lunes, 7 de septiembre de 2020

UN POEMA DE PHANTASMAGORIA DE SARA TORRES

 

 

 

 

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desierto lesbos   la nada antigua  polvo mater

para decir verdad tumbo un clavo bajo la lengua

esto es todo lo que tengo

el reverso azul de la lengua

sus raíces señaladas por un clavo

 

por un momento no me alejo cuando digo

 

no es la idea del dolor

es-lo-mismo-en-sí-mismo

consecuencia de la bajada del músculo

hacia el contacto afilado

 

me regresa a-me me-regresa   ya no me alejo

 

estuve en la nieve negra    brillante como la hu-

lla  al contrario de lo que sugieren los juegos de

analogías esta nieve mantiene alta temperatura

su color no tiñe los dientes:  mordí la  nieve ne-

gra  burbujeo como una bolsa de nada  antes de

 

untando lacrimales   frotando axilas

nieve seguía suya   ajena a mi porosidad

 

 

 

Sara Torres

Phantasmagoria

 

La Bella Varsovia


domingo, 6 de septiembre de 2020

DOS POEMAS DE CAMINAR HORAS DE ISABEL HUALDE

 

 

 

 

LOS CIELOS DE ARLES

 

 

 

Le sorprendieron los girasoles

amarillos y gigantescos

su gran corola

repleta de miles de ojos

—pepitas pardas—.

 

Ellos giran sin romperse

y ahora viven en mi mano

después el solo los pulveriza.

Mis ojos se adaptan

a la trayectoria de los pájaros.

 

Pronto arrojaré mi tristeza

a los cielos de Arles.

 

Estoy desnudo y quiero rendirme

regresar a la tierra

donde el cordón fue rasgado

—este no es mi lugar—.

 

Van Gogh apaga la vela

con el dolor de su aliento.

 

Que los dioses le protejan.

 

 

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EL ABRAZO

 

El pantano imprime universo

con altavoces de tormenta.

 

Asustados por el rayo

en nudo de corbata

las voces decaen.

 

Lo que decimos lo recoge el agua

aclimatada a los rezos invisibles

de la marea interior.

 

Déjame brillar

y ocuparme de ti

mecer el dolor de la hendidura

con mi vieja alma

 

déjame sellar

tus últimas palabras:

haiku impronunciado en la boca

y piel desnuda a la intemperie.

 

El abrazo

el frío definitivo.

 

 

 

Isabel Hualde

Caminar horas

 

Ediciones Eunate


sábado, 5 de septiembre de 2020

ÁNGELA SERNA LEE DOS POEMAS DE PABLO MÜLLER

 





Ángela Serna lee dos poemas de Pan y hierro, el libro publicado por Ediciones del 4 de agosto.

La voz certera de Ángela logra el tono cercano y roto que la memoria busca.

Muchas gracias, Ángela.


viernes, 4 de septiembre de 2020

MANDALA ELEMENTAL DE DIEGO QUINTERO

 

 

 

 

Mandala elemental

 

 

 

Supongamos la literatura una relación entre dos planos, el dibujo de figuras geométricas. Parecido a trazar un cubo: primero se colocan los vértices, luego se unen mediante una línea. Aparece el primer plano. Después podríamos llamar los vértices composición, sentido general, figura literaria y esa belleza completa de la música. La línea sería lo irrebatible del estilo, lo único de una voz poética entre todas las voces poéticas. Ahora es necesario otro plano. Aquí entra en juego un concepto (la teoría): la perspectiva resulta útil puesto que desvía este cuadro ligeramente hacia el lado, ligeramente hacia el sur o hacia arriba. La línea une el primer cuadro con el segundo cuadro de manera ambigua, hace al lector pensar con extrañeza en el fondo. Lo interesante de todo esto es la generación automática de cuatro planos más. Ahí podríamos colocar de alguna manera las interpretaciones (estas dependen del ángulo, la perspectiva y la tradición de quien reciba el texto). En todo caso lo importante es lograr múltiples lecturas.

 

 

 

Diego Quintero

Taskent soledad ultra

 

Ediciones Liliputienses


jueves, 3 de septiembre de 2020

VOLVAMOS A LAS RAMAS UN POEMA DE OLALLA CASTRO


 

 

 

VOLVAMOS A LAS RAMAS

 

 

 

Volvamos a las ramas. A su música.

Retrocedamos

decenas de siglos en la lengua,

hasta un segundo antes de empezar a fingir

que una hebra invisible atraviesa los nombres

y los une a las cosas.

Volvamos al golpe de tambor, a descubrir el ritmo.

A bailar alrededor de las hogueras,

conservando el asombro por la chispa.

Volvamos a los sonidos guturales,

a los fonemas silbantes

que rompen el silencio a fuerza de invocarlo.

 

Shhhhhhh.

 

No olvidemos que antes

de trenzar las palabras

nuestros dedos ya hallaban los caminos.

Volvamos a las ramas y a su canto.

Tachemos la gramática

y probemos a decir otra vez.

Como si nunca.

Para que decir vuelva a ser

señalar con la lengua,

olfatear las cosas

con clara voluntad de acorralarlas.

 

Para que decir no sea más

emigrar a otro cuerpo.

Para que deje el lenguaje de ser

o jaula o fuga.

 

 

 

Olalla Castro

Inventar el hueso

 

Pre-textos


miércoles, 2 de septiembre de 2020

FRAGMENTO DE SÍLITHUS DE ENRIQUE FALCÓN


 

 

 

[ click!] en aquel tercer día

cuando la revolución alcanzó su término

 

 

 

Aquí la anciana no dice —«he aquí una anciana»,

el anciano no dice —«he aquí un anciano»,

en Sílithus el muerto no dice

—«he aquí uno que no ha vuelto».

Nadie dice —«he aquí un perseguido»,

no hay nieve ni hay lluvias torrenciales

que oculten la tumba del rebelde

—el lobo no acorrala al cordero

y una niña pequeña ahora juega con los dos.

Aquí el varón no dice — «he aquí la mujer que hubimos matado»,

aquí el hombre del norte no dice — «este es el curso del río que nosotros torcimos»,

la piedra desechada ya ha sido recogida

y un niño recién destetado ahora mete su mano en las perforaciones de un tanque:

útero y ataúd descansan en las lindes del bosque.

Nadie nos ha dicho

— «este es el choque, este es el anzuelo con que atragantamos a vuestros padres»

— «esta, la silla de la oficina»

— «este, el final de su esperanza»

— «aquí veréis ahora

toda la dote de un mundo apagado».

Aquí nadie dice

que quien ha conocido el mundo ha encontrado un cadáver         [Tomás]

porque la fe resplandece en la cocina

la esperanza reposa en un plato:                                               [Tertuliano]

nadie vierte en ellos el alcohol de la derrota, nadie dice

— «este que bebemos es el alcohol de la derrota».

Aquí la anciana no dice —«he aquí una anciana».                       [tabl. Enki]

Y el anciano no dice —«he aquí un anciano».

En Sílithus el muerto no dice — «este es uno que se ha muerto».

 

Un jergón disponible.

Velas para un extraño.

 

Que desciendan, que miren, que recuerden:

aquí masticamos el pan de las montañas

como otros masticaron el pan de los tristes.

 

Ni siquiera ahora,

con alivio,

reconocemos las filmaciones de córtex

cuando en ellas depositábamos

el reposo feliz y la dicha completa:

todo abruma y nada dicta

lentamente lo que quiera venir:

el chasquido final que enraíza en las horas.

 

Por todo alivio sabemos

que la lengua

que la lengua de Quien Miente

no les habla ahora a nuestros hijos

y quien hoy sujeta un arma

nada tiene entre sus manos.                                                              [Blyth]

Nosotras ensanchamos el espacio de la hoguera.

 

Hacíamos todo el esfuerzo posible

para no perturbar las plegarias del viento,

la indulgencia del suelo, el respeto a la asamblea

y ese hilo que sin prisas nos conduce al amor.

 

 

 

Enrique Falcón

Sílithus

 

La Oveja Roja


martes, 1 de septiembre de 2020

(ANTI) EPITAFIO UN POEMA DE ANA TAPIA


 

 

 

(ANTI) EPITAFIO

 

 

Pobre siglo veinte

que ha visto morir tantas culturas

que ya nadie recuerda.

 

Yo nací en el siglo veinte. Eso me gusta.

Es como haber estado en los postres

de una última fiesta.

 

La fiesta del olvido de los hombres

y las lenguas

la finalización de una batalla

sin principio.

 

El siglo de la voz de las mujeres.

La muerte de bastantes tradiciones.

 

Pobre siglo veinte

vapuleado por nuestra tristeza.

Yo nací en él. Nací en él.

Y le he sobrevivido.

 

 

 

Ana Tapia

El polizón desnudo

 

El Gaviero Ediciones