viernes, 26 de junio de 2026

GÁLATA MORIBUNDO DE EKAITZ RUIZ DE VERGARA OLMOS

 






Gálata moribundo



Hermanos, escuchadme: todo el reino de Pérgamo

no sería bastante para reducir mi angustia:

la de pertenecer a una estirpe

profanadora de templos.

Mañana,

cuando amanezca, todos estos fuegos

se habrán extinguido; los cuerpos (entre ellos,

los vuestros) los habrá cubierto el fango,

las hojas las habrá barrido el viento

y de nosotros quedará tan solo

la expresión de dolor tallada en piedra

por nuestros enemigos.

Y que no os inquiete esto, hermanos.

Es privilegio de muy pocos hombres

encarnar el declive de su raza:

solo la destrucción y la muerte permiten

la fijación de un destino heroico

en esta trama que entretejen siglos

y siglos de discordias.


Este imperio será presa de otro imperio,

que a su vez lo será de muchos,

y uno

habrá solo que mire al orbe frente a frente,

como ante un igual,

pero aquel no será ya de este mundo:

alguien verá el rostro insospechado

de las cosas terrenas

y un hombre será al mismo tiempo un dios.

Y entretanto la sangre, corriendo oscura y fría

(como la vuestra aquí hoy, oh, hermanos),

remontará el cauce de la historia

hasta reencontrarnos en este día infausto,

porque la vida es menos fuerte que la corriente.


Así es como debe ser y así

debemos celebrarlo.




Ekaitz Ruiz de Vergara Olmos

Gálata moribundo


Premio Nacional de Poesía Joven Grande Aguirre 2026


Ya lo dijo Casimiro Parker


jueves, 25 de junio de 2026

EN EL SEÑUELO DE LAS PALABRAS UN POEMA DE YVES BONNEFOY EN LAS TABLAS CURVAS






DANS LE LEURRE DES MOTS


EN EL SEÑUELO DE LAS PALABRAS



I



Es el sueño de verano un año más,

el oro que pedimos, desde el fondo de nuestras voces,

en la transmutación de los metales de los sueños.

El racimo de las montañas, de las cosas cercanas,

ha madurado, es casi vino, la tierra

es el seno desnudo en que reposa nuestra vida.

Y los alientos nos rodean, nos acogen.

Tal la noche estival, sin orillas,

de rama en rama pasa el fuego ligero.

Amiga mía, ahí hay nuevo cielo, nueva tierra,

un humo se encuentra con un humo

sobre la disyunción de los dos brazos del río.


Y el ruiseñor aún canta otra vez

antes de que nos prendan nuestros sueños,

cantó al dormirse Ulises

en la isla en que su errar se detenía,

y también en el sueño consintió el que llegaba,

fue como un temblor de su memoria

que le recorrió el brazo de existencia en la tierra,

doblado bajo su cabeza laxa.

Pienso que respiró con un aliento igual

en su lecho de placer y descanso,

pero en el cielo Venus, la más temprana estrella,

ya viraba su proa, aunque dubitativa,

hacia lo alto del mar, bajo las nubes,

y derivaba luego, barca a cuyo remero,

con los ojos en otras luces, se le olvidara

volver a sumergir en la noche su remo.


Y por la gracia de este sueño vive ¿qué?

¿tal vez la línea baja de una orilla

donde serían claras las sombras y su noche

a causa de otros fuegos que los que arden

en las brumas de nuestros ruegos, sucesivas

durante nuestro avance por el sueño?

Somos barcos cargados con nosotros mismos,

desbordantes de cosas cerradas, miramos

a la proa de nuestro periplo toda un agua negra

que se abre casi y se rehúsa, por siempre sin orilla.

Él, sin embargo, en los pliegues del canto triste

del ruiseñor de la isla casual,

pensaba ya en recuperar su remo

una tarde, al volver a blanquear la espuma,

para olvidar tal vez todas las islas

en un mar en el que una estrella crece.


Ir así, con el oriente mismo

más allá de las imágenes que una a una

nos dejan con la fiebre de desear,

ir confiados, perdernos, reconocernos

a través de la belleza de los recuerdos

y la mentira de los recuerdos, a través del horror

de algunos, pero también de la dicha

de otros, cuyo fuego corre por el pasado en cenizas,

nube roja que se alza en la rompiente de las playas,

o la delicia de frutos que ya no se tienen,

ir, más allá casi del lenguaje,

con un poco de luz sólo, ¿es posible

o es sólo lo ilusorio una vez más

con que bajo otros trazos dibujamos de nuevo

irisados del mismo brillo engañoso

la forma en las sombras que vuelven a cerrarse?

Por doquier en nosotros sólo la humilde mentira

de las palabras que ofrecen más de lo que hay,

o dicen otra cosa que lo que hay,

las tardes no tanto de la belleza que tarda

en dejar una tierra que ha amado,

moldeándola con sus manos de luz,

cuanto de la masa de agua que de noche en noche

desciende con estrépito a nuestro porvenir.


Sumergimos los pies en el agua del sueño,

está tibia, no se sabe si es del despertar

o si el rayo lento y calmo del sueño

traza sus signos ya en ramas

que agita una inquietud, y luego hay tantas sombras

que no se pueden distinguir los rostros

ante los que se apartan estos árboles delante de nuestros pasos.

Avanzamos, nos llega el agua a los tobillos,

oh sueño de la noche, toma el del día

en tus manos amantes, vuelve hacia ti

se frente, sus ojos, consigue con dulzura

que su mirada se funda con la tuya, más sagaz,

para un saber que no desgarre ya

la disputa entre el mundo y la esperanza,

y que unidad cobre y guarde la vida

en el sosiego de la espuma, en donde se reflejan,

sea verdad, de nuevo, o belleza, las mismas

estrellas que en el sueño se acrecientan.


Belleza, suficiente belleza, belleza última

de las estrellas sin sentido, inmóviles.


A popa se halla el nauta, más grandioso que el mundo,

más negro, pero de opacidad fosforescente.

El leve ruido de agua apenas removida,

pronto se hace silencio. Y no se sabe aún

si es una nueva orilla, o si es el mismo mundo

que el de pliegues febriles del lecho en la tierra,

esta arena que se oye crujir bajo la proa.

Se ignora si se está arribando a otra tierra,

se ignora si va a haber unas manos tendiéndose

desde lo acogedor incógnito para atrapar

la cuerda que lanzamos, desde nuestra noche.


Y al despertar, mañana,

puede que nuestra vidas sean más confiadas

donde voces y sombras se desmoronen,

pero distraídas, tranquilas, poco atentas,

sin guerra, sin reproche, pese a que

el niño a nuestro lado, en el camino,

sacudirá riendo su cabeza inmensa

mirándonos con esa cortedad

del espíritu que recupera en su origen

su tarea de luz en el enigma.


Aún sabe reír,

ha cogido en el cielo un racimo demasiado pesado,

vemos que se lo lleva por la noche.

Y el que vendimia, y que tal vez cosecha

otros racimos allá arriba en el futuro,

le mira cómo pasa, aunque sin rostro.

Confiémosle a la benevolencia de la tarde estival,

durmámonos…


...La voz que oigo se pierde,

el ruido de fondo que han en la noche la recubre.


Las tablas de la proa de la barca, curvadas

para dar forma al espíritu bajo el peso

de lo desconocido, de lo impensable, se desunen.

¿Qué me dicen estos crujidos que disgregan

los pensamientos que juntó la esperanza?

Pero el sueño se hace indiferencia.

Sus luces y sus sombras: ya nada más que una

ola que se desploma sobre el deseo.




II



Y podría

ahora mismo, con el sobresalto del brusco despertar,

decir o intentar decir el tumulto

de las garras y de las risas que se topan

con la avidez sin alegría de las vidas primarias

en el reborde dislocado de la palabra.

Y podría gritar que por toda la tierra

injusticia y desdicha arrasan el sentido

que el espíritu soñó con dar al mundo,

en suma, acordarme de lo que hay,

no ser sino la lucidez desesperada

y, aunque enroscada esté

en las ramas del jardín de Arminda la quimera

que embauca tanto a la razón como a los sueños,

abandonar las palabras a quien tacha,

prosa, por evidencia de la materia,

la oferta de la belleza en la verdad,


aunque también opino que la única real

es la voz que espera, aunque sea

inconsciente de las leyes que la niegan.

Real, solo, el temblor de la mano que toca

la promesa de otra, reales, solas,

esas barreras que uno empuja en la penumbra,

al caer la tarde, en el camino de vuelta.

Sé todo lo que hay tachar del libro, aunque

una palabra sigue quemándome los labios.


Oh poesía,

no puedo dejar de nombrarte

por tu nombre que ya no gusta a los que yerran

entre las ruinas hoy de la palabra.

Me arriesgo a dirigirme a ti, directamente,

igual que en la elocuencia de las épocas

en que se colocaban en vísperas de fiesta

en lo alto de las columnas de los salones

guirnaldas de hojas y de frutos.


Lo hago confiando en que la memoria,

al enseñar estas palabras sencillas a los que intentan

hacer que haya sentido a pesar del enigma,

les hará descifrar, en sus grandes páginas,

tu nombre uno y múltiple en el que quemarán

en silencio, un fuego claro,

los sarmientos de sus dudas y sus miedos.

«Mirad, les dirá ella, en el único libro

que se escribe a través de los siglos, ved crecer

en las imágenes los signos. Y los montes

azulear a lo lejos para seros la tierra una tierra.

Escuchad la música que elucida

con su flauta sabia en la techumbre de las cosas

el sonido del color en lo que es.»


Oh poesía,

sé que te menosprecian y te niegan,

que te estiman teatro, vale decir mentira,

que te colman con faltas de lenguaje,

que llaman mala al agua que tú traes

a los que aun así ansían beber

y se vuelven, frustrados, hacia la muerte.


Y es verdad que la noche hincha las palabras,

vuelven sus páginas los vientos, los fuegos rebajan

sus animales asustados hasta debajo de nuestros pasos.

¿Creímos que nos llevaría lejos

el camino que se pierde en la evidencia?,

no, las imágenes topan con el agua que sube,

su sintaxis es incoherencia, ceniza,

y pronto incluso no quedan ya imágenes,

ni libro, ni gran cuerpo caluroso del mundo

que estrechar en los brazos de nuestro deseo.


Pero igualmente sé que no hay más astro

que se mueva augural y misterioso

en el cielo ilusorio de las estrellas fijas,

que tu barca siempre oscura, pero en la que las sombras

se agrupan en la proa, incluso cantan

como antaño los que llegaban, cuando crecía

ante ellos, al fin del largo viaje,

la tierra entre la espuma, y relucía el faro.


Y si queda

algo distinto a un viento, a un arrecife, a un mar,

yo sé que tú serás, aun por la noche,

el ancla echada, los pasos titubeantes en la arena,

la leña recogida, y la chispa

bajo las ramas mojadas, y, en la inquieta

espera de la llama insegura,

la primera palabra tras el largo silencio,

el primer fuego que prender al pie del mundo muerto.




Yves Bonnefoy

Las tablas curvas


Traducción de Jesús Munárriz


Hiperión


 

miércoles, 24 de junio de 2026

UN FRAGMENTO DE PASAN COSAS BELLÍSIMAS DE LAURA RAMOS

 





10



DESDE BABEL, siete mil cien lenguas tratan de desvelar el nombre exacto de las cosas. El cómputo es aproximado; a los seres bípedos les gustan las certezas. Matematizarlo todo. Eso explica los pinceles. Es una cosa curiosa que unas seis mil trescientas noventa sean habladas por apenas cien mil hablantes, o menos. Hay lenguas mamut y lenguas horquilla. La palabra horquilla es una cosa curiosísima, también. Y la palabra mamut. Esta es la palabra mamut en otras lenguas: mamont, mammoth, maimatha, mamaihh. Esta es la palabra horquilla en otras lenguas: çangal, rab rawag, kāntā, forc. Es exactamente a esto a lo que me refiero cuando digo que hay leguas mamut y lenguas horquilla. Las lenguas se dividen antropocéntricamente, en familias. Es una cuestión que descubrieron comparando el canto rodado de una vasija. Algunas vasijas se resbalaron en las manos de los lingüistas. De ahí viene también la palabra cacho. Existen unas diecisiete que se van ramificando como un eucalipto asolando la tierra. La composición de la tierra varía tanto como la composición del idioma. Desde Babel, exactamente, hasta este momento; me gusta hacer énfasis crónico (crónico y cronológico significan prácticamente lo mismo). O tal vez en este momento haya más familias. O tal vez en este momento haya más divorcios. Esta estadística no es diferente al terreno que nos ocupa; de las familias a veces surgen lenguajes nuevos. Mueren otros. La clasificación de lenguajes propicios para el amor contempla un millar de subgrupos. Yo hablé unos cuantos en su momento. Ahora soy bilingüe pasiva. En Luque, las gentes hablan guaraní. El guaraní es una lengua de la familia macro-tupí; una lengua mamut en el XVI, una lengua horquilla en el XXI. Es prácticamente imposible saber cuándo se originó, cuántos cientos de años han ido resbalando los fonemas nasales extrañísimos (plana, labializada, palatalizada); ni tan siquiera puedo escucharlos con mis tímpanos. Pensaba en tu garganta como la estructura exacta de un andamio. Yo solo tengo ojos jesuitas en el asunto. Cuando me cuentas que ibas al colegio enganchado en unos asideros peligrosísimos sacando la cabeza, el cuerpo entero, por la puerta del autobús. Y cerebro jesuita. Cuando me hablas de la basura quemada y el coche gigante que te regalaron por Navidad. Y boca jesuita. Cuando me miras me dices rohayhu. Me gustaría tener tímpanos para verte. Estoy condenada a verte con los ojos. Repites: ha chembopy’aguapy. Me pides que lo pronuncie. Pero yo no tengo andamios en la garganta. Yo no puedo. Hablar esa lengua con la que nombras los matices cítricos de tu infancia.


(ANTES DE QUE COMENZARA EL RELATO DEL AGUA, dos personas se sentaron en el borde del océano).


Por mucho que lo quieras, el agua ha de mantenerse siempre contenida entre los límites de un pozo cavado en la superficie de la tierra. Lo único que hemos hecho los humanos ha sido aplicar la mímesis y ponerle un contorno, sacar los agujeros como si arrancásemos de la huerta tubérculos preciosos de patata. Una diosa controla la materia. Este es el borde del océano.


¿Me has traído aquí, poeta, para escribir mi silencio sobre el agua?




Laura Ramos

Pasan cosas bellísimas


Isla Elefante


martes, 23 de junio de 2026

RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE DE BEN CLARK EN DEMONIOS

 






RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE


Me duele el corazón y un pesado letargo

aflige a mis sentidos

JOHN KEATS



Un poema que no hable de tu infancia

que no menciona nunca a aquel amigo

que un día, de repente, fue un recuerdo.


Un poema que no tenga palabras

que convoquen los sábados de otoño

cuando nadie llamaba para el cine.


Un poema sin años de instituto

y sin amores huérfanos

exageradamente exagerados.


Estoy escribiendo.

Un poema

sin referencia alguna a tu dolor,


a la cueva que hiciste con tus libros

mientras ellos quedaban en la playa.

No voy a recordarte aquellos años.


Este poema puede ser distinto.

Tienes tiempo, conoces

los atajos, los trucos y los golpes


de efecto que funcionan casi siempre.

Ponte a ello pues, escribe cosas nuevas:

construye una alegría en este verso.


Pero hay algo detrás que te lo impide.

Detrás de este poema está el poema

del que llevas huyendo desde entonces.


El poema que no,

el poema que nada,

el poema que nunca.


Un poema de piel de ruiseñor

que desea el deseo

y que no quiere ser distinto, raro,


que querría dejar de ser poema

para ser cuerpo, culpa, su secreto

guardado en un diario rosa palo


(o algo igualmente cural, da lo mismo).

Lo que quiero decir es que no puedes

escribir el poema que hay detrás,


pero tampoco puedes

conjugar las palabras de otro modo.

Por eso esto no es nada, es un poema


que no, que niega toda relación

con tu pasado triste de medusas

cazadas en la orilla


cuando ellos se reían bajo el sol

y cuando ellos se amaban bajo el sol

y tu escribías versos en el agua.




Ben Clark

Demonios


Premio de la Crítica 2023


Sloper


lunes, 22 de junio de 2026

ELEGÍA DE EXPEDICIÓN: NEBULOSA DE MARÍLIA GARCIA

 






[3. elegía ]


emmanuel hocquard define elegía

como un género poético

que expresa tristeza y melancolía

elegía” viene de elegos : canto de duelo

él diferencia entre elegía clásica

y la elegía inversa : en la clásica

el sujeto nostálgico excava en el pasado

en busca de elementos para poder lloriquear

el elegíaco inverso invoca la memoria

para traer algún elemento al presente

recoge fragmentos

intentar rehacer el pasado


interfiere en lo que encuentra proyectando hacia adelante (futuro)


también excava en la memoria

pero quiere encontrar pedazos de frases de palabras

de enunciados

para escribir un canto de duelo

parte del pasado y comienza a tomar notas

hasta que de pronto encuentra alguna cosa

que puede ser decisiva

¿sería posible excavando las raíces

transformar el pasado?


Según él la elegía es un género poético

y no una forma

y podemos usar la forma que queramos al hacer una elegía

por ejemplo una lista:


george perec escribió un libro llamado

je me souviens / me acuerdo

en que lista memorias:


me acuerdo…


me acuerdo…


me acuerdo...


al recordar algo

¿sería posible pegar en un mapa

dos días diferentes?


―――――――――――



[14. el sonido de las raíces ]



mi recorrido termina

el día en que conocí el trabajo

operación tutoia

de fernando piola


en 2007

piola propuso a la comisaría que queda en la calle tutoia

hacer un “trabajo paisajístico” en el jardín

sería un trabajo que duraría un periodo de varios meses

porque había que tratar el jardín plantar y esperar


piola quitó parte de las plantas del jardín de la comisaría

y plantó en su lugar semillas de especies

con hojas rojizas


a medida que las plantas fueron creciendo y saliendo de la tierra

las hojas fueron apareciendo:

y el contorno del edificio donde antiguamente funcionaba

el doi-codi fue quedando todo rojo

el edificio parecía sumergido en la sangre que había sido

derramada allí

piola hizo que el rojo pasara por la raíz


y después crecer y subir hasta salir a la luz del día


este trabajo es una especie de elegía inversa

porque obtienen sentido de la memoria

que pasa a formar parte del presente

y de lo que vemos


la memoria entra por los ojos y vemos


allí la elegía inversa no es apenas

un género poético

sino también político


cuando leí sobre este trabajo

decidí ir otra vez hasta la higuera de la calle tutoia

quería ver las hojas rojas del trabajo de piola


y pensar en los fantasmas de la higuera en medio del rojo


llegué allí y me quedé mirando hacia abajo

examinando las raíces del árbol

después me agaché pegué mi oído al suelo

y conseguí oír un ruido constante

un sonido sordo y continuo


¿sería el ruido del tiempo?


¿las raíces moviéndose lentamente

y rompiendo el asfalto?

las fibras ópticas cargando imágenes nombres

de desaparecidos audios archivos


fibras de vidrio transportando lenguaje


durante un tiempo

me quedé con el oído pegado al suelo

prestando atención

hasta que vi un amigo mío

el músico gabriel xavier

viniendo en mi dirección


no sé por qué estaba pasando por ahí

en ese momento


lo saludé rápidamente

pero continué como estaba

escuchando ese ruido sordo


entonces

gabriel se acercó

se agachó junto a mí con un micrófono

que pegó al suelo y usó para grabar el sonido

nos quedamos allí parados escuchando


hasta que sentimos que el suelo se estremecía


en ese momento oí

una voz susurrando una frase

una única frase rítmica

y cerré los ojos para estar segura


[fragmentos de ENTONCES BAJAMOS HACIA EL CENTRO DE LA TIERRA]




Marília Garcia

Expedición: Nebulosa


Traducción y prólogo de Aníbal Cristobo


Kriller71 ediciones