jueves, 16 de julio de 2026
miércoles, 15 de julio de 2026
HORA TEMPRANA UN POEMA DE WISLAWA SZYMBORSKA EN POESÍA COMPLETA
HORA TEMPRANA
Todavía duermo
y mientras tanto van sucediendo cosas.
Blanquea la ventana,
la oscuridad grisea,
el cuarto emerge de un espacio impreciso,
buscan en él apoyo titubeantes, pálidas estelas.
Sucesivamente, sin prisa,
porque es una ceremonia,
clarean las superficies del techo y las paredes,
se separan las formas,
una de otra,
el lado izquierdo del derecho.
Amanecen las distancias entre los objetos,
pían los primeros destellos
en el vaso, en el picaporte.
No solo parece, sino que es plenamente
aquello que ayer fue movido,
lo que se cayó al suelo,
lo que se encierra en los marcos.
Solo los detalles
no han entrado aún en el campo visual.
Pero atención, atención, atención,
muchas cosas indican que regresan los colores
y hasta el más pequeño objeto recuperará el suyo,
junto con la tonalidad de la sombra.
Es algo que rara vez me sorprende, y debería.
Suelo despertarme en el papel de testigo tardío,
cuando el milagro ya se ha producido,
el día ya está hecho,
y lo alboreante magistralmente transformado en
matinal.
Wislawa Szymborska
Poesía completa
Traducción de Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Moloniewicz
Visor
martes, 14 de julio de 2026
LIED UN POEMA DE ANTÓN BLANCO EN VOZ DEL ARQUERO
LIED
La vista comienza con la criatura asomada
al origen,
al pie del mar,
quizás con la espalda quebrada por el tiempo
y una canción en la boca que modula gélida.
Canta hielos; pide que alguien le mire
al puro interior de los ojos
y le suelde con
su sangre las vértebras.
Canta icebergs y tiene
la mirada fija en los escombros
de Halicarnaso atlántica,
en el canto gemelo de la fermosa que no llega.
De por delante un espesor tal,
la garganta queda sellada.
Antón Blanco
Voz do arqueiro / Voz del arquero
Traducción del gallego de Oriana Méndez
Ultramarinos
lunes, 13 de julio de 2026
UN FRAGMENTO DE UN CIELO A OTRO DE VIVIANA PALETTA
«Una gota de sangre cae de un cielo a otro,
deslumbrante».
VICTOR SERGE
1
Como una grieta
fumea
la mirada.
Baraja su astilla
clavada de luz.
No hay nadie
en las arterias.
Los aviones laminan
el cielo del Jarama
seco, trigueño, traslúcido.
Hay tanto resol
que no se puede tragar.
El frío está lleno
de animales.
Sangre seca en vasijas
sin barro
con la promesa
de un lago quieto
de un ancho fruto.
Viviana Paletta
De un cielo a otro
Pliegos del escorpión azul
viernes, 10 de julio de 2026
UN FRAGMENTO DE LOS RITOS FAMILIARES DE ÁNGELA ÁLVAREZ SÁEZ
Mamá y papá se casaron jóvenes.
Te imaginé de bebé
dormida en los brazos
de tu madre.
Luego te veo
correteando por el piso
recién estrenado de tus padres.
La infancia era la comba
y el pueblo al que ibais
los fines de semana
por una carretera
plagada de amapolas.
El pueblo era el corral
con juguetes y gatos.
El pueblo era la abuela
y el abuelo
y los tíos y los primos
reunidos a la mesa.
El pueblo eran las moras
y la misa de los domingos.
Una noche escuché
que mamá decía algo
sobre las hijas.
Y papá gritaba.
Y mamá lloraba.
Y pensé en mis muñecas
atando nudos azules a su pelo.
Y vi el mar de los veranos.
Y esa noche soñé con una grieta
y con ciervos que salían
a borbotones de su hendidura.
Mamá y papá hablaban
y tú no entendías su lenguaje.
Sus palabras eran avispas
invadiendo el país de los limones.
Mamá y papá se querían tanto.
Los gritos salían
de un agujero
minúsculo que avanzaba
por tus manos y se abría por tu piel
creando arrecifes
por los que el amor reptaba
como una babosa verde.
De noche oías
la respiración de la casa.
Y cerrabas los ojos
para que no te llevara
el hombre del saco.
Llamabas a tu madre
de noche
y ella acudía a ti y sus brazos
eran un conjuro de paz.
[...]
Ángela Álvarez Sáez
Los ritos familiares
Prólogo de Sara Montaño Escobar
Lastura
jueves, 9 de julio de 2026
EL LADO IZQUIERDO DE JULIO MAS ALCARAZ
Escucho la voz de Dios solo
por el lado izquierdo de los auriculares.
Tiene voz de mujer
que siembra tomillo en los surcos
de los discos de vinilo
y canta boleros con la boca llena de semillas.
Me habla de cosas pequeñas:
del café que espera en la mesa,
de las hormigas que cargan
migajas más grandes que ellas,
de las hierbas que rompen el cemento
para besar los zapatos de los condenados.
Susurra con el lenguaje
de los gatos que se miran desde ventanas opuestas,
de los peces que adelantan a los petroleros
cruzando bajo sus quillas.
A veces tararea una canción que no existe,
hecha del roce de la piel
en las sábanas limpias
y de uvas pisadas en un barreño de madera,
y mis labios se separan despacio
intentando seguir la melodía,
pero se me escapa antes de aprenderla.
Cuando bajo el volumen crece el silencio,
ese silencio incómodo de quienes no se conocen,
y percibo su respiración como un viento
que sube por las escaleras de incendios.
Pienso en su boca y veo
una ranura de teléfono público
donde caen las monedas de las madres.
Por el auricular derecho llega
el rumor de una nevera en un piso abandonado,
el traqueteo de una cinta sin equipaje,
y el eco de un martillo golpeando el hielo.
Le pregunto por los niños quemados
que duermen en tiendas de campaña,
por quienes lamen el rocío de las alambradas.
Dios tose y sus palabras
caen como dientes sobre el suelo:
«¿Dónde están tus hermanos?
¿Qué hacen?».
Y entonces, solo entonces,
dejo que su voz me arrastre
hasta donde las palabras arden
y nadie distingue la culpa
de la vergüenza.
Escucho la voz de Dios por el lado izquierdo,
el lado por donde empiezan las partituras
y los motines,
la orilla de los expulsados del paraíso,
donde la luz ilumina los turnos de noche
y nadie espera una llamada.
Julio Mas Alcaraz
El lado izquierdo
Ilustración de Enrique Cabezón
Pliegos del escorpión azul
miércoles, 8 de julio de 2026
ECOS UN POEMA DE AVERNO DE LOUISE GLÜCK
ECOS
I
Cuando pude imaginar mi alma
pude imaginar mi muerte.
Cuando imaginé mi muerte
mi alma murió. Eso
lo recuerdo perfectamente.
Mi cuerpo persistió.
No prosperó, persistió.
El porqué no lo sé.
II
Cuando era aún muy pequeña
mis padres se mudaron a un pequeño valle
rodeado de montañas
en lo que llamaban la región de los lagos.
Desde el jardín de la cocina
se alcanzaba a ver las montañas
cubiertas de nieve, incluso en verano.
Recuerdo una clase de paz
que no volví a experimentar nunca.
Algún tiempo después, se me ocurrió
convertirme en artista
para darle voz a esas impresiones.
III
El resto os lo he contado ya.
Unos pocos años de elocuencia, y luego
un largo silencio, como el silencio en el valle
antes de que las montañas te devolvieran
tu propia voz en forma de voz de la naturaleza.
Ahora este silencio me hace compañía.
Pregunto: ¿De que murió mi alma?
Y el silencio responde:
Si tu alma murió, ¿de quién es la vida
que vives ahora y cuándo
te convertiste en esa persona?
Louise Glück
Averno
Traducción de Andrés Catalán
Visor





