EL ÚLTIMO BARCO
Extienden una ballena, la abren, van a construir un océano a partir de una costilla de cetáceo. Hay aceite de sain sobre la nuca de la tierra, el torso de una cordillera se expande en la orilla, un tosco residuo de tierra se presta a ser océano en el último peldaño de un norte. Niños con frente de Estocolmo y sur de Italia llevan las reproducciones de ballenas en las costras de sus rodillas, se golpean con un martillo para que nazcan heridas de barco. Una nave motora surca la longitud de la ballena, su sacrificio es silencio de azul surcando la saliva enorme de un dios. 120 balazos de carabina evitan que se forme el océano pendiente, el que hubiera salvado a la humanidad de ser humana. El esqueleto de la ballena se muestra en el museo para recordar una deuda. En la mesa, una lengua de animal marino sabe al arpón de un ballenero que apagó la luz de su noche. Han envasado aletas para que algún día las estrella coman de nuestro cielo. Desde una atalaya, un hombre quiere alcanzar la constelación Cetus y apunta al corazón de un cosmos que pudo ser la flotación de las ballenas en la tierra.
Josefina Aguilar
Aubade
Huerga y Fierro Editores

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