martes, 3 de noviembre de 2026

EL ÚLTIMO BARCO UN POEMA DE AUBADE DE JOSEFINA AGUILAR

 





EL ÚLTIMO BARCO



Extienden una ballena, la abren, van a construir un océano a partir de una costilla de cetáceo. Hay aceite de sain sobre la nuca de la tierra, el torso de una cordillera se expande en la orilla, un tosco residuo de tierra se presta a ser océano en el último peldaño de un norte. Niños con frente de Estocolmo y sur de Italia llevan las reproducciones de ballenas en las costras de sus rodillas, se golpean con un martillo para que nazcan heridas de barco. Una nave motora surca la longitud de la ballena, su sacrificio es silencio de azul surcando la saliva enorme de un dios. 120 balazos de carabina evitan que se forme el océano pendiente, el que hubiera salvado a la humanidad de ser humana. El esqueleto de la ballena se muestra en el museo para recordar una deuda. En la mesa, una lengua de animal marino sabe al arpón de un ballenero que apagó la luz de su noche. Han envasado aletas para que algún día las estrella coman de nuestro cielo. Desde una atalaya, un hombre quiere alcanzar la constelación Cetus y apunta al corazón de un cosmos que pudo ser la flotación de las ballenas en la tierra.




Josefina Aguilar

Aubade


Huerga y Fierro Editores


lunes, 2 de noviembre de 2026

CUANDO LLEGUE EL DOLOR UN POEMA DE JUAN ANTONIO BERMÚDEZ EN LA MANO EN EL FUEGO

 






CUANDO LLEGUE EL DOLOR



No hay utopía más peligrosa que la de creer

que se puede amar otro cuerpo sin exponer

el propio y sin exponer también el alma.

SANTIAGO ALBA RICO



I


PRESAGIO



Cuando llegue el dolor

me escribiste una vez.


Y yo, bobo borracho de tu vientre,

no pude imaginar

el dolor

en medio de nosotros,

en nosotros.


Pensé en el inflamable

relámpago de sal:

los rodillas llagadas;

la mujer que solloza en la consulta;

el albañil que se hunde en el capó

―sobre el asfalto, el pan de aquel almuerzo

como un tétrico símbolo.



II


UN TRONCO EN EL ANIDAN LAS ARAÑAS



Hoy ha estallado cerca,

en medio de nosotros,

el dolor.

En nosotros.


Quiero abrazarte y soy

un tronco en el que anidan las arañas.


Quiero correr contigo hacia el origen,

desdecir, desandar, desaprender,

pero mi lengua rasga las vocales,

pero mis piernas son tallos de trapo,

pero al cerrar los ojos me cerca la ceniza.


Soy una mancha, un cuerpo

tronchado que se arrastra

por la ciudad y los libros

buscando una señal

que te calme y me calme,

que nos calme.



III


LO QUE NO ES



Aquí el dolor.

Ya está. Llegó. Ya vino.

Quizá para durar,

quizá para quedarse,

quizá para enseñarnos solamente

lo que no es el dolor.



IV


LA PALABRA SIEMPRE



No queremos

detener este otoño,

este azar, este goce,

en la lava confusa.


Clavar a un corcho el vientre

de estos días azules,

aprisionar la savia

entre páginas vírgenes

no queremos.


No queremos, así

no queremos.


Que la vida nos cruce

como a una casa abierta:

que suceda la nieve,

el tiempo de las flores,

el verano de mimbre

y luego un nuevo otoño.


Y que vayan juntándonos

lo amargo y la alegría,

sin prisa y sin cautela,

en cualquier estación.


Esto es lo que queremos,

justo así.


Solo entonces

perderemos el pánico

a la palabra siempre.


Cuando llegue el dolor

seguirá siendo hermoso

todo esto

me escribiste.


Así sea, mi bien.

Así es.




Juan Antonio Bermúdez

La mano en el fuego

[Poesía íntegra]


Prólogo de David Eloy Rodríguez


Libros de la herida


jueves, 29 de octubre de 2026

DATOS METEOROLÓGICOS UN POEMA DE EVA TUR EN PLANETA TIGRE

 






DATOS METEOROLÓGICOS



Las diferentes formas de tristeza

son una lista larga

como toda la aguanieve

caída en una noche.


Están las penas dulces, de legañas,

de cuando empieza el día y mi cabeza

debajo de la sábana

es una nube al punto.


A menudo tengo

una tristeza coja, la que extraña a mi padre

y cree oír su silbo a la hora de almorzar.

Da igual que hayan pasado doscientos veinte meses

o cuatro toneladas de palabras.

Creo que vuelve. Puedo sentir su olor.


Sin embargo, la tristeza más común

―todos lo saben― es

en la tarde de domingo,

cuando todo es poca cosa y se empaña,

y me siento encogida por lo que pude hacer y se escurrió.


Más tarde, mi hijo añora a algún amigo

y no quiere acostarse

porque aún clarea el día.


Tanta luz y son las diez.




Eva Tur

Planeta tigre


Sloper


miércoles, 28 de octubre de 2026

EL ALMA ESTÁ IMPACIENTE Y TRES POEMAS MÁS DE HISTORIA DE LA CARNE DE BILEYSI REYES

 






EL ALMA ESTÁ IMPACIENTE




Las palabras se me pegan en la boca

[las frases se me pegan en la boca:

y soy un palíndromo interpretado por un ave fusilándose

en el hueco.


++


He creído que me detengo,

paseándome en los andamios.

Siempre mis ruinas emergen y ya no sé si soy

pero existo


+++


Me canta la paciencia en la miseria:

la soledad me pisa los talones.



―――――――――――



En la cocina veía tumbos caer de mi pupila: era una levedad de carencias que se robustecían al hacerse un hueco con la flama. Madre recogía las hojas del té-agua y nos bañaba-cubría las fiebres en su manto de azufre.


Ese olor sostenido era clavélulas diurnas: pacían sobre mi pecho: aullaban sobre nuestras cabezas.



―――――――――――



¿HACIÉNDOME EN EL INTERIOR

DE LA PUPILA?



Ha surgido una pregunta cruel: consumida en una alteridad desesperante: retorcida en la maraña de ojos claros: ojos podridos concienzudamente arbitrarios: camina entre los setos: se convierte en torbellino calcinada por el rayo: raída sobre la torre insípida: cortada al ras: se inclina sobre el diván y no puede sino estallar ráfagas de aire: ya no necesita la sal de las pieles teñidas de rojo: se tornan violetas inclinadas en el iris.



―――――――――――



Existe un poema que modula

que retuerce el tronco con su savia

(demasiado entendimiento promueve la huida)

explora la luz

palpita

sucumbe entre cruces

en un átomo de agua.


Existe un poema-piedra

no sirve para orillar el día

no es más que abedul

efeméride sin causa

un oasis sin tiempo

en el equinoccio de un abismo.




Bileysi Reyes

Historia de la carne


Huerga & Fierro editores


martes, 27 de octubre de 2026

UN FRAGMENTO DE CRETA LATERAL TRAVELLING DE AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO

 







La perfección es el final de un proceso expresionista: se expande sin costuras de dentro a fuera: manzana, poema, llama, representación teatral. A la razón, al cine, y a la música digital, se les ven por detrás las puntadas de un collage también perfecto al final. Y al presente. Sol granulado en la cortina, pulse el cero para llamar al exterior, cartapacio con membrete, vaso vuelto abajo, siento nostalgia de la perfección y digo: “habitación de hotel”. Pensar, lenguaje inalámbrico, la casi montura de unas gafas, nostalgia de la perfección y digo: “yo en habitación de hotel”. El hilo de la tinta, nostalgia otra vez, “yo escribiendo en habitación de hotel”. Y así hasta decir Mundo. No es expansión, sino pegamento contra la soledad. [58]




Agustín Fernández Mallo

Creta Lateral Travelling


I Premio Café Món


Editorial Sloper


lunes, 26 de octubre de 2026

DIENTE DE LEON EN LO SIGUIENTE DE ELISABETH CANDINA LAKA

 






DIENTE DE LEÓN



Observa atenta cómo crece libre

el cuerpo distinguido de la brizna,

recién humedecida por la gota,

la yerba perfumada que olvidó

el diluvio, ajeno al natural

discurso de la yerba: la mujer.


Camina con el paso decidido,

ajena al prejuicio de los hombres;

si ocupa ambas manos en vaciar

la lógica aplastante de los muros―

y, quien dice muro, dice sepultu

(gesto como si fuese degollada) hábito, monja, azucena o

pu―

será por abolir falsos clichés.

Y, quien dice cliché, dice sepultu

(gesto como si fuese degollada) hábito, monja, azucena o

pu―


La mujer tiene ojos en los pies,

ve el camino antes de pisarlo.

No te asombres si junto a la mujer

ves a la actriz Marion Cotillard y al David

Bowie acompañar también a las madrugadoras del

autobús.

Son las madrugadoras quienes limpian

los patios adosado, las cocinas,

el culo arrugado de nuestros viejos.

Son las madrugadoras quienes viajan

en el autobús colectivo.

Crece el mundo subterráneo

de la planta de sus pies agrietados;

veinte mil años de sal

alimentan los pasos que caminan.

Ahora la mujer debe vaciar una casa,

por eso acompaña al autobús de las madrugadoras.


Camina por el arcén

de la carretera de la costa. El viento sur humedece el

asfalto, la piel de la mujer, la piel de

las madrugadoras con espuma de la mar.

El pelo de la mujer echa las redes al viento espumoso

intangible. No quiere que sus

pies desaparezcan.

Vuelve a ser la niña

anterior a la regla de la sangre,

anterior a la lluvia dirigida de las carreteras de peaje,

anterior al primer baño iluminada apenas.

La niña descalza salta, los pulmones inyectados de

azahar silvestre,

canta la canción Juan sin miedo, sus pies retumban

el ritmo que absorbe la yerba.

Sus pasos de tierra desvelan el paso,

anteriores al diluvio cauterizado, anteriores a la lluvia

canalizada de las autovías;

desbordan las esclusas.


Las madrugadoras observan atentas a la mujer.

No comprenden por qué también ella viaja en el

autobús de línea,

junto a las paseadoras, las cuidadoras.

Las manos de la mujer son pequeñas;

las manos de las madrugadoras, por el contrario,

miden diez mil kilómetros.

Su garganta, su voz, sus pies miden diez mil

kilómetros.

Su lengua, sus labios, su boca miden diez mil

kilómetros.

Sus pestañas, sus uñas, sus pezones, su vientre

miden diez mil kilómetros.

Las madrugadoras desconocen el enigma de la mujer.


Las manos de la mujer son dos dientes de león.

Los pechos de la mujer son dos dientes de león.


La savia de su sexo es el enigma.


Ahora la mujer debe vaciar una casa.




Elisabeth Candina Laka

Lo siguiente


Planeta Clandestino # 280


Ediciones del 4 de agosto


viernes, 23 de octubre de 2026

ÍTACA NO EXISTE UN POEMA DE AMALIA IGLESIAS SERNA EN UN LUGAR PARA EL FUEGO

 








ITACA NO EXISTE






TRES vueltas de llave y un olor a silencio,

la luz súbitamente estrangulada en el lecho sin fondo

y la humedad de quince o más otoños

y esta locura

y esta oscura gangrena de embriagada penumbra,

tres o cuatro macetas con esquejes de olvido

o esa vela gastada en noche de tormenta.


Las puertas columpian el llanto de sus goznes.

Hace tiempo que no hay golondrinas al borde del tejado.


Asciendo lentamente

aquella escalera de los sueños freudianos,

subo a los altares mínimos

de mi propia insuficiencia.


¡Cuánto ayer empozado,

cuánta breve mortaja,

cuánto leve recuerdo!


Sobre la cal de esta pared escribo un verso:


He regresado y nada me esperaba.


Quizá se vuelve como a la patria o al padre

con un algo de herida

y esa ansiedad de no reconocerse en los viejos espejos.

Quizá se vuelve tarde,

se vuelve ya sin tiempo.


Desde el suelo

una muñeca muerta me contempla,

―una muñeca serenamente muerta―


Me alejo

con la desagradable sensación de haber profanado

una tumba




Amalia Iglesias Serna

Un lugar para el fuego


Adonáis


Ediciones Rialp