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sábado, 8 de enero de 2022

UN POEMA DE EL AMOR EN LA ERA DEL BIG DATA DE RODRIGO GARRIDO PANIAGUA

 

 

 

 

El paisaje que hoy observamos en las televisiones, te digo,

parece recién diseñado por los mejores creadores de videojuegos de

guerra.

 

El fuego de los neumáticos,

enfurecido por titulares de prensa que nos hablan de terrorismo y trai-

ción.

 

La democracia que no levanta ya ninguna pasión entre los jóvenes.

 

Interferencias en los satélites de telecomunicaciones que acuden a

nuestra mirada como las piedras a los escaparates de las boutiques.

 

Nuestro amor

que corre el peligro de adquirir la textura hiperrealista de un pésimo

telefilm de sobremesa.

 

¿Cómo enseñar, entonces, el holocausto

si existe en todo acto de violencia un falso alivio de superioridad?

 

¿Cómo aceptar la corrupción como algo corriente que ensucia la hon-

dura de los días?

 

¿Y cómo hablar de amor a mis alumnos

si en torno a la catástrofe gira toda la construcción de la realidad?

 

Igual que si estuviéramos siendo atacados por virus procedentes de

páginas web no seguras, el ruido distorsiona las imágenes de nuestras

vidas.

 

La visión más hermosa que hemos tenido en el día de hoy ha sido la

de un hombre solo llorando en el interior de su coche.

 

Sonreímos como aquellos que presienten que han despedirse de

todo lo que aman.

 

Tememos desaparecer diluidos entre las perturbaciones que en nues-

tra mente provocan los programas de telerrealidad.

 

Hay miedo en cada una de las decisiones que tomamos.

 

La noche se ha vuelto densa igual que la superficie de las pantallas

apagadas de un gran centro comercial.

 

Del pavimento, se evapora un silencio parecido al vacío que atrapa a

una civilización después de presagiar su futuro.

 

Un coche de policía patrulla por los recovecos más oscuros de los par-

ques.

 

Las ondas de los radioaficionados se mantienen vigilantes ante cual-

quier imperfección humana que altere la convivencia.

 

El amor parece empequeñecer en esta idea de mundo global.

 

Cierra los ojos

y una multitud dentro de mi cabeza dice constantemente tu nombre.

 

Nadie desea estar a solas consigo mismo por miedo a no poder sopor-

tar la ansiedad que se despliega sobre las horas.

 

No soy capaz de afrontar la incertidumbre que me abraza en esta era

preapocalíptica.

 

Mi felicidad no sólo depende de mí.

 

Hablo tanto del amor porque tu compañía hace de este mundo aún un

lugar hermoso.

 

 

 

Rodrigo Garrido Paniagua

El amor en la era del big data

 

Editorial Difácil


viernes, 31 de agosto de 2018

EL ASOMBRO DESNUDO UN POEMA DE RODRIGO GARRIDO PANIAGUA




EL ASOMBRO DESNUDO



Mi cuerpo es una manzana caída un árbol,
y su trayectoria
la edad
irreparable que voy cumpliendo.

Como quien no renuncia
a la memoria
de un viejo amor,
insisto en aquello que se escapa de las manos:

el asombro,
por ejemplo,
con que cada año recibimos la llegada de las estaciones.

Desnudos
podríamos aproximarnos durante un instante
a nosotros mismos,

volver al reino inconquistable de las piedras.

Lentamente,
las extremidades de los días.

¡Qué inédito milagro este extenso y firme amanecer!


Rodrigo Garrido Paniagua
El silencio del hombre sin otro hombre


miércoles, 10 de mayo de 2017

PRESENTACIÓN EN BILBAO DE LA PRIMERA VEZ QUE VI UN ANIMAL MUERTO DE RODRIGO GARRIDO




"Dice Gonzalo Rojas en Adiós a Hölderlin que ha volado el esperma del asombro. Que ya nadie tiene la mirada abierta al milagro en nuestro tiempo de posesiones. La poesía de Rodrigo viene a llevarle la contraria, sus versos están fecundados por el esperma del asombro. Y a la vez por el pasmo aterrador de nuestro acabamiento individual. Que estamos aquí de milagro y que sin duda nos iremos. Es Rodrigo un vitalista trágico, y sus versos son una equilibrada aleación de himno y elegía, celebración y condena."

Jacob Iglesias

Louise Michel Liburuak es una librería feminista, crítica y alternativa. Está en Elcano 27 Kalea Bilbao 






lunes, 8 de mayo de 2017

CUATRO POEMAS DE LA PRIMERA VEZ QUE VI UN ANIMAL MUERTO DE RODRIGO GARRIDO PANIAGUA






EXTRAÑAMIENTO

Basta con una imagen desdoblada de uno mismo,

como quien,
incorrupto,
se observa en los escaparates,
como quien en su propia radiografía
presencia,
de la vida,
su mecanismo increíble.

Es en la distancia donde aflora
la perplejidad cándida del hombre.

En este mundo,
comprendo,
me pertenece un espacio.




EL TEMBLOR DE EXISTIR

Es lo excepcional,
la vida,
un paréntesis caprichoso
que nos salva,
brevemente,
del largo anonimato de la ausencia.

Soy incapaz de imaginar el lugar
que uno ocupa antes de nacer,

por eso ahora temo.

Observo a las personas que como yp
poseen un nombre:

la nada
es el principio y el fin
de esta identidad pasajera




ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Como el kamikaze que masculla una oración,
confío en acertar de lleno con la vida.

La felicidad
de la carne
apenas nos roza con sus labios inocentes
y el tiempo es un amante rápido y descorazonador.

No quiero volver a taparme los ojos con las manos.

En otro lugar,
alguien como yo,
acaricia ya
el color dormido de la ceniza.




ANTÍDOTO

De los senos del cielo
brota
una galaxia blanca.

Proclamo la divinidad
de estas noches
en que las estrellas parecen
ojos muy abiertos.

Abrazados
sobre la juventud leve,
el mundo es un regalo sin abrir.

Le he cogido cariño a esta vida:

muerdo tus pechos
para ser inmortal.


Rodrigo Garrido Paniagua - La primera vez que vi un animal muerto - Editorial Difacil



sábado, 27 de agosto de 2016

POMPEYAS

Otras ruinas, Empúries, abril de 2013 por Pablo Müller



POMPEYAS

 

«He visto imágenes de Pompeya»

Rodrigo Garrido Paniagua

 

Llevaba un jersey de cuello alto, cuando visité Pompeya,

todos los que me acompañaban ahora están lejos,

algunos hace años con los que no tengo palabras

para cruzarnos,

puedo sentir el tacto de la lana en el cuello,

la media sonrisa de silencio con la que recorríamos las ruinas,

el olor de ese mar cómplice, implacable.

 

Luego llegarían otros volcanes y accidentes de tráfico,

a nuestras vidas,

otros restos con los que componer

el escenario abierto

de este paseo.

 

 

«un poema es un conjunto de ruinas, pero esas ruinas son pulsiones del idioma; pertenecen a la imaginación y desde ahí emiten sus señales, que son deseos de escritura —esas ruinas somos realmente nosotros mismos navegando y naciendo a la vida—»

Chus Pato