La angustia
La armadura de un libro
no te protege de la aguja.
La caricia hecha blindaje
tampoco te protege
de la enfermedad.
Entonces, ¿escribir para quién,
si no es para amparar a alguien?
Cae la lluvia ácida
y desmenuza los pensamientos
y funde la coraza.
La mala noticia
llega cada día a la misma hora,
siempre con los mismos contornos.
Escribo para abrigaros.
Y no funciona.
Entonces, ¿escribir para quién,
si no es para amparar a alguien?
Si no puedo ser antídoto
elijo ser la llama.
Escojo poner el dedo en la llaga
y apretar fuerte, apretar hacia dentro,
si no me dejáis ser
ni tirita, ni esparadrapo, ni gasa.
Escribiré para salvarme.
Menuda estupidez.
Esto tampoco.
Escribiré para no salvarme.
Voy mucho mejor por aquí.
Escribiré para dejar dicho
que voy a intentar no salvarme.
Si, así es.
Escribiré para dejar dicho
que intenté fracasar
y aun así,
no lo conseguí
y nadie me creyó
aunque tú lo has leído,
un día cualquiera,
y durante unas milésimas de segundo
―éstas― ha ocurrido de verdad.
Anna Gual
Las ocultaciones
Edición bilingüe catalán-español
Traducción de Joan de la Vega
Vaso Roto

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