lunes, 23 de febrero de 2026

CÉSAR VALLEJO HABLA DE LA MUSA CON BLANCA VARELA MIENTRAS SE BEBE UNA INKACOLA DE LUIS FELIPE COMENDADOR EN NO ESTAR COMPLICA EL IRSE

 






César Vallejo habla de la musa

con Blanca Varela mientras

se bebe una Inkacola




LA MUSA es nocturna,

como una lechuza vieja y canalla,

igual que un crimen

o el muslo de una diosa en el mármol pulido.


Dicen que aprendió a llagar en las cabezas de los hombres

bajo el techo de un prostíbulo de amapolas y cíngulos,

y que se fue de allí

para enclaustarse no se sabe dónde.


Algunas noches viene a verme sin avisar,

penetrando en mi cabeza como las aves que migran,

y lleva trenzas de matrona suiza

enmarcando su tez de arena…


Otras noches se me aparece de pronto

como un luto hecho de aguamarina,

y me muestra su esqueleto fluvial

mientras introduzco mis manos entre su blusa

para lavarme un poco

[esos días tiene cadencia de médula

y me presta sus mimbres para hacerme una silla]…


En otras ocasiones se me aparece como el caramelo

caliente, peligrosa y casi adolescente,

y me muestra sus caderas enormes

y hasta me invita a entrar en ellas

con un gesto de sus manos finísimas

[yo entro]…


Pocas veces llega como una lejanía y solo es aliento

[ánimo/ánima],

y esos días parece que soy yo quien pergeña los

textos y los trazos más inspirados

[ya aprendí hace tiempo que no es así],

que soy tan poderoso como un remanso

y tan efímero como un viento en verano…


Casi nunca trae pupilas,

pues utiliza las mías para verme

y hacerme ver por ellas…


Y nunca se despide

porque es tábano en su parte masculina,

porque es mis venas si no se trae sus branquias,

porque sabe el secreto

y se atreve a guardarlo

hasta que yo decida violarlo en los helechos de su pubis.


La conozco de siempre,

como al Cristo de las puertas

que muestra el corazón entre las manos,

como a la cruz que conforman las tijeras abiertas,

como al agua manando de una fuente,

como a las euphorbias

y al falso anís que crece en el pie de los muros,

como al pan caliente

y al olor a tabaco.


Hoy ha venido a verme

y me ha sembrado de líquenes en la pierna derecha…


«Camina siempre al Norte me dijo,

porque, si no,

no prosperarán nunca».




Luis Felipe Comendador

No Estar Complica el Irse


Reino de Cordelia


viernes, 20 de febrero de 2026

HIRU POEMA TRES POEMAS DE TERE IRASTORTZA GARMENDIA EN GLOSAK GLOSAR EL MUNDO

 






ISILTASUNERAKO TARTE BAT: DOLBY SISTEM


Ezer gehiago ez dakigulako idazten dugu:

Zer moduz zaude edota eguna ederra dator, konparazio batera.

Eta idazteko Dolby sistemaz behartzen gara

soinuaren zehastasun berberaz

isiltasuna ere entzunaraztera

merma gabe,

ezeren merma gabe.


Eta dena, funtsean, ezereza barne,

esana geratzen da esaten ez denean ere,

hitzetan ere, funtsean, isiltasuna kabitzen baita

merma gabe,

Dolby sistemari esker,

ezer asko ez dakigulako

zerbait esan nahi dugunean, batez ere.



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UN INTERVALO PARA EL SILENCIO: DOLBY SISTEM



Escribimos porque no sabemos qué otra cosa hacer:

por ejemplo un qué tal o un se presenta un espléndido día.

Y forzamos el Dolby sistem para escribir

y escuchar el silencio

con la misma nitidez que el sonido, sin merma,

sin merma alguna.


Y todo, en el fondo, incluida la nada,

queda expresado también en lo que no se dicen

y es que en las palabras, en el fondo, cabe el silencio

sin merma,

gracias al Dolby sistem,

y es que sabemos bien poco, especialmente

cuando nos empeñamos en decir algo.



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EZAGUTZEN nauzu nire baitan zauzkadalako,

eta ez zara nire itxaropena baino.

Ezagutzan nauzu, eta bereizten

arratsaldea kimatzen ari den lorazainetik,

mendietako elurra zurrupatzen duen hegoaizetik,

nahiz eta nik ezin zaitudan nire bakadadetik

berezi.



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ME conoces porque te llevo dentro,

aun cuando no eres sino mi esperanza.

Me conoces y me distingues

del jardinero que poda atardeceres,

del viento sur que sorbe la nieve de las montañas,

sin que yo pueda distinguirte

de mi soledad.



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SORTU zu sortzen zara

(nire baitan baina).

Ez dago sortzailerik

(esatea daukate nahi dutena idazle guztiek)

ez dago sortzailerik


ezezagunari ixten ez zaion

espazio bakarrik.



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ERES tú quien brota

(aunque en mí).

No hay creador

(digan lo que digan los escritores),

no hay creador,


solo espacio que no se repliega

a lo desconocido.




Tere Irastortza Garmendia

Glosak Glosar el mundo


Selección de poemas 1980-2023


Edición bilingüe Traducción de la autora


Edición y prólogo de Lola Andrés


Ediciones Contrabando


jueves, 19 de febrero de 2026

TRES POEMAS DE ESTOS NUEVOS TÓPICOS DE MIGUEL CASADO

 






CITAS clandestinas junto a la vía,

preguntaban si estaba bien, si comía algo,

tenía dónde dormir. Veían que seguía libre.

Era de noche, llevaban un bocadillo. Y luego

tantos años son casi imágenes, no sé

si fue demasiado pronto, y también ahora

demasiado tarde. ¿Termina la infancia

si no se ha consumido entera?, ¿queda

encendida, penumbrosa,

la helada luz?



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SE me saltan las lágrimas casi

sin estímulo «es que me emociono»,

decía mi padre en sus últimos años.

Me pasaba antes con las escenas

de masas, las que asumían riesgo

y firmeza, algo que ocurría en la calle

con palabras en voz alta. Pero ahora

también los individuos, un punto

inflexible en ellos, no dejarse

doblar, un recuerdo, o apenas una historia que llegue

a tener su perfil, la identidad de un momento.

En el ordenador voy encontrando y guardo

cronistas de lo ancho del mundo, pequeños

apuntes y fotos, hacer trabajo del persistir,

anotar la resistencia. Las pequeñas tiendas

de plástico, colores de una excursión, y la enorme

laguna de Idomeni cuando llovía, el humo

de los gases posaba muy delgada

columna en el suelo estéril; hay mar

y tierra, naves portuarias, chalecos

y ríos crecidos, alambres de varios tipos

tejen vallas. Por eso guardo

los enlaces. Por si no hubiera otro

futuro que el tiempo que tarden

en pasar de moda, el tiempo para darse

la vuelta, acudir

a otra emergencia. El tiempo

que tardaré yo, el que dure. Así

voy, atento y sin rumbo,

sentado ente la mesa de madera clara,

el cuaderno rayado. La botella,

también, de agua, que va bajando de nivel

y luego se repone.



―――――――――――



ESTUVIMOS acompañados por los muertos,

aunque los mencionamos escasas veces.

Hacía tiempo que no nos veíamos

y las cervezas y el vino, el bacalao

y los timbales de ensalada, algunas risas,

relatos de la época, venían con su presencia.

Como en las páginas de la agenda,

cuántos muertos cercanos. O en el espejo,

cuando mi padre viene de pronto a verse en mí.

Los menos recientes entraban en la conversación,

los evocábamos al hacer memoria

de una anécdota, un día en que ahí estaban.

El nombre atraviesa el duelo,

señala la perfecta continuidad,

la alternancia que tenemos con ellos.

No hay más aquí que allá.




Miguel Casado

Estos nuevos tópicos


Tusquets


miércoles, 18 de febrero de 2026

UN POEMA DE LA HABITACIÓN DE LAS AHOGADAS DE ALANA S. PORTERO

 






XXVII



Recuerdo la hora torcida de mi vida

en la que planteé las preguntas exactas,

la hora en la que empezó a pudrirse mi carne

y a llenarse de orgullo el impostor sonriente

que sirve las mesas

y llena los cuencos de trigo los días de fiesta.


He olvidado el tacto de las mejillas de Artemisa,

he olvidado la forma concreta del cuello florido de Atis,

he olvidado que tuve la piel blanca.

En mi diario sólo queda un insistente

olor a madera y a óxido,

también a leche agria y a hoja de tabaco,

también a sangre infantil,

también a baba.


Aquella hora torcida

en la que abandonar a mi gemela de oro en el sótano

parecía una salida segura.

La misma hora

en que los grillos renunciaron a mis noches

y empezaros a cantarme al oído las urracas.


He olvidado, también,

los bordes de mis clavículas frente al espejo,

en aquella hora torcida

bajo la indolente luz de las bombillas

toda yo me transformé en espalda.


He bailado un paso a dos con la bestia;

lo que llamo identidad es una figura

armada con los restos podridos del banquete,

un espantajo de carne, hueso y agua,

mucha agua,

que se mueve con gracia de espantapájaros y

anda.


En la hora torcida de mi vida

comencé a escribir este poema,

con el penúltimo aliento de una superviviente

a la que conozco desde que nací,

sirva como último arañazo sobre la carne colgante

del destino,

como asidero para alcanzar la superficie

y gritar al miserable dios del tiempo:

hijo de perra, sigo aquí.




Alana S. Portero

La habitación de las ahogadas


La Bella Varsovia


martes, 17 de febrero de 2026

TRES POEMAS DE LA MIRADA DE JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO

 






ASCIENDO, DE paseo, hasta el mirador de

las palabras. Una colina sobre el paisaje donde

se pueden leer con facilidad las voces que amo:

horizonte, crepúsculo, bosque, águila. Las

recito al reconocerlas, y cuando ya las he con-

vertido en sonidos armónicos, busco nuevos

vocablos escondidos dentro de las palabras que

he leído. Así en madriguera descubro tejón, y

dentro de un nido imagino los polluelos par-

lanchines. Y en el interior de estos términos

encuentro otros minúsculos, aún más delica-

dos, como púa o ala. Luego, desciendo por el

sendero pletórico de significados, con el libro

de la tarde bajo el brazo.




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LOS LIBROS. Conozco su tipografía, el tacto,

las ilustraciones de la cubierta. Los saludo con

la mirada cuando paso delante de los estantes.

Sé cómo se sienten con solo evocarlos, su tris-

teza o sus gozos. El gesto de rebeldía de cada

personaje. La forma de afrontar los silencios de

la protagonista. Qué adjetivo acompañaba qué

sustantivo. De vez en cuando, al contemplar-

los, cualquier detalle reaparece dentro de mí

con solo ver un título. Y junto a lo evocado,

también regresan el color del cielo, la estación,

las ropas de casa, la música que elegí y qué

soñaba cuando lo leía.




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EL POEMA que compone con palabras que

dicen contiene en su interior otro poema com-

puesto con vocablos que aluden. Y a su vez, este

poema guarda dentro de sí otro integrado solo

por sonidos que susurran, en lo recóndito del

cual un rumor de oleaje sustituye a la caligra-

fía. Y entre las olas de este navega otro poema,

a modo de barca impulsada por el viento, que

la luz transforma en resplandor. Y sumergido

en este poema burbujea otro con las palabras

hechas de aire y de anhelo que los peces rodean

con abulia y las algas decoran con exuberancia.







José Ángel Cilleruelo

La mirada


Antología esencial


Fondo de Cultura Económica


lunes, 16 de febrero de 2026

LA ALEGRÍA DE ESCRIBIR UN POEMA DE WISLAWA SZYMBORSKA EN POESÍA COMPLETA

 






LA ALEGRÍA DE ESCRIBIR




¿Adónde corre, a través del bosque escrito, esta

corza escrita?

¿A beber del agua escrita

que copiará su hocico como papel carbón?

¿Por qué levanta la cabeza, habrá oído algo?

Apoyada en cuatro patas prestadas por la verdad,

por debajo de mis dedos aguza los oídos.

Silencio, esta palabra también susurra sobre el

papel

y retira

las ramas causadas por la palabra «bosque».


Sobre la hoja blanca acechan para saltar

letras que puedan combinarse mal,

frases que acosan

y ante las cuales no habrá salvación.


Hay en una gota de tinta una reserva considerable

de cazadores que apuntan, con un ojo entrecerrado,

preparados para bajar por la empinada pluma,

para cercar a la corza, dispuestos a disparar.


Olvidan que esto no es la vida.

Aquí rigen otras leyes, negro sobre blanco.


Un abrir y cerrar de ojos durará tanto como yo

desee,

permitirá que lo divida en pequeñas eternidades,

llenas de balas detenidas en pleno vuelo.

Si lo ordeno, aquí no sucederá nada para siempre.

En contra de mi voluntad no caerá ni siquiera una

hoja,

ni se doblará una brizna de hierba bajo el punto de

una pezuña.


¿Existe pues un mundo

sobre el que tengo un dominio absoluto?

¿Un tiempo que ato con cadenas de signos?

¿Una existencia incesante a mis órdenes?


La alegría de escribir.

La posibilidad de perpetuar.

La venganza de una mano mortal.




Wislawa Szymborska

Poesía completa


Traducción de Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Moloniewicz


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