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viernes, 12 de septiembre de 2025

BELÉN GOPEGUI DURÁN TE SIGUEN

 





IG3 de AMX

Jueves, 06.30



Nos interesan los dilemas comunicativos. Uno de los más conocidos es el doble vínculo. Se produce cuando una persona, o también, por qué no, una empresa u otra institución, emite dos mensajes contradictorios e imposibles de satisfacer por quien los recibe: «Me gustaría que fueras más espontáneo», o «Es que nunca das una sorpresa». La persona que escucha queda bloqueada: no puede planear un acto espontáneo, tampoco puede dar una sorpresa pues ta no será una sorpresa sino la obediencia a una petición, y en ambos casos temerá el reproche implícito: no lo estás haciendo porque te salga, sino que he tenido que pedírtelo.

Nuestra corporación emite a gran escala mensajes de doble vínculo, entre otros: «Tienes que disfrutar» pero ¿cómo va a ser disfrute obligatorio?, una variedad del «Relájate», «Sé tú mismo», «Cumple con el mandato de no cumplir el mandato».

Quizá no lo saben pero el segundo frente abierto por la organización de Casilda ataca nuestras estrategias de doble vínculo, en concreto una que llamaríamos: «Honra las concepciones éticas que has elegido». ¿Dónde está lo contradictorio en ese aserto, dónde el dilema, cabría preguntar? Está en lo que no se dice: «Hay que y a continuación, pongamos tratar a las personas como fines y no como medios», cosa que, se sabe, no se hará dadas las actuales circunstancias porque quien lo desea no puede hacerlo, y quien puede no lo desea.




Belén Gopegui Durán

Te siguen


Random House


lunes, 30 de junio de 2025

FRAGMENTO INICIAL DE LA VEGETARIANA DE HAN KANG

 






Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. No era ni muy alta ni muy baja, llevaba una melena ni larga ni corta, tenía la piel seca y amarillenta, sus ojos eran pequeños, los pómulos algo prominentes, y vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal. Calzada con una zapatos negros muy sencillos, se acercó a la mesa en la que yo estaba sentado con pasos que no eran ni rápidos ni lentos, ni enérgicos ni débiles.

Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular. Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas. No hacía falta que me mostrara culto para atraer su atención ni tenía que darme prisa para llegar a tiempo a nuestras citas. Tampoco había razón para que me sintiera menos cuando a solas me comparaba con los modelos que aparecían en los catálogos de moda masculina. Ni mi barriga, que había comenzado a abultar a partir de los veintitantos, ni mis delgados brazos o piernas, que no ganaban músculo a pesar de los esfuerzos que hacía ni siquiera mi pequeño pene, que era la causa de un secreto complejo de inferioridad, me preocupaban lo más mínimo cuando estaba con ella.




Han Kang

La vegetariana


Traducción de Sunme Yoon


Random House

martes, 4 de enero de 2022

UN FRAGMENTO DE EXISTIRÍAMOS EL MAR DE BELÉN GOPEGUI

 

 

 

 

«Ocurre en un momento de la biografía, no siempre es pronto, no siempre tarde: ocurre que se deja de creer en los propósitos. Sin nihilismo, sin caer en el absurdo. Levántate, brazo, y el brazo sigue obedeciendo. Sal de la cama, cuerpo, desayuna, métete en el metro, atraviesa el umbral de tu oficina, siéntate, trabaja. Y el cuerpo sale de la cama, desayuna, se desplaza, trabaja. Sin duda el cerebro también es cuerpo. El cuerpo se autoordena; hacer del entendimiento, o de la mente o del cerebro, un personaje no es más que un modo de hablar. Se producen propósitos y glóbulos rojos. Ahora bien, si la vida promedio de un glóbulo rojo es de entre cien y ciento veinte días, la del propósito está por determinarse. Nadie, en todo caso, duda de que los propósitos existen incluso cuando se deja de creer en ellos. No es su existencia lo que se pone en cuestión sino, vale decir, su puntería. Qué poco aciertan a menudo los propósitos. El grado de desacierto parece estar ligado a su tamaño tanto como a su duración. Entre lo que quisimos hacer y lo que finalmente hicimos, qué barrancos, qué averías, qué tremenda distancia, qué insensateces».

 

 

 

Belén Gopegui

Exitiríamos el mar

 

Penguin Random House