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martes, 15 de octubre de 2024

MI MADRE DE GONZALO ESCARPA Y ALGUIEN LAS LLAMARÁ ESPERAS DE DAVID VEGUE EN PÁNICA TERCERA





 

 

 

 

MI MADRE

 

 

 

Mi madre quiere que le explique cómo

se puede amar en sólo dos semanas.

 

Mi madre de la guerra y de la hambruna

sólo ha oído hablar. Fue afortunada. Nada

 

le asusta más que un accidente, un quiebro

del futuro, la muerte de su hermana,

 

el paro, el cáncer, el azar, los malos

presentimientos. Pero en dos semanas

 

cómo se pude amar. Me ha sorprendido

estoy seguro un brillo en su mirada

 

de mujer todavía bella, herida

por la vida, cuando me preguntaba

 

en dos semanas, cómo se puede amar,

cómo se pude amar en dos semanas.

 

 

Gonzalo Escarpa

 

 

 

―――――――――――

 

 

 

ALGUIEN LAS LLAMARÁ ESPERAS

 

a Álex Chico

 

 

La máquina muy astuta del ojo que se cierra.

La nieve que en la boca acentúa la vida.

 

El otoño sin manos que es un prefijo.

El alma sin buques que es un lugar.

 

La voz que es un hombre perseguido.

Las almas que al irse con la voz son ya formas de ahorrar crepúsculos.

 

La manzana de las cosas infinitas que nace por su propia piel.

Los huesos torcidos de la nada y las tres manzanas azules de la luz.

 

La mirada que es un ángel suicida.

El espejo que es el último restaurante abierto.

 

Los señores de la mañana que son hijos de los señores del alma.

El orden del jardín odiando el orden de las sombras.

 

El hombre que necesita y es una fotografía.

El hombre que llora y es un juego en la mitad del viento.

 

Los anillos del verso. Afirmo

que las partes del cuerpo son los gritos del alma

 

(alguien las llamará esperas)

 

David Vegue

 

 

 

Pánica Tercera

VVAA

 

Editorial Delirio – Diputación de Salamanca

lunes, 14 de octubre de 2024

UN POEMA DE EDUARDO MOGA Y OTRO DE TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO EN PÁNICA SEGUNDA



 

 

 

Eduardo Moga

 

[TE ESPERABA EN EL ALAMBRE DEL DÍA…]

 

Te esperaba en el alambre del día, comiendo latidos, sofocando el

grito de los huesos. A veces, sin embargo, cuando las poleas levanta-

ban relámpagos y la noche sabía a almacén, callaba. Recordaba

 entonces las cosas pequeñas: la luna húmeda que encendía nuestros

pasos junto al muelle o las palmeras amarillas de Tozeur o aquel

lento cometa, sobre los montes caudalosos, a cuyo paso imaginamos

la vejez. Te esperaba, deshabitado, acariciando el tiempo.

 

Ahora que se ha endurecido tu imagen, no sé dónde guardas el pan,

dónde los quicios, las rodillas familiares, los ídolos de tu olor; he olvi-

dado cuándo regresarán tus manos. Aquí, mientras tanto, ascensores,

transeúntes, horas que escupen lágrimas.

 

Te esperaba. Hablábamos de cosas sencillas. E ingería la copa, los pezones, tu mínima tos. Después salíamos a cenar como si nos hubiera amenazado un ángel.

 

[Poema XIV de El corazón, la nada]

 

 

―――――――――――

 

 

 

Tomás Sánchez Santiago

 

 

 

No llaman al alivio por su nombre

los sueños que caen

en una cama conforme y movediza

a la vez, donde estalló el cristal del abandono.

Ésta que quiero ahora, ésta

que toco a tientas y escarbando

para encontrar las raspas finales de otro cuerpo

que detuvo la luz sobre las uñas

y propuso en la piel la huida hacia un pronombre.

Que no es conmigo.

 

Entra una muchedumbre y sus pinzas

finales en este corazón. Y todo cabe

y todo se reúne en una única página

que sólo aprende quien tacha

en la memoria las trampas de los nombres,

pero salva la música

de lo insólito, el compás sin aviso de la extrañeza

que cada ser posee hasta que le entra el lento

lengüetazo de una Norma.

Que aquí no nombraré.

 

(El que desordena, libro inédito)

 

 

 

Pánica Segunda

VV.AA.

 

Editorial Delirio – Diputación de Salamanca