miércoles, 28 de junio de 2023

RIQUEZA Y OTROS POEMAS DE MARÍA NEGRONI EN ARCHIVO DICKINSON

 

 

 

 

Riqueza

 

 

Poseer es imposible. Ése es el premio.

 

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Lotes

 

 

Un ablativo absoluto para esconder la alucinada sombra de la sombra. Un pájaro que silba frente a un pequeño príncipe. Una jaula que el deseo engendra, como una herida de la gracia.

¡Hagan sus apuestas, caballeros del jardín, conozcan su Imposible!

La insatisfacción es goce largo.

 

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Recomendaciones

 

 

No bebas los besos que viene de noche, sin avisar. No tomes el camino así de alto, así de lejos, a la derecha y a la izquierda, demasiado: sería como irse de caricias, como perderse en un vergel nocivo. Siéntate derecha en el pupitre, no sea que te arrasen músicas sin cauce. Y hazlo con prudencia, con dejadez ninguna, acostumbrándote al error. Fuera de eso, no te ajustes a nadie, no te pongas a escapar. El mal está en el mal, sin mirar a quién. Consérvate buena.

 

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Colores

 

 

Un día aparece la Muerte, estruendosa como es, en la grama del jardín. Sostiene en la mano un papel.

«Nadie escribe en mi casa su propio texto», chilla desaforada.

Ni el zorro la ve cuando esconde un gemelo rojo bajo su manto negro.

 

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Niño

 

 

No haré jamás un hijo, no importa cuántas lunas con su debida noche me deletreen el cuerpo. Nunca le daré un nombre, no lo acunaré con sílabas contadas o flores disidentes. Mucho menos, le haré tramar la tela que empieza donde acaba. No voy a compartir con nadie la intimidad del duelo, el fruto sabio de la mansedumbre. Un día como hoy, sencillamente, pondré en la lista de mis atributos: una mujer que juega sola, una mujer que juega sola y sabe.

 

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Pactos

 

 

Hagamos una cosa: yo me presento de pronto en el jardín con nada y, por una vez, soy más grande que yo, soy casi un no soy, un eco impracticable, a punto de alcanzar su manifiesto impersonal, sin despertar a las abejas, sin perder envión, sin dejar de sostenerme como sombra que llegó hasta aquí aunque desmejorada, a bendecir la vida, no a escribirla.

 

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Abejorros

 

 

Quién fuera el abejorro que se está sesudo, bordoneando urgencias, como un autor vacío y, en lo mejor del año, elige dudas para quedarse joven. Sobre todo ahora, que el jardín conspira contra la prosa, y hace de esa conjura amoralmente ética un callejón mal hablado, una cantera de lirismos sucios.

 

 

 

María Negroni

Archivo Dickinson

 

Vaso Roto Poesía


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