CADA NIDO DE PÁJARO
es un pequeño milagro,
como el hueco fértil de una mano
se despliega sobre el árbol
y lo hace cantar.
Tres nidos me nacieron en el vientre
con ramitas de vuelo. Fueron tres.
Dos pájaros juegan
entre las copas de los almendros,
cómplices del aire de flores rosadas.
Otro buscó la raíz, se burló del tiempo
y encontró en la tierra
su lugar de ave sin alas.
Dos pájaros vuelan con nombre
de piedra y de cielo.
Otro ni siquiera dejó que el plumaje
cubrieran su cuerpo.
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HOY ME CUESTA ESTAR ERGUIDA.
Supongo que no será la última vez,
se sucederán los días como se suceden
las noches, y se repetirán horizontales,
intermitentes.
Estoy bailando, tumbada. Solo yo lo sé;
son mis pies, que no se conforman,
y algo sin nombre en el resto del cuerpo,
vivo y rebelde y anhelante. Ni siquiera
he encendido la música. No hace falta.
Siempre ha sido fiel, constante
como un surtidor que recorre el tronco,
la sustancia química de contraste
invadiendo cada órgano y dándole luz.
M.ª Carmen Ruiz Guerrero
Brocal y voraz
La Garúa

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