martes, 20 de octubre de 2026

SI CERRARA LOS OJOS ESCUCHARÍA A GÓNGORA UN POEMA DE ANTONIO COLINAS DE EN LOS PRADOS SEMBRADOS DE OJOS





Si cerrara los ojos escucharía a Góngora





Si cerrara los ojos escucharía a Góngora,

brotaría de mi cerebro Góngora.

(Manantial entre arenas de oro.

De oro es la noche cuando brilla

a la luz de las llamas de una hoguera).


Aquella noche de mi adolescencia

pesaba como el cuerpo abandonado

de un gran ciervo muerto

que arañase los astros con sus astas.

La noche era muy cierta, aunque yo avanzara

sin sendero, con mis ojos enredados

entre las ramas de los avellanos.

No veía, me guiaba

el rumor de un arroyo.

Extraviado estaba en sus sierras

llenas de alegorías.


La noche era a la vez de terciopelo

cuando a tientas llegué hasta la ermita.

¿Estaría allí el secreto

que mi adolescencia perseguía

y no donde estuve tumbado en el suelo,

mal durmiendo, desvelado al calor de una hoguera?

No había nadie dentro de la ermita.

Entré y mis pasos me llevaron

hasta un arca olvidada en un rincón.

La abrí y en ella había un solo libro

en su primera y vieja edición de 1539.

Era de fray Antonio de Guevara:

Menosprecio de corte y alabanza de aldea.


Callaba contemplando el libro entre las manos

cuando a mis espaldas una Sombra dijo: «Góngora».

Góngora a secas; Góngora

sin Virgilios, ni Horacios, ni Ovidios.

Allí estaba la Sombra y el libro de Guevera

y en él tres palabras

que ardían: alabanza de aldea.

En la palabra que escuché no había

ni huellas de caminos embarrados, ni garitos,

ni aquel exquisito firmamento

de los libros leídos en griego y en latín,

ni voces de las niñas jugando en las plazas,

ni la nostalgia del patinejo de los jazmines,

ni un cuerpo desnudo de mujer

asaltado entre plumas.


El secreto estaba en el mensaje

de un arca olvidada,

donde solo una pocas palabras vencían

a la ceniza: aldea, alabanza, soledad

de soledades, el tardío secreto

que descubre el desengañado

del mundo, aquel que va a morir

y que acaba siendo espíritu de Sombra.

Góngora-rayo, Góngora-relámpago

era aquel nombre que sonó en lo húmedo.


Y de repente las arenas del arroyo

se tornaron de un verde rabioso, azul

fue la noche, negro el día que venía

como pisoteado clavel que ya no aromaba,

arrastrando primero un alba cárdena

como la flor del cardo y más tarde roja

como el charco de sangre

de las pasiones malsanas,

como amor-ciervo muerto.


Pero antes me esperaba a mí otra noche.

Aún tenía que dar en ella con el don

de la palabra cierta

que a él lo definía: Orfeo.

Góngora-Orfeo: Sombra

vagando por sus sierras, mapa

de hermética armonía salvaje,

diamante

salvaje.




Antonio Colinas

En los prados sembrados de ojos


Siruela


 

lunes, 19 de octubre de 2026

UN POEMA DE SVETLANA CARSTEAN EN SOY OTRA

 






corro el peligro

de aprender

que después de todo viene otra cosa

y también alguien más

que después de cada piloto que se niega

a destruir un objetivo

siempre habrá otro

que acepte hacerlo


arriba está el cielo

abajo el objetivo

niños felices en el recreo

en alguna escuela del Líbano

el piloto nunca los ve en detalle

hay tantos detalles que observar en una persona viva

la mañana del ataque

ni siquiera nos dará tiempo a despertar del todo




Svetlana Cârstean

Soy otra


Traducción de Corina Oproae


Visor


viernes, 16 de octubre de 2026

ANTEPASADOS UN POEMA DE JUAN CARLOS MESTRE EN ASAMBLEA POESÍA REUNIDA 1975-2025

 





Antepasados



Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

al hambre le llamaron muralla del hambre,

a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es

extraño a la pobreza.

Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del

hambre,

apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,

apenas atravesar el mar en una cruz de palo.


Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,

pero no pidieron audiencia,

así que vagaron por los legajos

como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las

aldeas.


Y llegaron a los arenales,

en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,

la vida en los arenales solo tiene largos días de lluvia y luego

largos días de viento.


Poco es lo que puede hacer un hombre que solo ha tenido en la

vida estas cosas,

apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del

hambre

mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,

apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,

andar descalzo sobre la tierra brillante

y no enterrar en ella a sus hijos.


Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

atravesaron el mar sobre una cruz de palo.

Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del

hambre

se llamara dueño de la casa del hambre

y vagaron por los caminos

como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las

aldeas.


Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la

piedad,

comer pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán

largos días de viento

y hablar de la necesidad,

hablar de la necesidad como se habla en las aldeas

de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con

cuidado en un pañuelo.




Juan Carlos Mestre

Asamblea

Poesía reunida 1975-2025


Presentación de Antonio Gamoneda


Galaxia Gutenberg


miércoles, 14 de octubre de 2026

TRES POEMAS DE UN SOLO ÁRBOL DE PATRICIA CRESPO

 





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Thimmamma Marrimanu I



Sólo un árbol,

un solo árbol

germinó un bosque



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Raíz umbilical



Me crece la muerte,

un árbol cuyas ramas

ya alcanzan

mi boca

desgarran

mi carne.

Enraizada en la vida

está la muerte.



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Thimmamma Marrimanu II



Germinaste

en las grietas de mi corteza

―aún febril―

y creciste hasta que tus raíces,

una amalgama de troncos y ramas

expandidas poco a poco,

me devoraron.




Patricia Crespo

un solo árbol

(Thimmamma Marrimanu)


Editorial Milenio


martes, 13 de octubre de 2026

PUEDES UN POEMA DE JORIE GRAHAM EN AL 2040

 






PUEDES



oírte

respirar? ¿Puedes ayudar-

me? ¿Puedes

oír la mosca? ¿Puedes


oír el árbol? No,

no me refiero al viento,

me refiero a la respiración

del árbol a través de


la corteza. Dicen los tallos,

¿puedes por favor oír-

nos? ¿Podemos oírte oír

las gotas de agua en nuestras


puntas, flexibles y

tan grávidas de luz y lentes

curvas? ¿Puedes

oír esta e-


vaporación? ¿Puedes

seguir

bendiciendo, seguir sin

pensar?, recordarte


a ti misma


tu propia


respiración, y lo que está

creciendo hojas―raíz linfa, sol

que fuerza la flor…

Avanzando así


verás que puedes oír

la tierra respirar,

y dentro, atareado en atravesarla,

el gusano,


y cada movimiento de tierra

que provoca, oírlo, y

el aliento mismo

del gusano, oírlo. Avanzando así


oirás que la tierra continúa

sin ti―

cuando ya

no estés


aquí, cuanto tú ya


no respires. El pez el

agua la arena las

acículas del pino. El aquí. Óyelo

respirar


mientras gira,

y ahora gira en su interior

el esfuerzo

de este gusano.




Jorie Graham

Al 2040


Traducción de Rubén Martín


La Bella Varsovia


viernes, 9 de octubre de 2026

BALLENA Y OTROS DOS POEMAS DE EDURNE BATANERO EN LAS POSIBILIDADES

 






Ballena



Señalaría partes de mi cuerpo desnudo

y cambiaría el nombre por el que las conoces,

dirías mi cuerpo

con palabras que se usan en caseríos.

Las lenguas cooficiales se relegan

a lo privado y nada lo es más que tu cuerpo

en tu boca, otra lengua

que te enseñaría si me fuera propia.


No es así.

Se mi nombre,

querer, sí, algunos números,

baserri, ondo.

El euskera en mi boca

es una ballena varada por generaciones.



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A mesa puesta



La teoría económica

de quien resuelve el sistema

sin pensar en quién pone los platos,

y quién se sienta a mesa puesta.

Llevan el orden del mundo,

migas ajenas en las manos,

las condiciones de vida en las entrañas,

quienes sirven los platos.



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Desbordar el poema



Este poema tiene que ser un poema,

puedo hablar

sobre la ratio profesor/alumno

de la pública,

las filas de personas

esperando una bolsa de comida,

las guerras, los niños que faltan,

y los que no son hijos de nadie.

Si al empezar a escribir

cierro demasiado los puños

hasta que no cabe el lápiz,

los ojos dejan de brillar de poesía,

y se entrecierran,

si aprieto los dientes

se convertirá en otro manifiesto,

a veces la realidad

no cabe en el poema.





Edurne Batanero

Las posibilidades


La imprenta