DESEO escribir
a medida que se consume el
tiempo
pues la continuidad nunca se
atisba,
y cualquier refugio parece
inalcanzable.
(«[Deseo escribir]»)
DENBORA ahitzen den eran
idatzi nahi dut
ezeren segida beti asmakizun
delako
eta babesa somaezina.
(«[Denbora ahitzen den eran]»)
EN GENERAL, la primera versión
del poema es bastante natural, se va desarrollando según la escribo
en el cuaderno y hasta las cesuras surgen en la escritura. A partir
de una idea primera (un paisaje, una estampa, una sensación) pueden
surgir varios poemas.
La idea del libro necesita
tanto de la inspiración como del método. Necesitas de la
inspiración cada vez que retomas un poema y relees el libro ya como
lectora. Necesitas de otro tipo de atención y reflexión cuando lo
corriges y lo intentas inscribir en su viaje futuro, cuando intentas
hacerlo fluir dentro del cauce del libro.
Tere Irastortza
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ABRIGO:
tántas veces poco
para la nieve no
caída.
Defensa:
nube simple
cruzándose en
algo de alma.
(«[Abrigo]»)
NO SE me olvidan dos versos
mínimos de Rafael Cadenas que dicen: «Poema, / apártame de ti».
Intento comprender hasta qué punto la práctica poética empieza por
este momento de cesura o desgarro, de distanciamiento un tanto
inclusivo en el sentido brechtiano, o de diferencia entre poema y yo
en el sentido de que un espacio se abre ahí y la vivencia lírica se
inter-pone en un espacio en cierto modo diferido, en el espaciamiento
o espacio libre. Este espacio libre (como entre líneas)
tiene que ver con la inminencia o vibración de un lapso o pausa o
inter-rupción del (orden del) discurso. La subjetividad está desde
luego implicada, pero también en cuanto que una zona de lo que
ocurre entonces afecta también a una cierta de-subjetivación, o
no-sujeción.
En
otras palabras, es como si el poema jugara el papel del otro, de lo
otro, donde la soledad del yo-sujeto se encontrara con una alteridad
que lo despliega y lo distancia de sí. Esta distancia de sí no
tiene por qué ser un olvido o un rechazo pero sí la apertura de un
lugar de paso, de ida y vuelta, un in-between,
donde la singularidad o soledad interpela lo común. Es al tiempo
interpelado por esa sensación de salida o desvío con respecto a lo
estrictamente personal o íntimo, a lo qque se supone que me
pertenece solamente a mí. Está siendo letal, a día de hoy, la tan
cacareada identificación entre poema y
poeta en la que se
basa la ideología moderna occidental, con ese toque individualista
que además le aporta la expansión del neoliberalismo como forma
natural de ver las cosas… En la anonimia de la lírica popular
reside todavía una invitación a
entender mejor cómo la función crítica de la lírica quizá se dé
en esa tensión sin nombre entre lo personal y lo impersonal, entre
soledad y común, que es justamente lo neutralizado por la hegemonía
del poema concebido como selfie.
Antonio Méndez Rubio
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TE TENGO todo marcado
como un yacimiento
arqueológico.
No es extraer los restos de
ti lo que persigo
―ruinas de una ciudad
tallada en la arenisca―
lo que quiero es penetrarte
taladrar la piedra de tu
cuerpo
y este sexo cóncavo
se vuelve inútil para mi
deseo.
Cavo en tu ombligo para
entrar por el flujo de tu sangre.
Vacío mi espíritu como aire
en tu boca
y te observo respirarme.
Ya sé que no necesito piel
para tocarte
no es eso
lo que yo quiero es hacerme
una cueva en tu cuerpo.
Flexiono tus rodillas bajo
mis axilas
como los brazos de un
taladro.
Las aceras que rompo
son las de tu calle.
Con mis pestañas barro
el polvo que levanto de tu
frente
y no me detengo hasta que aoy
tú
y tu sexo es el mío hasta
que soy yo
quien está dentro.
(«[Te tengo todo marcado]»)
PUEDO saber dónde quiero
buscar, pero no adónde me va llevar esa búsqueda. Escribir poesía
es mi forma de pensar. También es una manera de estar en el mundo.
Claro que, si no estoy conmigo, si no puedo entrar en contacto y
relacionarme con las cosas, no puedo escribir. Son necesarios un
estado de atención y una actitud insumisa para poder acceder a ese
lugar donde la escritura se da.
Miriam Reyes
Poetas en construcción
Entrevistas y poemas
Varios autores
Edición de Misael Ruiz
Animal sospechoso editor