La angustia
La armadura de un libro
no te protege de la aguja.
La caricia hecha blindaje
tampoco te protege
de la enfermedad.
Entonces, ¿escribir para quién,
si no es para amparar a alguien?
Cae la lluvia ácida
y desmenuza los pensamientos
y funde la coraza.
La mala noticia
llega cada día a la misma hora,
siempre con los mismos contornos.
Escribo para abrigaros.
Y no funciona.
Entonces, ¿escribir para quién,
si no es para amparar a alguien?
Si no puedo ser antídoto
elijo ser la llama.
Escojo poner el dedo en la llaga
y apretar fuerte, apretar hacia dentro,
si no me dejáis ser
ni tirita, ni esparadrapo, ni gasa.
Escribiré para salvarme.
Menuda estupidez.
Esto tampoco.
Escribiré para no salvarme.
Voy mucho mejor por aquí.
Escribiré para dejar dicho
que voy a intentar no salvarme.
Si, así es.
Escribiré para dejar dicho
que intenté fracasar
y aun así,
no lo conseguí
y nadie me creyó
aunque tú lo has leído,
un día cualquiera,
y durante unas milésimas de segundo
―éstas― ha ocurrido de verdad.
Anna Gual
Las ocultaciones
Edición bilingüe catalán-español
Traducción de Joan de la Vega
Vaso Roto
ortzi-muga
un cuadro el mar los días
fácilmente las olas
más
lo enredado del tiempo
lo enredado del cielo
del cuerpo
las flechas sensoriales
y los peces
extraña lejanía
los efectos del mar
el azul el blanco
los contrarios
horizonte
tan grande tan pequeño
¿cómo atraerlo?
eso que no existe en su frontera
y en su oscuridad es todos los lugares
lo indivisible
con cadencia
con más
con más cadencia
nueva y olas sueltas
para deslizarlas al viento
y así es como quedan
cuando hago planes
cuando amo
pinceladas al viento
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ortzi-muga: horizonte (vasco)
no me retengáis palabras en ninguna escena de
ningún pintor
MIREN AGUR MEABE
Silvia López Ripoll
Todos los lugares
Godall Edicions
n a u f r a g i o
extrañas mi cuerpo ―los 65 kilos enteros acurrucados junto a ti,
una madeja enredada con la que nunca dejas de jugar.
extrañas mi cuerpo, una masa en la que puedes estampar
tus caricias como hechizos.
extrañas mi cuerpo, cubierto de mapas de brujas
que intentas descifrar,
mientras duermo desconfiada de espaldas a ti.
extrañas mi cuerpo, robándote tu calor
e irradiándolo como un ritual desde sí mismo,
buscando cuánto espacio queda todavía
para el combate de exhalaciones,
el mutuo apretón de dedos,
por todos los juegos que aprendimos como adultos.
extrañas mi cuerpo, pero no los cigarrillos baratos de bulgaria,
para consumirlo, para tener un descanso
durante la tesina,
en un cuarto siempre asfixiante,
donde vives a base de pan y kétchup,
donde cada tanto el alféizar de tu ventana está ocupado
por una instalación artística de botellas de cerveza apiladas,
que hablan varios idiomas, justo como yo.
extrañas mi cuerpo, el peso que de buenas amarras
con tu brazo, disfrutando con brevedad la carga y el dolor de amar.
es solo un naufragio,
¿lo sabes?
Paula Ćaćić
Paisaje personal
(edición bilingüe)
traducción del croata de Miguel Roán
La Tortuga Búlgara
DORADO LAUREL, HOJA QUE CAE
Entra
por la quebrada
suelta
vana nombradía.
Sal
por su envés secreto desvelado.
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En la feria,
hermosos jóvenes,
como reses,
cantan su esplendor
sin necesidad de poetas.
Están éstos más acá,
escrutando las vísceras
de su propia vida.
Cansado de designios,
he sacudido la nieve de mi cabeza
y una brizna de hierba
he puesto entre mis labios,
desesperadamente.
Antonio Orihuela
Narración de la llovizna
Ediciones de Baile del Sol
Esa línea está muerta.
Así solía regañarme, con una voz cálida, irrebatible precisamente por su calidez. Yo, que había trazado esa línea muerta, que había estado muerta mientras trazaba esa línea, lo miraba a los ojos, a aquellos ojos increíblemente vivos. Sin decir una palabra, ambos apartábamos la mirada de aquellos fugaces instantes de terror y plenitud extremos, mezclados con miedo y dolor.
«Lo sé -había dicho Inju-. Sé lo de vosotros dos, lo sé todo».
¿Qué sabía y hasta qué punto? ¿Sabía cuán difíciles y lentos habían sido los inicios? ¿Sabía lo tímidos y apasionados que habíamos sido los últimos diez días? ¿Sabía que nos besábamos sin cesar en medio del taller a oscuras, como un par de pájaros que se buscan las partes más blandas, como frotando una cerilla con mano temblorosa para que saltara la chispa?
Había momentos en que no podía creerlo. Más bien, no lo creí nunca. No podía creer que de la nada hubiera nacido todo; que nuestros corazones, que latían con furia, estuvieran en realidad vacíos, que nuestros labios secos, las manos temblorosas y nuestras mejillas, calientes como la corteza del pan recién sacado del horno, eran algo que nunca existiría, que no existía incluso antes de desaparecer. Todo eso era una nada, como el último instante de un sueño oscuro.
Han Kang
Tinta y sangre
Traducción de Sunme Yoon
Random House
NO VUELEN CERCA DE LOS HUMANOS
Plinio el Viejo
(23-79 d. C.)
creía que la ictericia
(exceso de bilirrubina que provoca una coloración
amarilla en la piel
y en la esclerótica)
podía curarse si el enfermo
miraba una oropéndola
(después el pájaro moría
pero cualquier medicamento tiene efectos secundarios).
Hace pocos meses
seis montañeros que escalaban los Alpes suizos
fueron golpeados por una tormenta
mientras pasaban la noche a la intemperie.
Desafortunadamente
(para los montañistas)
mientras la hipotermia los borraba
ningún azulejo voló cerca de ellos.
Luis Eduardo García
Álbum de (cripto)zoología y botánica
Ediciones Liliputienses