Mamá y papá se casaron jóvenes.
Te imaginé de bebé
dormida en los brazos
de tu madre.
Luego te veo
correteando por el piso
recién estrenado de tus padres.
La infancia era la comba
y el pueblo al que ibais
los fines de semana
por una carretera
plagada de amapolas.
El pueblo era el corral
con juguetes y gatos.
El pueblo era la abuela
y el abuelo
y los tíos y los primos
reunidos a la mesa.
El pueblo eran las moras
y la misa de los domingos.
Una noche escuché
que mamá decía algo
sobre las hijas.
Y papá gritaba.
Y mamá lloraba.
Y pensé en mis muñecas
atando nudos azules a su pelo.
Y vi el mar de los veranos.
Y esa noche soñé con una grieta
y con ciervos que salían
a borbotones de su hendidura.
Mamá y papá hablaban
y tú no entendías su lenguaje.
Sus palabras eran avispas
invadiendo el país de los limones.
Mamá y papá se querían tanto.
Los gritos salían
de un agujero
minúsculo que avanzaba
por tus manos y se abría por tu piel
creando arrecifes
por los que el amor reptaba
como una babosa verde.
De noche oías
la respiración de la casa.
Y cerrabas los ojos
para que no te llevara
el hombre del saco.
Llamabas a tu madre
de noche
y ella acudía a ti y sus brazos
eran un conjuro de paz.
[...]
Ángela Álvarez Sáez
Los ritos familiares
Prólogo de Sara Montaño Escobar
Lastura

No hay comentarios:
Publicar un comentario