miércoles, 28 de octubre de 2026

EL ALMA ESTÁ IMPACIENTE Y TRES POEMAS MÁS DE HISTORIA DE LA CARNE DE BILEYSI REYES

 






EL ALMA ESTÁ IMPACIENTE




Las palabras se me pegan en la boca

[las frases se me pegan en la boca:

y soy un palíndromo interpretado por un ave fusilándose

en el hueco.


++


He creído que me detengo,

paseándome en los andamios.

Siempre mis ruinas emergen y ya no sé si soy

pero existo


+++


Me canta la paciencia en la miseria:

la soledad me pisa los talones.



―――――――――――



En la cocina veía tumbos caer de mi pupila: era una levedad de carencias que se robustecían al hacerse un hueco con la flama. Madre recogía las hojas del té-agua y nos bañaba-cubría las fiebres en su manto de azufre.


Ese olor sostenido era clavélulas diurnas: pacían sobre mi pecho: aullaban sobre nuestras cabezas.



―――――――――――



¿HACIÉNDOME EN EL INTERIOR

DE LA PUPILA?



Ha surgido una pregunta cruel: consumida en una alteridad desesperante: retorcida en la maraña de ojos claros: ojos podridos concienzudamente arbitrarios: camina entre los setos: se convierte en torbellino calcinada por el rayo: raída sobre la torre insípida: cortada al ras: se inclina sobre el diván y no puede sino estallar ráfagas de aire: ya no necesita la sal de las pieles teñidas de rojo: se tornan violetas inclinadas en el iris.



―――――――――――



Existe un poema que modula

que retuerce el tronco con su savia

(demasiado entendimiento promueve la huida)

explora la luz

palpita

sucumbe entre cruces

en un átomo de agua.


Existe un poema-piedra

no sirve para orillar el día

no es más que abedul

efeméride sin causa

un oasis sin tiempo

en el equinoccio de un abismo.




Bileysi Reyes

Historia de la carne


Huerga & Fierro editores


martes, 27 de octubre de 2026

UN FRAGMENTO DE CRETA LATERAL TRAVELLING DE AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO

 







La perfección es el final de un proceso expresionista: se expande sin costuras de dentro a fuera: manzana, poema, llama, representación teatral. A la razón, al cine, y a la música digital, se les ven por detrás las puntadas de un collage también perfecto al final. Y al presente. Sol granulado en la cortina, pulse el cero para llamar al exterior, cartapacio con membrete, vaso vuelto abajo, siento nostalgia de la perfección y digo: “habitación de hotel”. Pensar, lenguaje inalámbrico, la casi montura de unas gafas, nostalgia de la perfección y digo: “yo en habitación de hotel”. El hilo de la tinta, nostalgia otra vez, “yo escribiendo en habitación de hotel”. Y así hasta decir Mundo. No es expansión, sino pegamento contra la soledad. [58]




Agustín Fernández Mallo

Creta Lateral Travelling


I Premio Café Món


Editorial Sloper


lunes, 26 de octubre de 2026

DIENTE DE LEON EN LO SIGUIENTE DE ELISABETH CANDINA LAKA

 






DIENTE DE LEÓN



Observa atenta cómo crece libre

el cuerpo distinguido de la brizna,

recién humedecida por la gota,

la yerba perfumada que olvidó

el diluvio, ajeno al natural

discurso de la yerba: la mujer.


Camina con el paso decidido,

ajena al prejuicio de los hombres;

si ocupa ambas manos en vaciar

la lógica aplastante de los muros―

y, quien dice muro, dice sepultu

(gesto como si fuese degollada) hábito, monja, azucena o

pu―

será por abolir falsos clichés.

Y, quien dice cliché, dice sepultu

(gesto como si fuese degollada) hábito, monja, azucena o

pu―


La mujer tiene ojos en los pies,

ve el camino antes de pisarlo.

No te asombres si junto a la mujer

ves a la actriz Marion Cotillard y al David

Bowie acompañar también a las madrugadoras del

autobús.

Son las madrugadoras quienes limpian

los patios adosado, las cocinas,

el culo arrugado de nuestros viejos.

Son las madrugadoras quienes viajan

en el autobús colectivo.

Crece el mundo subterráneo

de la planta de sus pies agrietados;

veinte mil años de sal

alimentan los pasos que caminan.

Ahora la mujer debe vaciar una casa,

por eso acompaña al autobús de las madrugadoras.


Camina por el arcén

de la carretera de la costa. El viento sur humedece el

asfalto, la piel de la mujer, la piel de

las madrugadoras con espuma de la mar.

El pelo de la mujer echa las redes al viento espumoso

intangible. No quiere que sus

pies desaparezcan.

Vuelve a ser la niña

anterior a la regla de la sangre,

anterior a la lluvia dirigida de las carreteras de peaje,

anterior al primer baño iluminada apenas.

La niña descalza salta, los pulmones inyectados de

azahar silvestre,

canta la canción Juan sin miedo, sus pies retumban

el ritmo que absorbe la yerba.

Sus pasos de tierra desvelan el paso,

anteriores al diluvio cauterizado, anteriores a la lluvia

canalizada de las autovías;

desbordan las esclusas.


Las madrugadoras observan atentas a la mujer.

No comprenden por qué también ella viaja en el

autobús de línea,

junto a las paseadoras, las cuidadoras.

Las manos de la mujer son pequeñas;

las manos de las madrugadoras, por el contrario,

miden diez mil kilómetros.

Su garganta, su voz, sus pies miden diez mil

kilómetros.

Su lengua, sus labios, su boca miden diez mil

kilómetros.

Sus pestañas, sus uñas, sus pezones, su vientre

miden diez mil kilómetros.

Las madrugadoras desconocen el enigma de la mujer.


Las manos de la mujer son dos dientes de león.

Los pechos de la mujer son dos dientes de león.


La savia de su sexo es el enigma.


Ahora la mujer debe vaciar una casa.




Elisabeth Candina Laka

Lo siguiente


Planeta Clandestino # 280


Ediciones del 4 de agosto


viernes, 23 de octubre de 2026

ÍTACA NO EXISTE UN POEMA DE AMALIA IGLESIAS SERNA EN UN LUGAR PARA EL FUEGO

 








ITACA NO EXISTE






TRES vueltas de llave y un olor a silencio,

la luz súbitamente estrangulada en el lecho sin fondo

y la humedad de quince o más otoños

y esta locura

y esta oscura gangrena de embriagada penumbra,

tres o cuatro macetas con esquejes de olvido

o esa vela gastada en noche de tormenta.


Las puertas columpian el llanto de sus goznes.

Hace tiempo que no hay golondrinas al borde del tejado.


Asciendo lentamente

aquella escalera de los sueños freudianos,

subo a los altares mínimos

de mi propia insuficiencia.


¡Cuánto ayer empozado,

cuánta breve mortaja,

cuánto leve recuerdo!


Sobre la cal de esta pared escribo un verso:


He regresado y nada me esperaba.


Quizá se vuelve como a la patria o al padre

con un algo de herida

y esa ansiedad de no reconocerse en los viejos espejos.

Quizá se vuelve tarde,

se vuelve ya sin tiempo.


Desde el suelo

una muñeca muerta me contempla,

―una muñeca serenamente muerta―


Me alejo

con la desagradable sensación de haber profanado

una tumba




Amalia Iglesias Serna

Un lugar para el fuego


Adonáis


Ediciones Rialp



jueves, 22 de octubre de 2026

BILUZI (DESNUDO) UN POEMA DE LUCAS RODRÍGUEZ LUIS EN SUEÑOS DE SÍNTESIS

 






BILUZI (DESNUDO)



El cuerpo se me disuelve

lento y solitario

como el efecto nana-leche caliente

de los comprimidos mágicos.


Todo pertenece a una ficción informe.


Mi ansiedad se queda colgando de ti

como una marioneta sin piloto

mientras caigo desplomándome

como un vestido de noche.


Plegándome alternativamente

sobre mí mismo, agrupando

huesos, carne y oscuridad

en torno a mis pies.




Lucas Rodríguez Luis

Sueños de síntesis





Ediciones de Baile del Sol


miércoles, 21 de octubre de 2026

¿ABRIRÁS? DE RAQUEL MORENO ROBLES







llamo a tu puerta

sin las alhajas que otros me han impuesto

contigo

ante ti

para nosotras

no hay más que la infancia compartida



llamo a tu puerta

ábreme

tomemos la merienda

seamos confidentes en la profundidad de tu casa


llamo a tu puerta

con la humildad de quien vuelve

con el agradecimiento de quién se sabrá consolada

con la seguridad de que será abrigada


estamos aquí

solo una puerta nos separa

¿abrirás?




Raquel Moreno Robles

¿Abrirás?


La Única Puerta a la Izquierda





 

martes, 20 de octubre de 2026

SI CERRARA LOS OJOS ESCUCHARÍA A GÓNGORA UN POEMA DE ANTONIO COLINAS DE EN LOS PRADOS SEMBRADOS DE OJOS





Si cerrara los ojos escucharía a Góngora





Si cerrara los ojos escucharía a Góngora,

brotaría de mi cerebro Góngora.

(Manantial entre arenas de oro.

De oro es la noche cuando brilla

a la luz de las llamas de una hoguera).


Aquella noche de mi adolescencia

pesaba como el cuerpo abandonado

de un gran ciervo muerto

que arañase los astros con sus astas.

La noche era muy cierta, aunque yo avanzara

sin sendero, con mis ojos enredados

entre las ramas de los avellanos.

No veía, me guiaba

el rumor de un arroyo.

Extraviado estaba en sus sierras

llenas de alegorías.


La noche era a la vez de terciopelo

cuando a tientas llegué hasta la ermita.

¿Estaría allí el secreto

que mi adolescencia perseguía

y no donde estuve tumbado en el suelo,

mal durmiendo, desvelado al calor de una hoguera?

No había nadie dentro de la ermita.

Entré y mis pasos me llevaron

hasta un arca olvidada en un rincón.

La abrí y en ella había un solo libro

en su primera y vieja edición de 1539.

Era de fray Antonio de Guevara:

Menosprecio de corte y alabanza de aldea.


Callaba contemplando el libro entre las manos

cuando a mis espaldas una Sombra dijo: «Góngora».

Góngora a secas; Góngora

sin Virgilios, ni Horacios, ni Ovidios.

Allí estaba la Sombra y el libro de Guevera

y en él tres palabras

que ardían: alabanza de aldea.

En la palabra que escuché no había

ni huellas de caminos embarrados, ni garitos,

ni aquel exquisito firmamento

de los libros leídos en griego y en latín,

ni voces de las niñas jugando en las plazas,

ni la nostalgia del patinejo de los jazmines,

ni un cuerpo desnudo de mujer

asaltado entre plumas.


El secreto estaba en el mensaje

de un arca olvidada,

donde solo una pocas palabras vencían

a la ceniza: aldea, alabanza, soledad

de soledades, el tardío secreto

que descubre el desengañado

del mundo, aquel que va a morir

y que acaba siendo espíritu de Sombra.

Góngora-rayo, Góngora-relámpago

era aquel nombre que sonó en lo húmedo.


Y de repente las arenas del arroyo

se tornaron de un verde rabioso, azul

fue la noche, negro el día que venía

como pisoteado clavel que ya no aromaba,

arrastrando primero un alba cárdena

como la flor del cardo y más tarde roja

como el charco de sangre

de las pasiones malsanas,

como amor-ciervo muerto.


Pero antes me esperaba a mí otra noche.

Aún tenía que dar en ella con el don

de la palabra cierta

que a él lo definía: Orfeo.

Góngora-Orfeo: Sombra

vagando por sus sierras, mapa

de hermética armonía salvaje,

diamante

salvaje.




Antonio Colinas

En los prados sembrados de ojos


Siruela