sábado, 22 de julio de 2023

UN POEMA DE ENRIQUE FALCÓN PARA LA JORNADA DE REFLEXIÓN

 



LOS SERES INTOCABLES


 


Jorge Semprún leía a Paul Valèry en el campo de

concentración de Buchenwald

 

(y era en las letrinas

donde él y sus compañeros recitaban

también a Heine, juntos a coro,

cuando en los domingos santos de las letrinas

los hombres eran siempre menos vigilados)

 

 

En el mayor campo de concentración para mujeres en

territorio alemán, Vlasta Kladivova recopilaba

poemas y poemas

 

(que su amiga Vera ilustraba,

antes de guardarlos bajo su litera,

con tinta de colores sustraída

de los barracones de los oficiales)

 

 

En el campo Uno de Gusen, entre descanso y descanso,

el poeta Jean Cayrol escribía su Canto a la esperanza

sobre una tabla de madera a modo de mesa

 

(lázaro

recuperado a la vida

por la acción de Johann Gruber, aquel sacerdote

con identificación 43.050

que sería después torturado,

durante tres días seguidos,

antes de morir en manos de las SS)

 

 

Primo Levi recitaba el Canto de Ulises según Dante

acompañando a su amigo en la fila de la sopa

 

(y Jean Samuel

se preguntaba por qué en el Lager de Auschwitz

había interrumpido

—precisamente—

aquel pasaje del Infierno)

 

 

Jozef Czapski impartía conferencias sobre Proust en

los refectorios del campo de prisioneros de Griazowietz

 

(esas horas felices

que, según él,

aliviaban la herida colectiva

tras la matanza en el bosque de Katýn)

 

 

En los diversos kommandos asociados al campo de

Mauthausen, el catalán Joaquín Amat escribía sus

poemas en papel de sacos de cemento

 

(él los escondía,

durante largas temporadas,

en los almacenes

y también bajo sus ropas)

 

 

Tatiana Gnedich repasaba de cabeza, en la oscuridad

del presidio, aquellos miles de versos de Byron, que

ella se sabía de memoria

 

(su carcelero quedó conmovido

tras escucharla recitar esos poemas vertidos al ruso,

y retrasó en dos años su traslado

a un gulag de Siberia,

donde habría de pasar 124 meses

perfeccionando aún más,

y siempre de cabeza,

su traducción del Don Juan,

texto que dictaría —una vez libre—

después de haberse quedado

literalmente ciega.)

 

Tengámoslo presente (nosotros,

que aún no escribimos en un campo de concentración):

 

En las letrinas

En las literas

En las mesas de tabla

En las paradas de sopa

En los comedores

En los sacos sustraídos de los almacenes

En la garita desde donde os aguarda

la impaciencia de cada vigilante:

 

seres intocables, palabras y versos.

 

 

 

Enrique Falcón
No adoptes nunca el nombre que te dé la policía

Ediciones de Baile del Sol 


viernes, 21 de julio de 2023

UN POEMA DE GEMA ESTUDILLO EN ESTOS OJOS QUE VEN

 

 

 

la palabra nunca tiene un eco eterno.

rebota en las paredes y desencadena

avalanchas

colisiona en el universo.

en nuestras cabezas se oye

su ruido ensordecedor

nunca nunca nunca…

es el fragor de una tormenta que se propaga.

pronunciamos nunca y retumba el cielo.

se aprieta la sangre.

se constriñe el gesto.

mengua la luz.

decimos nunca sin ceder ni un paso,

sin bajar la guardia

en un ejercicio extremo de contorsionismo

sentimental.

decimos nunca y con cada nunca

vemos una sombra alejarse

desposeída ya de sus jirones

que va dejando a nuestros pies

todas sus amputaciones.

en la quietud y la calma que precede al vértigo

la cicatriz sana sobre el pecho.

crecen mis labios sobre la herida.

abona la vida nuestro cuerpo.

por fin lloro, padre, también canto

 

 

 

Gema Estudillo

Estos ojos que ven

 

Poesía Garvm


jueves, 20 de julio de 2023

GENEALOGÍA UN POEMA DE SARAH MARTÍN EN HIERRO

 

 

 

 

GENEALOGÍA

 

 

 

Como hija de un suicidio cíclico

de suicidas cíclicas del bucle de mí

palabra de una misma descripción

de igual tinte de idéntica mezcla

en el itinerario fatal de la trampa

en la ciudad móvil donde un día

se produce el hallazgo o la tenue

iluminación de conocer el final

como en esos juegos bobos

una esfera con un agujero donde

ronda una pequeña bola metálica

pronto se precipita

así entras en la gatera del futuro acontecido

en la ciudad móvil con este acero liviano

sin asiento

hoyo que te expulsa y te reclama

torpe      a bandazos     con la voluntad disminuida

rebotas en la acinesia     el abandono

la irrefutable prueba que confronta

coraje y declive

matemática y retroceso     y perseveras

en el confín del desequilibrio

en la lisura

en el cuerpo que te refiere y te difiere

tan aturdida      con cada tumbo

en la ciudad móvil en cuyo movimiento

ni siquiera reparas

salvo si dices aquí

y otros idiomas resuenan

sin origen.

 

 

 

Sarah Martín

Hierro

 

Ril Editores


miércoles, 19 de julio de 2023

MANOS UN POEMA DE PUNTOS DE FUGA DE LORENZO OLIVÁN

 

 

 

MANOS

 

 

Miras la palma abierta de tus manos.

¿Qué te dicen? ¿Realmente son tuyas?

¿No te interrogan al interrogarlas?

¿No te miran, extrañas, si las miras?

Mueves, mueven, un poco, tus, sus dedos

haciéndote no sabes qué señales,

como si pretendieran desvelar

sobre ti mismo algún oscuro enigma.

Hay en sus huellas más signos escritos

que en los libros del mundo. Te dan vértigo

sus trazos superpuestos, ese afán

por dar perfil a cosas imprecisas.

Qué tormentas calladas, qué relámpagos

quietos, qué seca lluvia, qué raíces

sin flor, qué blandas piedras, qué mirar

sin hondos ojos, qué simas sin simas.

¿Dónde te llevan? ¿Hacia qué lejano

tiempo de qué principio va tu mente?

¿A quién heriste, asesinaste, amaste

en qué otra piel? ¿De quién sois, manos mías?

 

 

 

Lorenzo Oliván

Puntos de fuga

 

Visor


martes, 18 de julio de 2023

CUATRO POEMAS DE ANUARIO DE ELENA FELÍU ARQUIOLA

 


 

 

 

VI

 

 

 

El transcurso

de estos días iguales no se marca

con palitos trazados sobre el muro.

 

La escasez progresiva

―en el blíster

tres pastillas ayer,

hoy dos, una mañana―

certifica que el tiempo

no se ha paralizado.

 

 

 

VII

 

 

 

Mirar en vertical

por el espacio angosto que se crea

entre los lavaderos

y el metal de los cierres.

 

Reconocer

―imaginar a veces―

por la ropa que cuelga en cada piso

qué soledad lo habita.

 

 

 

VIII

 

 

 

Medir con precisión las dimensiones

del espacio habitado:

los pasos que separan

la cocina y el baño,

el cuarto y el salón,

la entrada y la terraza.

 

Afuera,

el horizonte.

 

 

 

IX

 

 

 

Descifrar

los pequeños sonidos.

 

La puerta que se cierra en el rellano.

El ritmo de los saltos cada tarde.

El ascensor que sube.

La misma melodía

siempre a la misma hora.

 

Acabar conociendo

las pequeñas costumbres.

 

Y, al filo de la noche,

los aplausos.

 

 

 

Elena Felíu Arquiola

Anuario

 

Isla de Siltolá


lunes, 17 de julio de 2023

SIETE POEMAS DE EDUARDO MOGA EN MI PADRE

 

 

 

 

Mi padre me llevó una vez a una conferencia de un orador famoso en el hotel Ritz. En el turno de preguntas, se puso de pie e hizo una.

 

 

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Mi padre recordaba los bombardeos de Barcelona de la aviación fascista. Sonaban las sirenas, su madre lo cogía de la mano y bajaban corriendo las escaleras de la casa hasta el refugio del metro más cercano. Allí esperaban a que el ataque acabara. A veces, tenían que pasar la noche en los túneles.

 

 

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Mi padre era un muerto de alquiler. Cuando venció el plazo de arrendamiento del nicho, unos operarios sacaron el ataúd del agujero y traspasaron los huesos, enredados en jirones del sudario, a un féretro más pequeño. Luego lo llevamos en el portaequipajes del coche Chalamera, con varias maletas, algunos juguetes viejos y una nevera portátil. Allí lo metimos en la tumba de la familia.

 

 

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Una vez vi deambular a mi padre por las calles del barrio. Entraba en un bar y salía. Luego en otro. Parecía ausente, sin rumbo. No le dije nada.

 

 

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Mi padre recordaba haber visto caer en el pueblo a un paracaidista alemán durante la guerra. El aviador sacó la luger, aterrado, pero no disparó a nadie. Le quitaron el arma y se lo llevaron. Nunca supo qué le hicieron.

 

 

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Mi padre me acariciaba el pelo, cuando, tumbados en la cama, veíamos juntos la televisión.

 

 

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De niño, me gustaba jugar con los pies de mi padre en la cama. Le movía los dedos, le arañaba las durezas. Mi hijo, de pequeño, también me acariciaba los pies a mí.

 

 

 

Eduardo Moga

Mi padre

 

Ediciones Trea


sábado, 15 de julio de 2023

LA VOZ DEL POEMA DE BARBARA GUEST EN FUERZAS DE LA IMAGINACIÓN

 

 

 

LA VOZ DEL POEMA

 

 

la lírica, la lira, es la voz del poema.

Puede que sea un error para la garganta de un poema

usar una palabra de origen griego. Si hay un

deseo de abolir el lirismo podría ser necesario

sustituir la palabra “voz” del poema;

no puedes abolir eso. Es de la actividad de la

voz de lo que depende el poema.

 

 

El espíritu del poema, la visión que lo cruza: si estos son abolidos tenemos un poema sombrío que solo repite los valores de lo observado.

   “El gato subió al muro”. Después si tuviéramos que agregar “y el muro se derrumbó” habría una inferencia apocalíptica; entonces ingresaría un sentido de fatalidad. De cualquier forma, para hablar en una sola nota, eludiendo el concepto de lirismo, que integra visión y espíritu, podríamos escribir:

   Ese gato trepó un muro/los gatos son buenos trepando.

   Eso sería didáctico y muchos poetas se apoyan en la didáctica porque creen que es pragmática y que por ende tiene tintes filosóficos.

   Pero ¿dónde está la actitud arriesgada, que es la necesidad vital del poema?

   Se nos ofrece en un espacio cerrado: el gato trepando un muro. Qué aburrido.

 

 (1) El lirismo puede rescatarnos de lo terrenal. Lo mundano de la poesía.

 

 (2) La poesía tiene exigencias monstruosas para el poeta. El poema en sí es un campo de batalla. Pero ¡qué campo de batalla! Y en este terreno el poeta puede escoger diversas armas. Una de ellas es la naturaleza o el punto verde, el ojo verde de la visión. Este verdor se vuelve elocuente. La naturaleza es una rápida entrada a lo lírico, porque desde el principio es muy elocuente. El poema señala la entrada del verdor, una visión verde con una voz.

 

Wordsworth pudo haber exagerado en esto al saturar su visión moral del ser humano con naturaleza, pero lo que sobrevive de su enorme lienzo ―enmarañado en la moralidad y que se apoya en la naturaleza para liberar al poema de su moralismo― es una voz lírica, una voz que no podemos dejar de escuchar; esta voz, aumentada y vuelta elocuente por su sonido, es el sonido de lo lírico.

 

 

Importancia de la Textura ― la textura de un poema

Qué se siente, cuántas capas tiene el poema, de qué sustancia está compuesto, a qué sabe: aprendemos esto a través de la manipulación del poeta con el lenguaje y su control sobre la estructura del poema.

 

 

 

Barbara Guest

Fuerzas de la imaginación

Escritos sobre escritura

 

Traducción de Claudia González Caparrós y Aníbal Cristobo

 

Kriller71ediciones