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jueves, 14 de mayo de 2026

PRIMER APUNTE EN HOMO SACER POESÍA RITUAL DE CARLOS DE LA CRUZ





PRIMER APUNTE



1


Enroscar la raíz untada de grasa

al tuétano encarnado

de las ramas del viejo nogal

que marca la linde

entre el dolor y la ternura.



2


Golpear el tambor del espejo

con un fémur de pollo.

Besar al muerto como si fuera un dios,

arrancar de sus ojos las semillas

y que los gallos de las veletas

organicen el funeral.



3


Mentir para que vuelvan

las moscas de la fruta

a besar estos poemas.



4


La palabra no es un hacha:

no tiene vientre, no tiene cabeza.

En el hacha

el talón y la garganta,

el ojo, el carrillo, la punta, la lengüeta,

el hombro, la cuchilla;

no en las palabras,

no en los signos, no en los sonidos.


En el hacha la mano,

la curva, el tajo;

en la palabra:

del fuego el humo,

del hueso el hilo,

del muerto el ruido.



5


Piedras y ríos,

palos para sostener las roderas

de la carne en su trayecto.


Regresa a casa

el animal tronzado

y sin trofeo.


Los dioses juegan a las cartas

sobre una caja de cartón

en la puerta del matadero.



6


El número es sagrado:

no suena

señala

marca

y calla.



7


Una hermosa piedra

clavada en el corazón del manantial,

cubierta de musgo.


Las bestias se acercan

con respeto

y la testa oblicua:

reconocen el rango de la sangre.


Mis dioses eran hombres

antes de ser hijos.




Carlos de la Cruz

Homo sacer

Poesía ritual


Editorial Cuadranta


 

martes, 25 de enero de 2022

DOS POEMAS DE 50 CENTELLADAS DE JORGE M. MOLINERO Y CARLOS DE LA CRUZ

 

 

 

 

Mi hermoso viejito zurita

hijo zambo de los huesos de mi abuelo

Te conozco por mi hermano Jorge

que es de esos ya tú sabes

de los que se les suben el latinking a la metáfora

y se ponen estupendos

Quería pedirte que le des un abrazo

y le dejes con sus cosas

que son las cosas de uno de esos dioses chiquitos de cera

que brillan cuando menos te lo esperas

Como cuando te dieron un paseo por el Matadero

 

y con los pies dentro de los zapatos

te quejabas del desierto que te falta

para llegar al bar de la esquina

Yo sé que cuando te acuestas

relees los poemas de mi hermano

Mi hermoso zurita crees que son tuyas las palabras

y son de Jorge y de Julieta

y de la negrita esa que me tiene al Molinero

como pioja en bombilla

Mi viejo hermoso zurita

sólo porque mi pana siga dirigiéndote la palabra

te beso la dulce calva

y dejo esta marca de orina alrededor de tu casa

 

 

 

CANCIÓN PARA CARLOS DE LA CRUZ

 

 

 

Juegan los viernes los diositos

porque no hay comuniones ni champions

a dejarse llevar por las cicatrices

de humanos y pelo en las axilas

 

A veces en el pie izquierdo del Diego

o en los labios de la Bellucci incluso

en la voz rota del ángel Sananda Maitreya pero

 

  siempre en los dedos del gigante

y verborrea de Carlos y azufre de De la Cruz

estadio Azteca donde corre la banda

Tláloc hasta arriba de licor de hierba alta

para invocar el regate y la preciosura y el público

jalea a Rusia porque CuCurruCucúPaloma

si se le queda pequeño el campo y

volea de escorpión la estepa de Aranda

      Y

al abrigo de Tezcatlipoca y el cabello negro

de la negra y los ojos negros de la negra y

la negra piel de la negra suda cada viernes y

a Carlos a De la Cruz al gigante de mi carnal

lo estruja Huitzilopochtli que le sabe

trozo de pan aire limpio espiga generosa que

es alimento su muerte en la siega lo llena

de larvas y larvas bajo las gafas y larvas

en su voz de gigante y larvas en su pecho

descomunal como estadio Azteca y páramo

castellano con parada y fonda y áspero tinto

que ennegrece sus labios como negros

los negros labios de la negra que le abroncan

porque larvas en la mesilla de noche larvas

en el despacho larvas en el cuarto de baño

larvas en el cagadero y la tapa levantada que

 

  todo tan lleno de larvas para esconder

dentro de sus botas de gigante de su poesía

condimento chile poblano

la miel de sus dientes abeja la verdad

de sus manos nube con forma de aligátor

la Verdad de sus cuentos larva atrapada

en una botella de mezcal

 

Y los diositos no saben

de la devastación de la resaca

en los versos de mi carnal

 

 

 

Jorge M. Molinero & Carlos de la Cruz

50 centelladas

 

Versátiles Editorial


viernes, 11 de septiembre de 2020

DOS POEMAS DE TRILOGÍA DEL CORONEL DE CARLOS DE LA CRUZ IGLESIAS

 

 

 

 

Apo-CAT-lypse now

 

 

 

Yo quería una misión

y por mis pecados

me dieron un gato.

 

No creo que existan palabras para describir todo lo que significa,

a aquellos que no saben qué es el horror.

El horror tiene rostro.

Tienes que hacerte amigo del horror.

El horror y el terror moral deben ser amigos,

si no lo son se convierten en enemigos terribles,

en auténticos enemigos.

 

Yo quería una misión

y por mis pecados

me dieron

un gato.

 

 

—————————————————

 

 

CONTRA LA LUZ

 

 

 

Cada vez que vuelvo a casa

y dejas una luz prendida

para que encuentre

entre la oscuridad, la niebla

bajo tierra

la arteria y el manantial.

 

Una vela en el espejo

para entender las fronteras

entre la carne y el hueso;

una lámpara debajo de la cama

para que los monstruos no pasen miedo.

 

Una bujía cebada con savia de ballena

sobre la mesa,

las cerillas lejos de las goteras,

el encendedor debajo de la almohada.

 

Porque la luz es un pájaro sin plumas

cubierto de cera

que señala con el pico

la ausencia del otro

y canta como los negros cantan

cuando la noche aprieta los dientes

para sellar las compuertas

por donde escapan los animales domésticos

en busca de pareja.

 

 

 

Trilogía del coronel

Carlos de la Cruz I

 

Bancarrota Ediciones suicidas


viernes, 17 de abril de 2020

BESAR EL CORAZÓN DE UN CABALLO MUERTO UN POEMA DE CARLOS DE LA CRUZ




BESAR EL CORAZÓN
DE UN CABALLO MUERTO



Y de mi piel que no quede nada
de estos nervios grafito nada la sombra

los huesos saben que no son nada sin piel y el nervio
no queda nada
de estas manos que no quede nada
por favor
todos los muertos y las muertas
no volver a tocar nada vivo
que no quede nada
del hilo para sacar la alma de un pozo
del martillo para poner en su sitio los dedos
de la hueca de la montaña que se muere entre los pechos de la ciudad
y no al revés
que no quede nada.
Tengo un dios chiquito con los ojos cerrados
duerme tranquilo entre mis manos
No es un héroe ni es un gigante es un dios chiquito
y de barro que duerme
con los ojos cerrados desnudo
entre mis manos.
No queda nada de este animal
toda la piel el mal el recuerdo de los insectos
torcidos con chinchetas sobre el cuero de un aeroplano
no queda nada
porque está dormido
temblando desnudo
es mi hijo y es mío hoy todos los días hasta ayer
lo amo no te lo lleves no lo sacrifiques
tus dioses no son mejores que los míos son más grandes
pero son los mismos
no he dejado nada para él no es nadie
sólo un dios desnudo del tamaño de una cajetilla de cigarros.
No es tuyo no es de nosotros
no queda nada de todo este amor
para él.
No mires no te lo lleves
no dejes que se lo lleven
duerme
es un cachorro
¿tienes miedo a todo el amor
que hemos puesto
como sacos de arroz
sobre sus ojos?



Carlos de la Cruz I.
La voluntad de los esclavos

La Penúltima editorial