HAIKÚS DE LA SOGA
Esparto ronco
que agita entre sus hebras
la flor del odio.
Salto, castigo
y pies que se deslumbran
por lo caído.
Favor muy flaco
el del hilo que niega
su desacato.
Cordel torcido
del que caen las palabras
y los mendigos.
Polietileno
que estremece el lenguaje
contra su cuello.
Palo en la rueda.
Y en la boca, empalada,
flor que no ceja.
Nombrar la soga.
Ganarle a su estampida,
su lengua rota.
María Ángeles Pérez López
Diecisiete alfiles
Adaba Editores

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