domingo, 25 de octubre de 2020

DÍPTICO UN POEMA DEL TÉ DE MAMEN SOLANAS

 

 

 

DÍPTICO

 

 

 

I

 

No adecúes las formas. Si han de

quebrarse, libres,

si no es un puzzle ¿cómo decir? estos

días ni tan siquiera un Tetris

que requiere más esfuerzo

(o más prisa).

Puede ser precioso el estallido

y el instante más paciente.

 

 

 

II

 

 

Paciente es el instante y paciente

el olor y la forma de mi mano,

paciente es la montaña con la lluvia

que la habita. Así que cuando te hablo de

paciencia

no pienses que es retenerse el hambre

o tragar deprisa

sino recorrer las ganas

irreprensibles.

No responder ni responderse en el umbral

a las preguntas

sino

andar más al fondo, más al fondo.

 

 

 

Mamen Solanas

Poemas del té

 

Laboratorio Editorial Astrolabio


 

sábado, 24 de octubre de 2020

MISERICORDIA ES EL NOMBRE DE UNA PLAYA UN POEMA DE COMPRO ORO DE VIOLETA NIEBLA

 

 

 

 

Misericordia es el nombre de una playa

 

 

 

Tengo la imagen reciente de mi madre sentada,

la imagen de hoy:

mi madre sentada en una roca de la playa,

mi enorme madre.

 

Hemos dado un paseo por la orilla,

la he llevado en coche hasta una playa vacía,

le hemos tirado piedras a la perra,

hemos caminado muy despacio por la orilla.

 

He hablado a ratos de forma casi compulsiva sobre mis

problemas, mis diminutos problemas.

Ella me ha escuchado

y, sin quitarse las gafas de sol, he intuido una mirada

de ojos azules,

ojos azules casi grises.

 

La playa estaba vacía porque hacía mucho viento

y no hacía calor.

Hemos tenido suerte de quedar un día con mal tiempo

porque así estábamos solas,

muy solas.

Y, después de mucho rato callada,

después de algunos silencios míos,

con un hilillo de voz me ha dicho:

a ver si el viento nos trae un poco de suerte.

 

 

 

Violeta Niebla

Compro oro

 

Letraversal


viernes, 23 de octubre de 2020

TRES POEMAS DE CUADERNO DE LABORATORIO DE CARMEN RAMOS

 

 

 

 

VIII

 

 

 

Emily Dickinson ha abierto la verja de su casa en Amberst.

 

Virginia Woolf ha comenzado a vaciar sus bolsillos de piedras.

 

Alfonsina Storni se ha dado media vuelta y camina hacia la orilla.

 

Alejandra Pizarnik ha guardado el tarro de Seconal en el cajón.

 

Anne Sexton ha quitado la llave de contacto de su coche.

 

Sylvia Plath ha cerrado ha espita del gas.

 

Marina Tsvetáyeva se ha bajado de la silla.

 

Frida Khalo pide su cama con ruedas.

 

Elizabeth Bishop jura que es abstemia.

 

Todas han vuelto para patear sus penas.

 

 

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XIV

 

 

 

Cuando hablas de la madre muerta, hablas de mi madre.

Cuando hablas de los golpes en su costado, hablas de mi madre.

Y hablas de mi madre también cuando hablas

de la que tuvo que irse de su casa, de la desahuciada,

de la que hablaba sola por la calle,

de la enferma, de la achicharrada.

Hablas de mi madre, poeta sentado en tu escritorio,

con tu bolígrafo de la suerte, con tu musiquita cool,

hablas de mi madre y de todo lo que no sabes

como si supieras, como si hubieras odiado

a este desequilibrado mundo, como yo lo odié

mucho antes de tú compraras en el chino

un cuaderno de pastas floreadas.

 

 

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LA DEPENDIENTA DE BERSHKA

 

 

 

La dependienta de Bershka

no sabe quién era Nirvana

ni por qué Kurt Cobain se quitó la vida

en una buhardilla un día de lluvia.

 

Aunque mañana tiene que colocar

en la primera batea a mano derecha

una pila de camisetas con su logo,

ella no sabe quién era Nirvana.

 

No le suena de nada.

Pone cara de póquer cuando le pregunto

y ataca por el interfono:

“Vanessa tú conoces la referencia de la camiseta de…”

 

Y me interroga con la mirada

y yo le repito “Nirvana”

y le apunto que es blanca y negra

y me pregunta la talla.

 

Y yo me pregunto si no sabe

qué aquel verano bailar “Lithium”

—con los ojos cerrados,

con aquel vestidito de florecitas—

una y otra vez, una y otra vez

hasta que me dolían los pies

—más que el alma

más que el mismo dolor—

era la única playa habitable.

 

La dependienta de Bershka

me da la camiseta.

Doce euros, me dice la cajera.

 

Y yo me llevo mi revolución

—perfecta y doblada—

en una bolsa de plástico.

 

 

 

Carmen Ramos

Cuaderno de Laboratorio

 

Ilustraciones de Francisca Alfonso

 

Poesía Feroz


jueves, 22 de octubre de 2020

POEMA POLÍTICO DE ATRAVESAR EL AGUA DE TRACY K. SMITH

 

 

 

 

POEMA POLÍTICO

 

 

 

Si cada cortacésped se detuviera

al capricho, digamos, de un pensamiento egoísta

y entonces el de la izquierda

 

dejara su brazo flotar, revolviendo

el aire con ese amplio y lento gesto que bajo el agua

quiere decir ¡Hola! y ¡Oye, Tú!

 

dirigiéndose al que está a más de una milla

a la derecha. Y éste fuera a hacer una pausa en su trabajo,

atrapando esa llamada por deseo puro, y enviara así

 

de vuelta su propia lenta danza de un brazo solo

queriendo decir ¡Sí! y ¡Aquí! Como enlazándose a

un solo nervio largo, recordando antes

 

su herramienta y podando otro lenguaje

en la tierra, dejando pasar quién sabe cuánto

pasto hasta que otro pensamiento, o la necesidad de saber,

 

pueda hacer que se detenga y mire al otro nuevamente,

levantando su brazo como para decir ¿Todavía?

y ¡Oh!  Y entonces captara un destello de alegría

 

elevándose junto a esas otras piernas y estallando

en otro brillante ¡Sí! que por un momento oscila

en el aire oscurecido, su trabajo los traerá

 

hasta el mejor momento de la noche, cada quien cortando hacia

adelante y retrocediendo para doblar, luego levantado la mirada para alcanzar

a ver su eco, procurado y sostenido

 

en ese instante de mutuo entendimiento,

el Vaya y el Con Dios saliendo

cuando ambos se han volteado para ver el mar del Aún

 

y Despacio. Si ellos pudieran, y si aquello que brillaba

como un pez fuera a lanzarse de un lado a otro a través

de esa ancha distancia sin palabras, el día, aún si ha terminado,

 

jamás conocerá el dolor de concluir.

Si ellos lo pensaron, o lo pensarán, o siquiera medianamente quisieron

su trabajo —los zumbidos de los motores humanos

 

empujando entre la hierba, y la hierba, asistiendo

navaja tras navaja— tomaría una eternidad.

Pero amaría todo el tiempo que durara.

 

 

 

Tracy K. Smith

Atravesar el agua

 

Traducción de Andrea Cote

 

Vaso Roto


miércoles, 21 de octubre de 2020

TRES POEMAS DE TODOS LOS FEBREROS CADA DIECIOCHO DE FER GUTIÉRREZ

 

 

 

 

7.

 

Lo peor no fue estar allí de pie

mientras la herida daba lugar

a una ceremonia de irreconocible textura

 

lo peor llegó después

 

quedarse solo frente el espejo

cuando la luz ya no era suficiente

 

 

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18.

 

Muero todos los febreros

cada dieciocho

 

al despertar

 

de cada muerte

he aprendido a hacer un silencio en la piel

a dejar escapar un pedazo de mí

sin preguntar

 

y he llorado

 

de cada muerte

he llorado el tiempo

que tarda una flor en marchitar

 

una flor

o todo un jardín

 

 

a Carmen Framit Ayud

 

 

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42.

 

El poema como único escenario

 

vértigo

luciérnagas

pulso

 

todo puede suceder

afuera es ningún lugar

 

 

 

Fer Gutiérrez

Todos los febreros cada dieciocho

 

La Garúa Poesía


martes, 20 de octubre de 2020

EL HOMBRE DE MI VIDA UN POEMA DE MI PAREJA CALVA Y YO VAMOS A TENER UN HIJO DE LEGNA RODRÍGUEZ IGLESIAS

 

 

 

 

EL HOMBRE DE MI VIDA

 

 

 

Todas somos mujeres en la casa

La casa también es una mujer

Las puertas y las ventanas

La gata y la perra

La luna de allá afuera

La droga de los vecinos

Que vuela bajo la luna

Y entra por la ventana

Y me da náusea

La náusea también es una mujer.

 

Todas somos mujeres en la casa

Todas nos orinamos

Si aguantamos mucho las ganas

La novia entra en la casa

La gata sala a la yerba

La perra sale a la tierra

Desde la casa hasta la tierra

Todo es una mujer

La gana también es una mujer.

 

Alguna vez deseé

Cierto elemento que fuera

Diferente.

El pensamiento no es una mujer

Y el deseo tampoco.

 

Es obvio que se formará esto

En mis entrañas

Y que creciera tanto

Y que el verlo pesar apenas medio kilo

Me hiciera olvidar la casa

La tierra

Y la náusea-

 

 

 

Legna Rodríguez Iglesias

Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo

 

Ediciones Liliputienses