jueves, 22 de diciembre de 2022

CINCO POEMAS DE ZAGUÁN DEL CIELO DE GONTZAL DÍEZ

 

 

 

 

ESPALDAS como pan recién horneado.

El hombre sube la cuesta.

Barro en los pulmones de la tarde.

El hombre se aleja

y deja un rastro de cansancio sagrado.

 

 

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TODO se agranda y se hace mínimo a la vez:

un catalejo de silencio

para atrapar pájaros nómadas.

Me miras con solemnidad de acuario:

un rey que empuña un cepillo de dientes.

Existen zaguanes como abretesésamos

donde la piedra se muestra hospitalaria.

 

 

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LLOVÍA sin delicadeza.

El cielo parecía torturado

y había un olor a coágulo de nube.

La calle se convirtió en río

y un líquido color cuero

me besaba con fiereza los tobillos.

 

 

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Déjame que te cuente

 

OCURRE la vida como ocurren los azares,

como ocurren las nubes y los anticiclones.

Déjame que te cuente que existen

países lejanos, más allá de los cuentos,

dónde la piedra tiene serpientes

y el aire es denso.

Déjame que te cuente

historias de la gente que vive en lo alto,

historia emparentadas con la razón y el deseo.

Déjame que te cuente

cómo fue el primer tacto,

el sismo de marfil,

cómo se dilataban los tendones de la tarde

y la música era húmeda

y la lluvia, que era muy bella, bailaba.

 

 

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Los zapatos de Vallejo

 

UN charco de luna en el izquierdo,

una cuchara de agua en el derecho,

y huellas tremendas

como tumbas de dioses antiguos,

calientes como abecedarios

recién aprendidos.

Zapatos con la sonrisa de un niño

recién estrenado:

tristeza de charol.

Dos zapatos que huyen sin moverse de sitio.

Zapatos de sonrisa transeúnte,

útiles para recorrer sólo algunos lugares

y ver lo tobillos de las auroras.

 

Dos zapatos que echan raíces en el cielo

que pasan página

cuando cruzan una frontera

y arrastran en las suelas una infinita nostalgia

recién remendada.

 

 

 

Gontzal Díez

Zaguán del cielo

 

Zurgai Edición


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