EL POETA QUE VIVE CONMIGO
El poeta que vive conmigo no se encuentra aquí en este momento. El poeta que vive conmigo se ha quedado fuera, está en un bar tomando café, mirando a la gente pasar. El poeta que vive conmigo volverá a casa en mi coche, ocupará el asiento del copiloto, pondrá música, compartimos lista de Spotify. Clave del correo, perfil de Facebook, número de teléfono, grupos de washaps. El poeta que vive conmigo se queda en casa cuando voy al fútbol, cuando voy a trabajar, pero viene a recogerme después y volvemos caminando. El poeta que vive conmigo duerme conmigo y con mi mujer, pero despierta de madrugada y apunta cosas en una libreta naranja. Por la mañana, el poeta y yo revisamos las notas, tachamos, reescribimos, desechamos casi siempre. El poeta que vive conmigo odia la navidad, las fiestas populares, los cumpleaños. El poeta que vive conmigo sigue hablando con Rafi, con Eduardo, con Nacho, con Pedro, con todos los que ya no están aquí. El poeta que vive conmigo piensa en mis hijos a todas horas, los abraza más que yo, sabe perfectamente en qué piensan, qué les preocupa, sabe dónde y con quién pasan las madrugadas. El poeta que vive conmigo me enseñó a hacer el arroz que preparo los sábados para mi familia. La clave está en el pimentón, cucharada y media. Prefiere quedarse en casa cuando salgo con mis amigos, dice que no soporta algunas conversaciones, le cuesta mirar a los ojos a la gente. El poeta que vive conmigo se duerme en las películas de Godard y llora en las de Fellini, sobre todo con Amarcord. También, como yo, adora el verano y las vacaciones, le gusta nadar en el océano, a veces se aleja demasiado de la orilla y le pierdo de vista. No sé el tiempo que vivirá conmigo el poeta que vive conmigo. Algunas mañanas despierto y no está, desaparece días y días sin dejar rastro, pero vuelve con una caja de pastéis de nata. Mis favoritos. Sé que el día menos pensado, el poeta que vive conmigo dejará de vivir conmigo. Y se irá a vivir con alguien más joven, alguien con toda la vida por delante. Y creo que eso estará bien.
Pablo García Casado
Cada uno es mucha gente
Visor







