[LOS ÁNGELES...]
Los ángeles colman de claridad
a los ciegos.
Los ángeles arrojan los cabos a
los que se sujetan los náufragos y los desfallecidos.
Los ángeles desarrollan
algoritmos para pesar la luz.
Los ángeles observan el
entramado de la perversidad y lo destejen con las alas.
Los ángeles son altos como la
hierba e inmortales como los amaneceres.
Los ángeles asedian el país de
la sinrazón para conquistarlo con las huestes de la misericordia.
Los ángeles enlucen de
insumisión los rostros enlutados de los humildes y embrean de
lascivia los labios lívidos de los analfabetos.
Los ángeles presentan batalla a
la nada y la derrotan por incomparecencia.
Los ángeles se resarcen de la
inmovilidad enseñando a volar a los pájaros.
Los ángeles llamean sin fuego.
Si quiero que los ángeles
vengan en mi ayuda, solo he de tararear el Concierto para oboe en
re menor, opus 9, número 2 de Tomaso Albinoni.
Los ángeles propician que se
besen los sexos, se anuden las lenguas y se arracimen las sangres.
Los ángeles se examinan de
matemáticas para no tener que conjugar el verbo «morir».
Los ángeles no se dejan intimar
por los bienpensantes.
Los ángeles estrangulan a las
hormigas y los fantasmas.
Los ángeles desmontan la
maquinaria de la crueldad y revelan sus mecanismos a una grey de
pordioseros y enajenados.
Los ángeles desvían los rayos
negros del tiempo y se entregan a la oscuridad radiante del ahora.
Los ángeles solo se
extralimitan cuando aman.
Los ángeles cosen los botones
de los muertos para que los vivos vayan desnudos.
Los ángeles no se apartan
cuando las cosas echan a andar, ni se guarecen cuando graniza.
Los ángeles copulan con el
vigor de los espectros y el encarnizamiento de los sauces.
Los ángeles carecen de
documento nacional de identidad.
Los ángeles destierran a los
verdugos a donde nunca más puedan volver a atarse los zapatos.
La intemperie es el hogar de los
ángeles.
Los ángeles liban el néctar de
las piedras y burlan la perfidia de los escualos.
Los ángeles amamantan a los
hijos.
Los ángeles combaten la soledad
como si la soledad no existiera.
Los ángeles renuncian a
agonizar.
Los ángeles son puros como el
acero y despiadados como la noche.
Los ángeles susurran luz cuando
cerramos los ojos.
Los ángeles dicen verdades como
si crecieran pámpanos.
Los ángeles asordinan el fragor
de la tormenta con el frufrú de sus túnicas.
Los ángeles no adoctrinan.
Los ángeles no dan cuartel.
Los ángeles no piden cuartel.
Los ángeles no lloran.
Los ángeles huyen de la vileza
como los abejarucos de los espinos.
Los ángeles derraman lágrimas
como azudes, porque la bondad es dolorosa.
Los ángeles andan desnudos por
casa, no vaya a ser que los descubran indecorosamente vestidos.
Los ángeles duermen de lado
para que no se les arrugen las alas.
Los ángeles no tienen alas.
Los ángeles cuentan
con los pies y bailan con las manos.
Los ángeles, cuando
están lejos, nunca llaman a cobro revertido.
Los ángeles derogan
las leyes que les disgustan y las sustituyen por hogazas de pan.
Los ángeles siempre
recuerdan a quienes hemos olvidado, y a nosotros cuando nos han
olvidado.
Los ángeles se
quitan el reloj, lo dejan en la mesa cuando se sientan a escribir y
ya no vuelven a ponérselo.
Los ángeles gastan
zapatos de jade y perfumes de incendio.
Los ángeles nunca
gritan: se limitan a respirar.
Los ángeles estrechan
la mano de los forajidos y los perturbados.
Los ángeles reciben
la ayuda de los martirizados y los perros.
Los ángeles llaman
a la puerta como si pidiesen perdón, pero entran en todas partes
como si hubiesen descubierto un océano.
Los ángeles no
huelen.
Los ángeles no
aspiran a la eternidad.
Los ángeles tienen
pechos de trementina y hoguera.
Los ángeles nunca
se echan la siesta a la sombra de árboles que no den fruto.
Cuando ven cuadros de Vermeer, los
ángeles se sienten en casa.
Los ángeles son
hijos de otros ángeles que nacieron después de ellos.
Los ángeles toman
nota sin descanso de cuanto pueda esclarecer su estirpe y su
porvenir.
Los ángeles levantan
tabiques para que los ruidos del mundo no perturben el sueño de los
bienaventurados.
Los ángeles padecen
la lepra y la indignidad.
Los ángeles no
reaccionan a la presencia de los rufianes, pero sudan cuando sienten
llegar la madrugada.
Los ángeles solo
encuentran consuelo en la incertidumbre.
Los ángeles huelen
a trigo candeal.
Si los conminan a deponer su actitud,
los ángeles se
mueren de risa.
Los ángeles son
pararrayos sin rayos.
Los ángeles no
saben contabilidad. (Tampoco astronomía).
Los ángeles escriben
poemas en idiomas que desconocen.
Los ángeles sacan
punta con los dientes que no tienen a los lápices con los que
escriben poemas en idiomas que desconocen.
Los ángeles se entristecen cuando se
canta victoria, cuando se firma una escritura notarial, cuando se
tiene razón.
Los ángeles incoan pájaros.
Los ángeles solo acuden a juicio si
quien los convoca está desnudo.
Los ángeles combaten la aflicción
persuadiéndose de que lo que la causa no existe; cuando no funciona,
se convencen de que ellos tampoco existen.
Los ángeles fingen creer en Dios,
pero saben que no existe.
Ningún ángel ha hecho nunca el
servicio militar.
Los ángeles sueñan, pero jamás se
despiertan.
Los ángeles eyaculan pan y piedad.
Los ángeles menstrúan.
Los ángeles añoran al diablo que
fueron antes de ser ángeles.
Los ángeles se alborotan siempre que
una serpiente repta aun pupitre, pero acaban invitándola a merendar.
Los ángeles vuelan como alondras,
pero no saben por qué, ni dónde, ni desde cuándo.
Los ángeles atormentan al desamparo
y desguazan la injusticia.
La transparencia es a los ángeles lo
que la velocidad a los barcos.
Los ángeles cultivan zarzas que dan
miel.
Los ángeles se enfurecen cuando
alguien muere; también cuando nace.
Los ángeles no se amilanan ante
quienes esgrimen la maledicencia o practican la barbarie.
Los ángeles no conciben otro límite
que lo infinito ni más pasión que lo inmediato.
Los ángeles persiguen a los ladrones
como si les hubieran robado los ojos.
Los ángeles, cuando tropiezan, no
caen.
Los ángeles, cuando caen, se
adentran en el suelo.
Los ángeles destruyen lo que la
abominación ha construido.
Los ángeles escupen al fascismo.
Los ángeles se lavan los dientes con
relámpagos.
Los ángeles regalan tibieza a quien
no tiene piel.
Los ángeles bailan con san Juan de
la Cruz.
Los ángeles no necesitan leer el
manual de instrucciones para abrazar.
Hay ángeles tontos; los de la guarda
son los más tontos de todos.
Los ángeles navegan por las aguas
del firmamento.
Los ángeles nunca se olvidan las
llaves ni las gafas: solo que les hacen.
Los ángeles desayunan ambrosía y
silencio.
Los ángeles tosen sombras.
Para lamentarse, los ángeles esperan
a que nadie los oiga.
Los ángeles no se pasan la noche en
vela para no despertar a nadie con sus aleteos.
Los ángeles miran al microscopio
como si analizaran los bordes irrestañables de una herida.
Los ángeles leen novelas, pero nunca
van a la ópera.
¿Qué ángel ha derribado nunca una
flor?
Los ángeles practican la templanza,
pero también la impureza.
Los ángeles pasean por el campo,
aunque no tengan pies, aunque no haya campo.
Los ángeles desaprueban la grosería
y el ensañamiento.
Los ángeles beben cinco litros de
agua al día.
Los ángeles felan.
Los ángeles se congratulan cuando un
esclavo destripa a su amo o una puta castra al chulo que la
embrutece.
Los ángeles rehúyen el agua frío y
los pantalones ajustados.
Los ángeles no hacen testamento,
porque solo poseen el cielo.
Los ángeles nunca comen sin mantel
de tela.
Los ángeles se suben a los árboles
como si no tuviesen copa y pudiesen seguir escalando hasta las
raíces.
Los ángeles aúllan en lugar de
reír.
Para los ángeles, leer un poema es
como mirarse al espejo.
Los ángeles resuelven los análisis
sintácticos con sextante y cartabón.
Los ángeles se comen las cerezas con
hueso.
Los ángeles solo tienen hijos
varones.
A los ángeles les ofende tanto la
pobreza como la inelegancia.
Los ángeles son los poetas del más
allá.
Los ángeles expurgan la maldad y
espulgan la concordia.
La casa de los ángeles es la
transparencia.
Los huesos de los ángeles son de
viento.
Los ángeles desmantelan las
habitaciones del resentimiento con los aparejos de la inocencia.
Los ángeles se aventuran por los
peores barrios solo si los acompaña alguien sin mácula: un borracho
o un ajusticiado.
Los ángeles leen a Saint-John Perse
con la esperanza de rehacer el mundo; y también a María Zambrano,
con la de rehacer la inteligencia.
Los ángeles se psicoanalizan.
Los ángeles nacen a contraluz,
silban a contrapelo, reman a contrapié.
Los ángeles agotan resmas de papel
para escribir un microrelato.
Los ángeles exudan resina en la que
quedan atrapados otros ángeles.
Los ángeles hacen la compra una vez
al milenio.
Los ángeles se duermen siempre ante
el televisor.
Walt Whitman era un ángel.
Nada consideran innoble los ángeles:
juzgan legítimo todo lo existente, aun lo faltal.
Los ángeles nunca corren las
cortinas, porque no les importa que los vean haciendo el amor. (Es
más, les gusta).
Los ángeles se van de montería por
dehesas ilimitadas.
Los ángeles solo leen libros
escritos con sangre.
Los ángeles siempre quedan a
tresmano.
Los ángeles son mortales.
Los ángeles no mueren.
Los ángeles aman.
[Poema
II de Tú no moriras, 2021]
Eduardo Moga
Poemas enumerativos
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