lunes, 14 de agosto de 2023

TRADUCCIÓN SIMULTÁNEA DE PALOMA CHEN EN INVOCACIÓN A LAS MAYORÍAS SILENCIOSAS

 


Traducción simultánea

 

 

Un día mis padres llegaron

y encontraron

una España que grita:

¡Los chinos no pagan impuestos!

 

……………………………………………………………………………………………………………………

 

1.

 

Preguntan:

Hija, ¿los españoles dicen que los chinos no pagamos

impuestos?

 

Traduzco:

No. Los españoles dicen que nos crecen flores en el cuerpo.

 

2.

 

Preguntan:

Hija, ¿los españoles dicen que somos marionetas del

Partido Comunista?

 

Traduzco:

No. Los españoles dicen que somos gente hecha de

amatista.

 

3.

 

Preguntan:

Hija, ¿los españoles dicen que nos comemos a los muertos?

 

Traduzco:

No. Los españoles dicen que somos muy bellos, no solo por

fuera, también por dentro.

 

4.

 

Preguntan:

¿Estudian los españoles la historia de China?

¿Saben sobre Mao, la Guerra del Opio y la última dinastía?

 

Respondo:

No.

 

5.

 

¿No saben los españoles

sobre el despojo y la sequedad,

sobre correr y callar,

sobre extenderse por la tierra,

 

elogiando luz y sombra,

construyendo hogares en las fronteras

usando mascarillas de usar y tirar?

 

Mis padres me preguntan:

¿No lo saben?

 

Respondo:

S

í

l

o

s

a

b

e

n

 

c l a r o q u e l o s e s p a ñ o l e s s a b e n q u e s e e s

m á s q u e p i e l y s a n g r e

 

p

e

r

o

l

o

h

a

n

o

l

v

i

d

a

d

o

 

……………………………………………………………………………………………………………………

 

Mis padres

tienen

una fe absoluta

en mi carrera

como intérprete.

 

 

 

Paloma Chen

Invocación a las mayorías silenciosas

 

Letraversal poesía


sábado, 12 de agosto de 2023

ZAPATOS CON NIEVE Y AL LADO DE LAS HUERTAS DE F.L. CHIVITE EN UNA CUESTIÓN DE EQUILIBRIO

 


 

 

ZAPATOS CON NIEVE

 

 

No la inutilidad y el vacío de todo

sino en cierta manera todo lo contrario

la eternidad de las cosas presentida

tal vez a una edad demasiado temprana, amor mío

 

(la eternidad, por ejemplo, de una pared

iluminada por el sol a las diez

de la mañana, la eternidad

de unos zapatos con nieve

o de una simple mancha de limón

en un mantel de hilo)

 

la eternidad, como digo, unida casi siempre

a una determinada disposición de la luz

ha sido desde el principio

la causa de que siempre

me ha resultado tan difícil

ponerme en el camino

pisar tierra.

 

Pero el mundo hace tiempo que dejó

la eternidad a un lado

 

yo probablemente estoy perdido

la verdad es que acepté estarlo

demasiado temprano

y me senté a escribir

tratando de detenerlo todo en torno a mí

mientras la vida se alejaba

 

pero tú no la veas todavía

amor mío ―la eternidad

de las cosas― no la veas aún

 

porque verla es igual que ver la muerte

en todo y todo el tiempo.

 

La eternidad de ningún modo

te ayudará a vivir, toca las cosas

y pasa sobre ellas con toda la alegría que puedas

mas nunca te detengas demasiado.

 

Por lo que a mí respecta

todavía no soy lo suficientemente viejo

como para aceptar con una dulce sonrisa

haber errado en lo único

que merecía la pena

 

pero aunque el asunto ya no tenga remedio

ni desde luego

pueda uno presumir al cabo de los años

de haber entendido una palabra

de este vano negocio

imagino que siempre será mejor vivir

 

vivir si después de todo eso es posible

estar ahí,

pensar que el tiempo pasa

que las cosas ocurren

que el mundo existe y tiene su

importancia.

 

 

―――――――――――

 

 

AL LADO DE LAS HUERTAS

 

 

Veintinueve de noviembre por la mañana.

Solo, en el viejo camino de las huertas,

a eso de las once.

 

El ladrido de algún perro, el sonido

de algún coche lejano, algunos pájaros.

Y el sol, pálido y vulnerable en el aire frío.

 

Entonces me detengo. Me paro de repente

y digo para mí: voy a pararme un poco,

solo para saber que puedo pararme cuando quiera.

 

Voy a pararme aquí, al lado de las huertas,

durante unos minutos. Quiero mirar despacio esta luz

de noviembre, la luz de esta mañana soleada.

 

Quiero mirar esta luz y quedarme con ella,

por si en los días futuros nos faltara.

Por si la oscuridad llegara a hacerse

demasiado terrible en los días futuros.

 

 

 

F.L. Chivite

Una cuestión de equilibrio

[Poesía completa]

 

Luces de Gálibo


viernes, 11 de agosto de 2023

EN LA PLAZA PÚBLICA UN POEMA DE EN TANTO QUE MUJERES DE CRISTINA MORANO

 


 

 

En la plaza pública

 

 

Yo estoy aquí, clausurada.

Ana Becciú

 

No nos leen.

Concha García

 

 

Es una cicatriz, no una pintura

lo que ciñe la boca a las mujeres,

no una venda sutil: un alambrado

callarse milenario.

Qué dijimos, no consta:

qué pedimos, no saben.

Silenciadas

no en el no-lugar, no en el margen,

sino en el centro mismo de la polis,

vistas por todos y por todos desoídas.

 

Los animales tienen voz:

son temidos arriba, en lo lejano cazando,

el árbol sonará si el aire lo arrebata,

la mar canta en los bordes de los puertos.

Solo nosotras cuando hablamos

somos borradas del discurso,

corregidas, visadas, ayudadas.

 

Podríamos fregar el suelo

de las Cortes. Así complaceremos.

Podríamos vestir con taconazos

Y shorts. Así entraremos en la escena.

 

―Compañeras, ¿qué hubo?, ¿les dijeron

que las estamos esperando?

¿A las calles?, ¿salieron?, ¿lloran?

Nosotras aprendimos: lo agrio de las plazas

públicas, nos dejaron solas

en la defensa de lo libre.

 

 

 

Cristina Morano

En tanto que mujeres

 

Una edición rebelde del colectivo La Imprenta

 

Premio Internacional de Poesía Crítica Álvaro Tejero Barrio


jueves, 10 de agosto de 2023

MONNSHADOW UN POEMA DE ÀNGELS GREGORI EN DEBERÍAMOS HABERNOS QUEDADO EN CASA

 


 

 

 

Monnshadow

 

 

A vegades estar trist és cosa de dos,

i això, a vegades, dol el doble.

Els cafes d’algunes ciutats

ara s’alcen en l’asfalt

com un monument per recordar barbàries.

I és tan fred el marbre com la seda.

La distancia entre una persona justa

i l’himne d’un país a penes és palpable.

Els grans homes de les nacions, tots en fila,

morint i corrent-se amb fel lacions.

A una certa edat tothom voldria

Conèixer els noms dels arbres.

I jo hauria volgut, per a tu,

una forma diferent d’amor,

amb una altra música, i més llunes i rellotges.

A vegades estar trist és cosa de dos,

U això, a vegades, cansa el doble.

La dona que no soc, la filla que no he estat

i la mare que mai seré

ara enfilen juntes el carrer i, de tant en tant,

s’aturen, parlen entre elles, i riuen.

 

 

 

Monnshadow

 

 

A veces estar triste es cosa de dos,

y eso, a veces, duele el doble.

Los cafés de algunas ciudades

ahora se alzan en el asfalto

como un monumento para recordar barbaries.

Y es tan frío el mármol como la seda.

La distancia entre una persona justa

y el himno de un país apenas es palpable.

Los grandes hombres de las naciones, en fila,

muriendo y corriéndose con felaciones.

A cierta edad a todo el mundo le gustaría

conocer el nombre de los árboles.

Y yo habría querido, para ti,

una forma diferente de amor,

con otra música, y más lunas y relojes.

A veces estar triste es cosa de dos,

y eso, a veces, cansa el doble.

La mujer que no soy, la hija que no he sido

y la madre que nunca seré

ahora caminan juntas por la calle y, de vez en cuando,

se detienen, hablan entre ellas, y ríen.

 

 

 

Àngels Gregori

Deberíamos habernos quedado en casa

 

Selección de la autora

Traducción de Neus Aguado

 

Godall Edicions


miércoles, 9 de agosto de 2023

UN POEMA DE JUNTO AL POZO DEL VIVIR Y EL VER DE CHARLES REZNIKOFF

 


 

 

 

3

 

¿Le haría el favor de escribir una carta por él?

Un tipo poco agraciado, los años le pesaban.

Tenía acento al hablar,

pero no pude identificarlo

y supuse que habría llegado a este país

en su juventud

y se habría puesto directamente a trabajar

«Por supuesto».

 

«Tengo papel y sobre;

dos, por si uno se estropea».

Sonrió, sacó papel de carta y un sobre de su bolsillo

y fuimos a uno de los mostradores de correos.

Tomé un bolígrafo.

La carta iba dirigida a una muchacha llamada Sadie

en un pueblo en algún lugar

de Connecticut o Pensilvania.

Escribí el nombre completo y la dirección en el sobre

mientras él me observaba.

«Bueno, ¿qué quiere que ponga?».

 

«Querida Sadie», comenzó, «Te quiero.

¿Lo tiene?». «Sí. Continúe».

«Te quiero».

«Ya lo ha dicho. ¿Qué más?».

«Te quiero. Vuelva escribirlo».

«Muy bien. ¿Qué más?».

«Te quiero».

Le mire. «¿No tiene más que decir?».

«Sí».

Se quedó un rato pensando y dijo:

«Te quiero mucho. ¿Lo tiene?».

«Ahora ponga…». Estuve tentado de decir

Te quiero,

pero no quería reírme de él.

«Escriba: Por favor perdóname, Sadie».

 

«Es que, mire usted», me dijo, volviéndose hacia mí,

«se fue con otro

y yo la llamé ‘puta’, ‘zorra’,

y ahora no quiere verme.

Escriba: Por favor, perdóname, Sadie. Te quiero».

 

Pensé en un pájaro común y corriente con solo dos o tres notas

trinando allá en un árbol en invierno.

 

 

 

Charles Reznikoff

Junto al pozo del vivir y el ver

 

Traducción y prólogo de Jordi Doce

 

Kriller71ediciones