LOS CUERPOS DE LAS MADRES
I
Hace algunos inviernos
los cuerpos de las madres se resbalaron en la nieve.
Se rompieron las muñecas. Soldaron mal
los huesos. Ahora toman las tazas
como si fueran cálices
y se masajean inconscientes la cicatriz
viendo la televisión
a ajustan el volumen
del audífono
según duelan los nombres de otras
en la radio.
Hace algunos inviernos que a los cuerpos de las madres
les sacaron el útero.
Nos vaciaron, dicen ellas.
Como si en la matriz cupieran almas.
Ahora se masajean los vientres en el sofá.
Mientras leen asesinos
en el Kindle y suspiran: Lo peor
será este invierno.
II
Los cuerpos de las madres parieron
crías hurañas
como gatas de muelle.
Nos buscan insistentes respuestas y mejillas.
A punto del desgarro,
nuestros cuerpos les reprochan
tener manos muy frías y se encogen
de hombros: Dando una vuelta
o
Por ahí.
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LITERATURA UNIVERSAL
El primer hijo
de la mujer debe enseñarme
cómo se pare en hospitales públicos de gestión privada
ha cumplido hace poco treinta años
sin presión positiva continua
en las vías respiratorias.
Su madre
se acuclilla junto a mi pelota de pilates
que se deshincha un verso más a la vista de nadie y
sollozamos
juntas, sin que el aire sospeche,
por la férrea salud
de la literatura universal.
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EL OFICIO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO
Nadie causa mayores daños a la Iglesia católica
que las parteras
Los inquisidores KRÄMER & SPRENGER
Ya verás. Cuando en tus manos tomes
sus diminutas manos nuevas
dejará de doler.
Te olvidarás de todo lo demás.
Debo de estar mal hecha: aún puede dolerme
y no me olvido.
Y a la memoria verde de aquel daño
le debo este poder de agradecer, además de las suyas,
todas y cada una de las manos hermanas
que tomaron las mías
la noche en que aquel rayo me dividió por la mitad.
Sus dueñas respondían a los nombres de Katia,
Magdalena, Saray.
Las balsámicas hijas de Artemisa.
Tomadoras de manos.
El auténtico oficio más antiguo del mundo.
Martha Asunción Alonso
Literatura Universal
Isla Elefante

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