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jueves, 4 de mayo de 2023

POETAS DE JULIA NAVAS EN OMBLIGOS Y UNIVERSOS

 

 

 

 

Poetas

 

 

 

Juventud, divina petulancia.

Poetas de metáforas,

de palabras esdrújulas.

Rémoras del pasado

que no dicen nada,

que no arañan

ni escupen y desfilan

sobre pasarelas

de terciopelo.

 

Quiero versos que rujan,

que pellizquen el alma

desde la insolencia

y la humildad,

si eso puede ser

que lo es―.

 

Quiero poetas hirientes

que me arrastren

como el mar

en un día de resaca.

 

Quiero que me den

el viento y la bilis

con un vuelco

inesperado y brutal

al sentido de las cosas,

de la vida.

 

Sin encaje ni orlas.

Sin barandillas

ni alfombras

que acomoden y protejan.

 

Quiero asonancias

en consonancia.

Música oculta y el ritmo

que marca el mensaje.

Envolventes

como un beso,

como una caricia

recorriendo centímetros

de tu espalda

y mi estrofa.

 

 

 

Julia Navas Moreno

Ombligos y Universos

 

Canalla Ediciones


jueves, 21 de septiembre de 2017

TERAPIA UN POEMA DE EMMA CABAL DE LA MUJER QUE TENGO MÁS A MANO





TERAPIA

I

Nos conocemos desde hace tiempo.

Hubo una época en que venía a verme
todas las tardes
y yo la odiaba.
Quería siempre llevarme
al hospital. A veces, yo le hacía caso
y la acompañaba.

Poco a poco fue espaciando
sus visitas.
.
Pero casi fue peor,
porque se presentaba entonces
de forma inesperada
e inoportuna
Y me pillaba con la guardia baja.
Y me vencía.
Siempre.
Hacía de mí lo que quería.
De pronto un día se fue. Sin más.
No apareció durante casi una década.
Jamás la eché de menos.
También es verdad que sabía
que no se había ido para siempre.

Ahora viene alguna vez,
como esas amigas del colegio
con las que quedas a comer un día al año.


Me la encontré el ocho de marzo
en la estación del tren.
Me saludó y yo hice
como que no la veía
y seguí leyendo mi libro.
Llamé por teléfono a mi amor,
y le dije:
está aquí, conmigo,
pero no quiero hacerle caso;
háblame de algo”,
mientras ella me pellizcaba
y me daba golpecitos en la nuca.
Subí al tren y ella me empujó fuera
en la siguiente estación.
Pero no quise acompañarla,
esta vez no;

fui a habar un rato con mi madre,
tomé una tila,
y luego a trabajar.

Ella se esfumó.

Estaba claro que iba a vengarse.
Estaba claro que tenía que atacarme
desnuda y de noche,
porque sabe que, si la veo venir,
soy capaz de espantarla.

Así que me despertó de golpe
a las tres de la mañana,
me sacó de la cama,
me hizo llorar y gritar,
vestirme y desvestirme,
caminar y sentarme...

Tres cuartos de hora tardaron dos orfidales
en dominarla.

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo.
Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo.

Y eso que nos conocemos desde hace tiempo,
la locura y yo.

II

No es locura, es la vida
que muerde,
pero ya no puede conmigo,

me cogerá una hora
y podrá dejarme
hecha una mierda
dos días,
pero ya es mía
la muy puta,

la metí en versos y no le doy
la espalda.

No es más fuerte que yo.



Emma Cabal – La mujer que tengo más a mano