miércoles, 19 de agosto de 2026

ESA IMPOSIBILIDAD DE NARRAR VUETRO DOLOR DE JULIA OTXOA EN BAJO LOS ASTROS DE LA REPETICIÓN

 




«Tras el crimen fuisteis arrojados a la sima

junto a tres perros vivos».

J.O.



ESA IMPOSIBILIDAD DE NARRAR

VUESTRO DOLOR


La palabra me esquiva,

empeñada en no ser,

va de una herida a otra herida

clavándome en sus orillas como si yo fuera culpable,

como si yo hubiera desactivado los lenguajes del espíritu

y recorriera las calles victoriosa de mi nada,

y consintiera que una jerga sin alma,

brutal como bota claveteada golpeando el rostro,

se impusiera y el día fuera luego aliento frágil,

apenas una tachadura donde seguir errando.


Fidelidad incondicional de su ausencia,

la palabra se disuelve en la mendicidad de mis noches,

su ley es el olvido de mí,

la no injerencia en el íntimo espacio

donde a duras penas intento ser,

su disidencia me arroja lejos de ella, como apestada,

al no lugar.


Nos une el silencio,

ese espacio vacío que ella mantiene entre ambas,

como infinita galería de espejos donde día y noche me busco,

lo busco, despojada de todo, como si en esta terrible partida

lo que escribí antes no contara para nada,

salvo para cercar y señalar el desierto expresivo del ahora,

la tiniebla sin ella.


Lo que alguien puede tomar en mis escritos

por juegos de palabras

es silencio,

una forma desesperada de esconder

las distintas vías del derrumbe,

una huida a la medida de mi mudez,

no son llaves entonces los vocablos

sino disolución de sentido,

olvido, libro de excrementos.


Su rechazo hace de mí una imposibilidad,

una escenografía para el simulacro,

las palabras que escribo no son la palabra,

ella lo sabe, aquí no crece nada,

esto no es el tiempo, esto no es el tiempo…


Ya nada permanece en pie excepto mi impotencia

para nombrar el enigma.

El ruido del mundo a mi alrededor es ensordecedor.

Me gustaría subir a los estrados y clamar: ¡Mirad,

mirad todos, mi rostro sin lengua!

¡Hace tiempo emprendí un largo viaje

y no puedo contarlo!


Ella ha decidido callar sin mi consentimiento,

sueño todo el tiempo letras sin sentido,

la blancura de mi silencio no es la del sosiego

sino la de la sangre derramada de una batalla

sin contendientes, que agota y no mata.


He sabido que por más que busque en la

desorientación de lo innombrable

permaneceré siempre en las preguntas,

la piedra no se hará transparente

porque yo lo quiera,

toda mi vida arropada en un lenguaje

que ahora desconozco

y me es extraño.

Desde el otro lado de mí misma ignoro

cómo he podido escribir mis libros,

parecen no pertenecerme.


¿Quién fui entonces?

Cada traducción que hago del universo

me parece una impostura.

¿Cómo afrontar la escritura desde esta ruina?

Soy una mudez de piedra fragmentada

a quien el mundo le duele dentro como un parto

condenado a no ver la luz.


En lugar de la palabra escrita el espejismo,

el latido de la alucinación como gramática,

como metafísica de lo roto y ajeno.


Los objetos de mi pensamiento pasan

de un vértigo a otro sin salida,

mis manos desconocen,

los huesos de mis dedos no pueden

darles forma en el papel,


¿cuál es el origen de tanta energía

a favor de la imposibilidad de narrar

la medida de vuestro dolor?




Julia Otxoa

Bajo los astros de la repetición


Editorial Averso


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