sábado, 8 de julio de 2023

TRES POEMAS DE AMAPOLAMEN DE ELENA ROMÁN

 

 

Almenas con leche

 

 

No hay palabra más terrible para un niño que “siempre”. Cuando un castigo va acompañando del “para siempre”, los niños lloran como si la mayor pena del mundo circulara desde su corazón hasta su garganta empeorando su caligrafía. Al crecer descubren que “siempre” es relativo (personas que creí muertas se han chocado conmigo en una frutería para preguntarme el precio de las setas). Después comprenden que no existe, que lo que de verdad existe es el jamás. Un avión vuela sobre mi hombro y balbuceo un atardecer eléctrico a sus pasajeros. Quiero vivir en un castillo hinchable; desayunar almenas; desinflarme al mismo tiempo que lo que rodea. Soy una niña desde siempre. En los últimos días he dormido en ciento veintidós camas. O por lo menos en una.

 

 

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¿Destripo o?

 

 

Hay cosas que se rompen por no usarlas: una tetera japonesa, el barro, los suspiros. He estado leyéndote a una hora en la que no hay nadie en una calle por la que no pasa nadie rodeada de grafitis que no hizo nadie. Tres páginas me quedan por leer y dosifico los renglones. No quiero terminar el libro todavía. Cambio el horario de lectura. Sé cuál es el final, no es ése el problema. Lo que me preocupa es dejar de leer, salir de ahí, quitarme la escafandra dentro del agua.

 

 

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Abejarada

 

 

Soy la abeja para la abeja. Yo soy la intrusa en su espacio, que es a rayas, que es un vuelo, que es el polen. Cojo mis cosas para irme sin molestarla. No quiero morir por una causa textil. No es miedo, es cuidado y amapolas. No hay forma de amanecer así, no hay Madrid. Cojo mis cosas para no morirme. He visto un futuro a propósito para ser cambiado.

 

 

 

Elena Román

Amapolamen

 

Edita: Gato Encerrado


viernes, 7 de julio de 2023

UN POEMA DE RUBÉN ROMERO SÁNCHEZ EN MADRE

 



I

 

 

 

cientos de pájaros heridos sobre los alféizares,

mi madre en la camilla y la belleza del mundo nos

abandonaba

 

dos filas de enfermos en lascivia danza de muerte,

como letras despeñadas de los letreros de verano

 

poco más de mes y medio pero ninguno lo sabíamos

 

siempre odié las disculpas por lo inevitable,

el vuelo de alondras y nenúfares,

la pérdida del punto de vista en la distancia

 

el hospital es un sitio seguro,

no compadezcáis mi desesperación del fugitivo,

hay un hogar en cada instante que recuerdo

 

sostuvo mi mirada unos segundos,

las flores vencerán cada tarde el olor de la leía,

la pureza de sus venas invisibles,

 

y mientras Sísifo se limpiaba el barro de la cara me dijo

en un abismo

háblales de mí,

no dejes que los niños me olviden

 

 

 

Rubén Romero Sánchez

Madre

 

Ril editores


jueves, 6 de julio de 2023

TEMPESTADES VERANIEGAS UN POEMA DE KATY PARRA EN PAISAJES ROTOS

 

 

 

 

TEMPESTADES VERANIEGAS

Bodegón familiar

 

 

Están cayendo mitos desde el cielo

con el peso inexacto

de vacas predispuestas a ser plumas.

El buitre trae un ángel en el pico,

el dragón ha caído con su princesa a cuestas.

La manzana

ha dejado de mirar a la flecha y prefiere morir

por inercia retráctil

con su invasión exacta de lombrices.

El cielo los escupe a chaparrones.

 

He puesto a madurar nuestras serpientes,

las petunias, las hostias en su jugo, el laurel,

los tres cuervos que anidan en mi piso

y duermen con mis gatos.

Nuestra fe está en contra de usar chubasqueros.

Somos una familia sin paraguas.

 

 

 

Katy Parra

Paisajes rotos

 

Colección literatura breve

 

Edita el Ayuntament de Mislata


miércoles, 5 de julio de 2023

PALABRA DE HONOR INTERCONTINENTAL UN POEMA DE EVA MARTÍN ORIVE EN AVIONES DE ÉBANO

 

 

 

 

PALABRA DE HONOR INTERCONTINENTAL

 

Refrendamos un pacto de palabra

con intérpretes. La reunión era cónclave

donde el padre y los tíos hablaban sobre Saliou,

aunque quien decidía era la anciana.

 

Mi compromiso fue un parto artificial

profundamente deseado

que arrastraba consigo a todos sus parientes.

 

El parto de su madre fue distinto.

En África, ocurre muchas veces, que alumbrar

es un latido por la vida

que recorre caminos intrincados

y, a menudo, lo atropella la muerte.

 

Refrendamos un trato de palabra que se tornó irrompible:

con la orfandad de su risa tejí un nido en mi vientre.

Cuando Saliou sostuvo sus ojos en los míos en aquel orfanato,

no había marcha atrás,

mis pechos lo buscaron. Él acudió a su encuentro.

Así comenzó un pacto de familia:

la suya, numerosa. La mía, más familia.

 

En aquella cabaña, sus cinco estrellas eran

de amor hospitalario.

 

Ya no fui más la intrusa, y pasé a compartir

la colada, la plancha de carbón,

unas duchas con baldes

a 5.000 kilómetros de mi cuarto de baño.

 

Acordamos un pacto de palabra intercontinental

en un ir y venir de muñecos y ropas,

de lecciones que enseñan el tacto y el sonido

que transmiten los besos

 

 

 

Eva Martín Orive

Aviones de ébano

 

XXXVIII Premio Gerardo Diego de Poesía 2022

Ediciones de la Diputación de Soria


martes, 4 de julio de 2023

FINAL UN POEMA DE ESTABEN MARTÍNEZ SERRA EN EL TEMBLOR

 


 

 

 

FINAL

 

 

 

No sé de qué tiempo fue el sabernos

bendecidos por algún dios benefactor

con la fuerza que impele el espíritu de la hazaña.

O la entrega que contempla todos los plurales

como un presente amoroso.

O el lento suspirar de los relojes.

O el decir siendo, al final, lo no dicho.

No sé de qué tiempo fue el sabernos

de la manera en que el saber se olvida.

 

 

 

Esteban Martínez Serra

El temblor

 

La Garúa


lunes, 3 de julio de 2023

UN POEMA DE ELI TOLARETXIPI EN CLAPOTIS

 


Let cut

sweet out

the Paint out

Anne Carson

 

 

 

La presión del dedo entre las cejas,

como abrir una ventana, o un hueco,

horadar; lo contrario al taladro en la sien

y en lo alto de la cabeza inclinada fonta-

nella de la cabeza deformada; ahí entre los ojos

es un túnel fresco.

 

Ciudad en la cima de un montículo

y agua alrededor. Bicicleta.

Ascensor de madera. Demasiado bagaje

como para caber en él. «Lo que no puedas tirar

lo entierras» (M. Atwood).

Dentro de la caja del ascensor hay un lavabo sucio.

En las escaleras hay candelabros prendidos y reliquias.

«Otros solitarios se reconocen en la poesía

mientras afuera llueve» (A. Pizarnik).

 

Me bajo en el segundo piso y me sumerjo

en el agua transparente y tibia;

me baño entre peces anaranjados, peces luna.

Una chica me explica que la marea

sube y baja según se abran o se cierren las compuertas.

Bastón y sombrero, la madre de la chica.

No encuentro la bicicleta. Otra mujer

lleva de la mano a una niña que lleva de

la mano a un perro al que le sale un caparazón

y luego unas púas de puerco, un hocico de oso

hormiguero que me husmea.

 

Cable y ganchos colgados del techo.

Me cuelgo. Me pincho.

O un ascensor que se convierte en tren

que ha momentos se despega de las vías

y vuelve a acoplarse. Se oyen las voces de

los obreros que montan y desmontan el paisaje

amplio de tierra removida, sin árboles.

Mujeres tumbadas boca arriba conversan mientras

dormitan en alemán. Beso.

Labios marcados por los dientes. Asaltos violentos,

placenteros, sin cariño; pero esos roces

«dispensan del pavor» (A. Di Benedetto)

 

 

 

Eli Tolaretxipi

Clapotis

 

Ediciones Trea


sábado, 1 de julio de 2023

UN POEMA DE LAS HORAS LENTAS DE PILAR SALAMANCA

 

 

 

 

I

 

 

Soy

un seis de Octubre de un año que no digo;

Soy

las seis de la mañana de una noche en vela.

Soy

la niña de los ojos de mi abuelo,

el útero partido de mi madre,

el arco de su espalda.

Soy

aquel médico y la bofetada

que me enseñó a respirar

(y las que vinieron después

que casi acaban conmigo).

Soy

los ojos de la tribu

parpadeantes y aleves

por encima de mi cuna

Soy

Promesas que no se cumplieron,

contraventanas cerradas, cristales,

y detrás de los cristales, nada.

Soy

la inesperada sin palabras,

ante lo que vino después

¿tú lo sabías? Yo no.

Soy

(y quizá esto sea lo peor)

un rechazo al “ser” no más,

apenas agua, solo cuerpo.

Soy.

 

 

 

II

 

 

Soy

el traje de farales

que una mañana

se incendió conmigo en el brasero

Soy

La mariquita de lunares, el paqui roto

la pepona que jugaba a destripar

con mis tijeras.

Soy

La que aprendió a besar con Margarita,

y a imitar a la Magnani,

¡incomparable!

Soy

ese agujero en las medias

de la señorita Córdoba y el Kempis

que le regalé y me devolvió sonriendo,

su exacta vergüenza, mi desesperación.

Soy,

dos cosas siempre al mismo tiempo

que sumadas hacen siempre una,

teoría de las líneas paralelas

que nunca llegan a juntarse.

 

 

 

III

 

 

Soy

hija de la niña que fui algún día

cuando sin ira,

en los largos laberintos

donde hoy ando perdida,

me salvaba.

Soy

la ternura que guardo todavía

dentro de un alma fría

contrariada.

Soy

mi propia diosa, mi propio demonio

las ausencias selladas de la muerte,

e incluso mi muerte, viva al fin.

Soy

el no sueño y el hambre

por todo lo que no he podido ser

y el miedo a lo peor.

Soy

un silencio no aprendido,

otro que aprendí a golpes

y que me atravesó mi alma

con las patas de un insecto.

Soy

la loba que rastrea la yugular del cazador

y la lengua que lamerá su sangre

anticipando su derrota

antes de que llegue la manada.

Soy.

 

 

 

Pilar Salamanca

Las horas lentas

 

Poemas (in) surgentes

 

La Vorágine