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sábado, 13 de agosto de 2022

HABLANDO CON MIS GUSANOS UN POEMA DE ESTHELA CALDERÓN EN EL CONSUMO DE LO QUE SOMOS MUESTRA DE POESÍA ECOLÓGICA CONTEMPORÁNEA

 



 

Hablando con mis gusanos

 

 

 

Anoche hablé con los gusanos

que se comerán mis ojos, mi lengua y mis orejas

un día de estos a lo mejor no tan lejano.

Por ahora mastican Amapolas y raíces de Guanábana,

matando el tiempo hasta la caída de mi cuerpo

acurrucado en su casa de Pino.

Ellos dicen que no me dolerá:

un leve cosquilleo en las uñas de mis pies

y alguno que otro escalofrío en las tripas

será el aviso de su minuciosa faena.

Me han prometido fundirme con la tierra,

deslizarme sobre los colores de las mariposas

y lloverme en rapadura dorada

sobre el techo del cuarto de mis libros.

Pasarán ardorosos sus bocas

hasta desprender la pulpa de mis manos,

huesos grises y blancos serán la fortuna

que dejaré entre las tablas.

En el cerebro derramado sobre el lienzo

de un poema perdurable

irán descifrando letra a letra

hasta llegar a los árboles, piedras y flores.

Me han dicho que regresaré

en la musical corteza de un ronco Espavel,

o en la encolochada siesta de los Chilamates.

El sueño con gusanos

es lo más prudente que he podido escribir

sobre la vida.

 

 

Esthela Calderón

 

 

 

El consumo de lo que somos

Muestra de poesía ecológica hispánica contemporánea

Steven F. White (Ed.)

 

Aridjis – Calderón – Galeano – Huenún – Riechmann

 

Amargord Ediciones


viernes, 17 de junio de 2022

UN POEMA DE LOS HUESOS DE MI ABUELO DE ESTHELA CALDERÓN

 

 

 

 

XI

Mi abuelo engulló las cúspides

y cultivó en su corazón todas las alegorías

que trajeron las almas, y él fue un todo detrás del Otro Mundo.

Nahualpilli podía dormir

porque mi abuelo era su hermano taciturno,

silencioso como el frío que, sin mediar palabra, congela los latidos.

 

A veces era mudo y meditabundo.

Tirado sobre su vieja colcha,

parecía un Garrobo a las dos de la tarde,

Su piel era así, carrasposa y aguantadora.

 

Él me protegió desde que nací,

desde cuando mi madre fue cazada y domesticada su memoria

y mi abuela había huido entre las grietas de un invencible Guayacán

con la daga de cincelar las cuentas de su raza.

Fui salvado por una serpiente, haciéndome tragar por ella

expulsándome luego en la colcha de mi abuelo

que agonizaba mirando la Cruz del Sur,

en un recodo del río de las vergüenzas,

una señal que auguró las colosales desdichas venideras.

 

Lloré de hambre en las costillas de mi abuelo.

Yo no sabía caminar y él era un moribundo

cuyo alter ego atravesó el laberinto

de llamas y basura con paredes de metálicas cervezas

humedecidas por la brisa del insecticida

que deformaba el alma de las Magnolias.

Iba escudriñando el suelo

para dar con una obsidiana parida por las vírgenes

que pudiera auxiliar y proteger a mi abuelo.

 

Vi cuando alargó una garra al universo

y trajo hasta mi boca granos dulces de Cacao.

Y con la otra encontró en la orilla arenosa del rio

la piedra guerrera marcada para luchar.

Negra piedra que repartió las puntas

que rajaron las entrañas de la corona.

 

Los dos fuimos alimentados también por su soplo

de donde brotaron los bocados de Hongo y Lobelia.

Trajo consigo los espíritus de la Chacruna y el Yagube

enviados por los ancestros de mi abuelo

para entender el lenguaje de las almas,

y Nahualpilli le fue entregado como hermano.

 

 

 

Esthela Calderón

Los huesos de mi abuelo

(Eco-poesía sin fronteras)

 

Antología bilingüe

 

Selección y traducción: Steven F. White

Introducción: Roberto Forns-Broggi

 

Amargord Ediciones