CITAS clandestinas junto a la
vía,
preguntaban si estaba bien, si
comía algo,
tenía dónde dormir. Veían que
seguía libre.
Era de noche, llevaban un
bocadillo. Y luego
tantos años son casi imágenes,
no sé
si fue demasiado pronto, y
también ahora
demasiado tarde. ¿Termina la
infancia
si no se ha consumido entera?,
¿queda
encendida, penumbrosa,
la helada luz?
―――――――――――
SE me saltan las lágrimas casi
sin estímulo ―«es
que me emociono»,
decía mi padre en sus últimos
años.
Me pasaba antes con las escenas
de masas, las que asumían
riesgo
y firmeza, algo que ocurría en
la calle
con palabras en voz alta. Pero
ahora
también los individuos, un
punto
inflexible en ellos, no dejarse
doblar, un recuerdo, o apenas
una historia que llegue
a tener su perfil, la identidad
de un momento.
En el ordenador voy encontrando
y guardo
cronistas de lo ancho del mundo,
pequeños
apuntes y fotos, hacer trabajo
del persistir,
anotar la resistencia. Las
pequeñas tiendas
de plástico, colores de una
excursión, y la enorme
laguna de Idomeni cuando llovía,
el humo
de los gases posaba muy delgada
columna en el suelo estéril;
hay mar
y tierra, naves portuarias,
chalecos
y ríos crecidos, alambres de
varios tipos
tejen vallas. Por eso guardo
los enlaces. Por si no hubiera
otro
futuro que el tiempo que tarden
en pasar de moda, el tiempo para
darse
la vuelta, acudir
a otra emergencia. El tiempo
que tardaré yo, el que dure.
Así
voy, atento y sin rumbo,
sentado ente la mesa de madera
clara,
el cuaderno rayado. La botella,
también, de agua, que va
bajando de nivel
y luego se repone.
―――――――――――
ESTUVIMOS acompañados por los
muertos,
aunque los mencionamos escasas
veces.
Hacía tiempo que no nos veíamos
y las cervezas y el vino, el
bacalao
y los timbales de ensalada,
algunas risas,
relatos de la época, venían
con su presencia.
Como en las páginas de la
agenda,
cuántos muertos cercanos. O en
el espejo,
cuando mi padre viene de pronto
a verse en mí.
Los menos recientes entraban en
la conversación,
los evocábamos al hacer memoria
de una anécdota, un día en que
ahí estaban.
El nombre atraviesa el duelo,
señala la perfecta continuidad,
la alternancia que tenemos con
ellos.
No hay más aquí que allá.
Miguel Casado
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