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martes, 1 de abril de 2025

UN POEMA DE LOS HIJOS DE LOS HIJOS DE LA IRA DE BEN CLARK

 






II



«Hijos de la bonanza», nos llamaban.

Los que no conocieron ni la hambruna

ni las agudas larvas de estridencia

chillando en el oído por las bombas.

Y cuando nuestras piernas, tan delgadas,

caían y sangraban porque el parque

era de un hormigón armado y frío,

se quedaban callados, observando

nuestro llanto con un gesto de sorna.


Debíamos vivir y dar las gracias

por la ocre rozadura en la garganta

que provocaba el aire al refugiarse.

Agradecer las flechas de las nubes

y que un fango lechoso a nuestros pies

―en un último gesto agonizante―

le mordiera las botas al progreso.

¿Y cómo agradecerles la alegría?

La risa provocada por los hombres

inocentes del mar

cuando se encaminaban hacia el río

dispuestos a bañarse entre excrementos.


También estaba el tedio

de tener que explicarles a los niños

palabras como pueblo indio, oso

pardo, ballena azul o lince ibérico.

Pero esto eran minucias, sacrificios

en nada comparables al sufrido

por aquellos que ahora nos decían

hijos de nuestra sangre, tan severos.


Aunque, a veces, es cierto, no fue fácil,

simplemente intentamos ir viviendo.

Haciendo caso omiso a los escrúpulos,

al vacío que moraba en nosotros,

hijos de la bonanza;

los hijos de los hijos de la ira,

herederos de todos los despojos.




Ben Clark

Los hijos de los hijos de la ira


Editorial Delirio


sábado, 23 de noviembre de 2024

LUIS FELIPE COMENDADOR NO PASA NADA SI A MÍ NO ME PASA NADA



 

 

 

Dios es toda la vergüenza del hombre.

 

La satisfacción mayor del deber cumplido es que ya no es deber.

 

El mayor escándalo de la existencia de Dios es la justa existencia del Diablo.

 

La Historia olvida al hombre para hablar de los hombres.

 

Al futuro solo se le puede saciar con muertos.

 

La gracia más católica se consigue a hostias.

 

El ocio es un fin depravado con el que conseguir un hombre dócil.

 

Justo donde se acaba el tiempo es donde alumbra la poesía.

 

Sonríele al empedrado de tu calle cada mañana, pues te soporta y no se queja.

 

Los ángeles caídos ya no tienen mal de altura.

 

Cuando digo «nunca», no me gustaría que entendieses «jamás».

 

No es lo mismo construir para la vida que construir para la eternidad. Quien construye para la vida es un hombre bueno para la vida; quien construye para la eternidad es un hombre terrible para cuanto le rodea.

 

La ceniza es la verdad del fuego. Huye de la llama, amigo, que deslumbra y miente.

 

La inspiración es tan extraordinaria porque está fuera de toda voluntad.

 

Los ángeles desfilan al paso de la oca.

 

 

 

Luis Felipe Comendador

No pasa nada si a mí no me pasa nada

 

Editorial Delirio


 

viernes, 18 de octubre de 2024

TRES POEMAS DE ANTONIO ORIHUELA EN MADERA DE UN SOLO ÁRBOL CUADERNO DEL NEPAL

 



 

 

 

XXXII

 

 

El niño tísico se llama Simón

y habla cinco idiomas, los cinco unidos

por la cinta de goma de sus sandalias.

 

En newari nos canta las gestas de su pueblo,

empapado bajo la lluvia,

repitiendo

 

it’s nothing, it’s nothing…

 

qué lejos para Simón

la universidad,

las medicinas

de esta farmacia de aquí al lado…

 

carraspea y de nuevo vuelve a cantar,

dodecafónico y roto,

 

―igual que aquella niña de la calle del Sol,

en comba única―

 

el romance eterno

de una condesa que pronto

será viuda.

 

 

―――――――――――

 

 

XXXIII

 

 

Luna de Shirat.

 

Vano es vuestro empeño, gobernantes.

Aunque os gastéis todo el presupuesto en fotos,

aún os aventaja

 

la luna de Shirat,

 

gratis, indiferente y, en verdad,

para todos.

 

 

―――――――――――

 

 

XXXIV

 

 

¡Papa, toros!

 

No, no.

Mira, el golfo Pérsico,

los cráteres de la luna,

la cueva del hechicero de Lascaux…

 

un desconchado en la pared del mundo

o tu boca, mi niña,

extendida entre todas las ilusiones,

 

mi esperanza.

 

 

 

Antonio Orihuela

Madera de un solo árbol

Cuaderno de Nepal

 

Editorial Delirio


martes, 15 de octubre de 2024

MI MADRE DE GONZALO ESCARPA Y ALGUIEN LAS LLAMARÁ ESPERAS DE DAVID VEGUE EN PÁNICA TERCERA





 

 

 

 

MI MADRE

 

 

 

Mi madre quiere que le explique cómo

se puede amar en sólo dos semanas.

 

Mi madre de la guerra y de la hambruna

sólo ha oído hablar. Fue afortunada. Nada

 

le asusta más que un accidente, un quiebro

del futuro, la muerte de su hermana,

 

el paro, el cáncer, el azar, los malos

presentimientos. Pero en dos semanas

 

cómo se pude amar. Me ha sorprendido

―estoy seguro― un brillo en su mirada

 

de mujer todavía bella, herida

por la vida, cuando me preguntaba

 

en dos semanas, cómo se puede amar,

cómo se pude amar en dos semanas.

 

 

Gonzalo Escarpa

 

 

 

―――――――――――

 

 

 

ALGUIEN LAS LLAMARÁ ESPERAS

 

a Álex Chico

 

 

La máquina muy astuta del ojo que se cierra.

La nieve que en la boca acentúa la vida.

 

El otoño sin manos que es un prefijo.

El alma sin buques que es un lugar.

 

La voz que es un hombre perseguido.

Las almas que al irse con la voz son ya formas de ahorrar crepúsculos.

 

La manzana de las cosas infinitas que nace por su propia piel.

Los huesos torcidos de la nada y las tres manzanas azules de la luz.

 

La mirada que es un ángel suicida.

El espejo que es el último restaurante abierto.

 

Los señores de la mañana que son hijos de los señores del alma.

El orden del jardín odiando el orden de las sombras.

 

El hombre que necesita y es una fotografía.

El hombre que llora y es un juego en la mitad del viento.

 

Los anillos del verso. Afirmo

que las partes del cuerpo son los gritos del alma

 

(alguien las llamará esperas)

 

David Vegue

 

 

 

Pánica Tercera

VVAA

 

Editorial Delirio – Diputación de Salamanca

lunes, 14 de octubre de 2024

UN POEMA DE EDUARDO MOGA Y OTRO DE TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO EN PÁNICA SEGUNDA



 

 

 

Eduardo Moga

 

[TE ESPERABA EN EL ALAMBRE DEL DÍA…]

 

Te esperaba en el alambre del día, comiendo latidos, sofocando el

grito de los huesos. A veces, sin embargo, cuando las poleas levanta-

ban relámpagos y la noche sabía a almacén, callaba. Recordaba

 entonces las cosas pequeñas: la luna húmeda que encendía nuestros

pasos junto al muelle o las palmeras amarillas de Tozeur o aquel

lento cometa, sobre los montes caudalosos, a cuyo paso imaginamos

la vejez. Te esperaba, deshabitado, acariciando el tiempo.

 

Ahora que se ha endurecido tu imagen, no sé dónde guardas el pan,

dónde los quicios, las rodillas familiares, los ídolos de tu olor; he olvi-

dado cuándo regresarán tus manos. Aquí, mientras tanto, ascensores,

transeúntes, horas que escupen lágrimas.

 

Te esperaba. Hablábamos de cosas sencillas. E ingería la copa, los pezones, tu mínima tos. Después salíamos a cenar como si nos hubiera amenazado un ángel.

 

[Poema XIV de El corazón, la nada]

 

 

―――――――――――

 

 

 

Tomás Sánchez Santiago

 

 

 

No llaman al alivio por su nombre

los sueños que caen

en una cama conforme y movediza

a la vez, donde estalló el cristal del abandono.

Ésta que quiero ahora, ésta

que toco a tientas y escarbando

para encontrar las raspas finales de otro cuerpo

que detuvo la luz sobre las uñas

y propuso en la piel la huida hacia un pronombre.

Que no es conmigo.

 

Entra una muchedumbre y sus pinzas

finales en este corazón. Y todo cabe

y todo se reúne en una única página

que sólo aprende quien tacha

en la memoria las trampas de los nombres,

pero salva la música

de lo insólito, el compás sin aviso de la extrañeza

que cada ser posee hasta que le entra el lento

lengüetazo de una Norma.

Que aquí no nombraré.

 

(El que desordena, libro inédito)

 

 

 

Pánica Segunda

VV.AA.

 

Editorial Delirio – Diputación de Salamanca


 

jueves, 16 de diciembre de 2021

VIERNES 1 UN POEMA DE GUERRA DE IDENTIDAD DE DÉBORAH VUKUŠIĆ

 


 

 

 

¿No os da vergüenza ventilar

cuestiones particulares estando

como está sufriendo la ciudad?

 

Edipo Rey

 

 

viernes 1

 

los poetas

hablaban sobre el rumor

del día a día sobre el lento

transcurso de los años

que se necesitan

para la reconstrucción

y el precio del saber

o del poder vivir

siendo lo más honesto posible

 

buscaban puntos de encuentro

definían sutiles formas

de medida para la realidad

eran felices a su manera

 

cuando de la nada

nació la manifestación

en contra de la entrada

en la unión europea

 

los poetas

20 años más tarde

volvieron a callar

 

mi tío boris dice en francés

promajna es un pueblo maldito

en todas las casas

conviven dos generaciones

enfrentadas entre sí

mi tío insiste en inglés

promajna es un pueblo maldito

todos los años invierto mucho dinero

en restaurar la casa

y todos los años

la pintura se levanta

la madera se quiebra

y los tornillos saltan

mi tío dice en inglés y en francés

que la casa de mis abuelos

frente a la playa

está hechizada y que

promajna es un pueblo maldito

 

sueño con la casa de mi infancia

busco postales y no las encuentro

son de otros lugares

veo a la señora del kiosko

en el que compraba tabaco de mayor

y unos muñequitos con pinzas de pequeña

marijan

se llamaba marijan

y me inspiraba una paz profunda

a pesar de saber que estaba

enamorada de mi padre

habla con signos y se ríe

un chico con aletas de buceo

que camina hacia atrás

dos niñas de pelo corto

y yo bordeamos la playa

las niñas no tienen cuerpo

son esqueletos sin cara

son iva e ives

que trepan a las ramas de los pinos

y me observan estáticas desde allí

a cámara rápida

se construyen casas blancas

hasta copar la costa

me sumerjo en el agua

para huir

hacia el atardecer

hacia ese sol naranja

el más grande que he visto en mi vida

y vuelvo a tener ocho años

y vuelvo a querer a mi padre

 

 

 

Déborah Vukušić

Guerra de identidad

 

Editorial Delirio