arrancadero, soez.

 

Cervantes lo hizo contra todos los fueros de la muerte.

 

El gordolobo es amarilla. Te la encuentras cuando el paseo

es un modo ligero de exactitud.  Tres  tazas  al  día para

pulmones y picaduras de pulga.

 

Al otro lado, dorso o cruz, lo verdadero se hace esperar y

vive a expensas.

 

La balleuca o avena mala, es su estado de plántula, apenas

se distingue del cereal que coloniza.

 

Es  curiosa   la  asociación  o   cenital  evidencia.    Hablar,

ponerse de acuerdo,  analizar las telas del juicio,  mirar

a través de lo inconveniente.

 

En 1615 Cervantes quiso revertir la duración.

 

 

Otras plantas no da,  no quitan,  están ahí porque  siempre

han estado,  más aún si ignoramos el nombre.  A veces

palabra y nombre  son cosas  distintas,  ocasión,  orden

sucesivo, vale también lo que se bebe de un golpe.

 

Las veces y los panes es una broma, claro.

No lo es que supere la facultad de cualquier criatura.

El viejo quiso ser fiel y puso en el cesto confetis y la

pestaña de siempre.

Se advierte que se agotó esperando la vez.

 

Las maravillas  no  pueden  quedarse  quietas,  es  un error.

Es un error y una canallada llenar de caolín los ojos del

búho, y luego lamentarlo

la palabra deriva del nombre de la montaña Kao-Ling san,

China oriental.

 

¿Por dónde íbamos? Íbamos en que los poetas americanos

Con  limonada  tibia y  aguardiente  regaron la tierra  de

Donde.

Claudia  Rankine  se  ocupó    del   responsó:   todo   poema

necesita  un  cuerpo,   dijo  del  modo  más  antiguo  que

pudo.

 

 

 

Francisco Layna Ranz

El perro y la calentura

[trashumancia de los poetas americanos]

 

Ril Editores