El cuento está disponible en formato de presentación power point. Si lo queréis mandarme un correo a javiberva@yahoo.es, o enviar un mensaje al facebook de Javier Bermúdez Valencia o al de Pablo Müller. Por supuesto es gratuíto.
domingo, 22 de mayo de 2011
EL ROBOT SE ABURRIA MUCHO MUCHO PERO QUE MUCHO
El cuento está disponible en formato de presentación power point. Si lo queréis mandarme un correo a javiberva@yahoo.es, o enviar un mensaje al facebook de Javier Bermúdez Valencia o al de Pablo Müller. Por supuesto es gratuíto.
domingo, 8 de mayo de 2011
EL BENEFICIO DE UN BANCO CAE
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No quiero morir aun, hay cosas que no tengo. Fotografía de Pablo Müller de un graffiti en mayo de 2011 |
Titula el periódico que un día dejó
de leer Jorge Riechman
que el beneficio de un banco cae
tal vez por su propio y excesivo peso
acaso porque pende sobre nuestras cabezas
o vino — el beneficio — sin pensar a causarnos
desgracias
a provocarnos peligros
Dice Pablo Müller que el beneficio
no se cae
que adelgaza
y que cuando el mórbido obeso
baja de peso — como el caso —
debe sentirse agradecido
Pablo Müller dice que quien cae
es el ánimo de la desempleada,
la alegría se desploma en las casas
donde no entra el salario
que se cae el sol para morir el día
Dice Pablo Müller que caen los brazos
abúlicos, caen los sueños
destripados en los insomnios
caen ejecutadas las hipotecas
y así caen los muebles las ropas las vajillas
a la calle
caen muchas lágrimas sobre las enfermedades
y el miedo
pero el beneficio no,
no cae nunca, no.
No el beneficio.
Los túneles de la carretera entre Zenica y Maglaj
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Bunker abandonado en la playa de Azkorri por Pablo Müller en abril de 2011
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Los túneles de la carretera entre Zenica y Maglaj
en Bosnia central son oscuras gargantas
que confunden el sueño y el miedo
Al entrar en el primero
— no recuerda Pablo Müller su número exacto —
el sonido del motor del Land Rover oscurece,
se agota la mirada de Pablo Müller
y maldice su viaje en solitario
— algo desaconsejado en los
manuales que reparte UNCHR —
sus palabras se vuelven pensamientos
esquivos y asustados.
Hay tanto temor — no en el túnel —
lo hay en la leve linde sin luz
sin oscuridad sin ruido sin azul
que separa el túnel y el exterior
— un lugar que solo el Land Rover
reconoce parándose cansado —
Ese instante — no lugar —
es sombra de palabra escrita
junto a la pared de mortero
descascarillado: no wor.
No war, please.
domingo, 1 de mayo de 2011
LOS HOMBRES INTERMITENTES DE FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
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Cereal y electricidad, campos de Pollos en Valladolid, abril de 2011 por Pablo Müller
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Dónde está el hombre al que llamo. Quizá no pueda abrirse paso entre quienes me acompañan. Caigo en el aire quieto. Ellos se disponen en círculo alrededor de mi ausencia.
Una tarde de domingo compré un libro de Irazoki. Fue en la web de Hiperion. Buscaba a Jorge Riechman y encontré Los hombres intermitentes. El domingo por la noche llegó al face una invitación de amistad de Irazoki. Pensé que, por alguna razón, conoció mi compra y quiso agradecerla. Pensé que aquella madrugada ya podía prescindir de mi cerebro, pero en ese momento no tenía un libro en el que leerlo y aunque nunca estuve tan solo, rodeado de abismos de hierba caliente, en marzo en mi pueblo todavía no hay hierba que cortar.
Cuando recogí en correos el paquete de libros de Hiperion habían pasado varios días desde la noche del domingo y acorde con mi nueva estatura abrí con cuidado el diligente envío, donde los libros protegidos por cartones llegaban hermosos y nuevos. Beckett, Bonnett, Irazoki y Riechman.
Los llevé al trabajo. Los enseñé a los compañeros. Orgulloso los volví a meter en el solícito paquete y así los llevé a casa. Los deposité en la librería en un sueño de las larvas de las tinoleas que habitan conmigo.
Unas semanas más tarde metí a los hombres intermitentes en la bolsa de viaje y los leí en Castilla en primavera donde la tierra anochecida se inventa a la luz de iglesias de adobe y pensamiento y gusanos terminan convertidos en idea y escarabajo.
Por la carretera cercana ajenos al sueño corren los coches portugueses y en su equipaje hojas secas el pequeño paquete de heterónimos que enseñar a sus nietos franceses mientras cierran la vejez con sus llaves de conserjes.
Bravo Irazoki: las ensayadas posturas de tus palabras se arrellanaron en mi mente y si bien también aquí, como otra maldición del clima, lo rudo es obligatorio, tus prosapoemas, tus poeprosamas, me conducen por el daño de la pureza, por la belleza cansada, por el lado de la cama de un niño que sueña planetas que dejan de serlo, por la consistencia del lenguaje de árbol, por el camino de regreso a las fotografías, por la velocidad del viento repentino y por esas casas en las nadie barre la tristeza.
Los hombre intermitentes
Prólogo de Fernando Aramburu
1ª edición: 2006
128 pp.
Español / España
IRAZOKI, Francisco Javier
Libros Hiparión, 192
ISBN:84-7517-883-9 / 978-84-7517-883-7
Precio; 10 euros
sábado, 23 de abril de 2011
LAS CIEGAS HORMIGAS DE RAMIRO PINILLA
El acantilado de La Galea, donde transcurre parte de la novela, por Pablo Müller
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Las ciegas hormigas de Ramiro Pinilla fue la novela ganadora del Premio Nadal de 1960. Tiene por lo tanto más de cincuenta años y sigue siendo una novela contemporánea. Es decir, que pertenece al tiempo que nos toca vivir. La primera vez que la leí, hacia 1978, era estudiante de bachillerato y quedó conmigo el regusto de derrota que acompañaba a la familia Jáuregui (una broma del autor pues Jauregi significa palacio en euskera) por el hecho de vivir en un lugar y en un tiempo de miseria. Hoy, tras volverla a leer, se que esa derrota es la que lleva la vida misma y que Sabas y su hijo Ismael asumiéndola de antemano la discuten cada día para, precisamente, poder vivir. Como dice Ramiro Pinilla en la página 224, “Porque lo que importa no es ganar o perder, sino poder seguir adelante”
Una gran novela para celebrar el día del libro.
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La Galea desde la playa de Arrigunaga, febrero de 2011 por Pablo Müller
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Las ciegas hormigas
Pinilla, Ramiro
NARRATIVA (F). Novela
Enero 2010 Andanzas CA 710 ISBN: 978-84-8383-200-4 328 pág.
18,27 € (IVA no incluido
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martes, 19 de abril de 2011
EL MUERTO DESCONOCE EL MIEDO
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| Playa de abril en 2011 por Pablo Müller |
El muerto desconoce el miedo, dice el espejo
El muerto desconoce el miedo, como el miedo desconoce la muerte.
Joumana Haddad
En 1982 Pablo Müller
no había leído 1984 de Orwell
— lo haría en 1983 en verano —
pero vio el dibujo del médico soldado
donde abrazaba aterrado de dolor
el cuerpo recién abandonado
del soldado suicida.
Pablo Müller oyó el grito de la bala
oyó Pablo Müller silencio en la garita
apelotonados los soldados de madrugada
esperando descienda la despedida.
Pablo Müller acarició el trazo de lápiz
bajo los abiertos ojos arrasados
el gris desconcierto el blanco noche
de joven soldado en el vacío del espejo.
En 2011 Pablo Müller
ha leído Espejos de las fugaces
de Joumana Haddad
y vio en su espejo el diálogo de mañana
de la bala-adiós y el hombre
y oyó asustado, oyó confundido, oyó
palabras de alivio con las que despedir
y correr desplomado, correr
y desprender el peso antiguo,
correr por compasión liviano
rastro ligero para un espejo.
Pablo Müller pregunta si el atleta
puede correr hasta la lejanía hasta
el siguiente día correr hasta pedir
se rompa el corazón y después correr
sin respirar, correr sin ruido,
correr sin tristeza
liviano correr en la memoria de las playas.
abril, 2011
Pablo Müller
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| Playa de abril en 2011 por Pablo Müller |
domingo, 17 de abril de 2011
LA NIEBLA, TRES VECES, DE MENCHU GUTIÉRREZ
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Playa de Azkorri, domingo de abril de 2011 por Pablo Müller |
“Así sabe la eternidad”, pienso, “así se muere”
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
poderosa la palabra
persistente el eco que abandona
al dejar de leerla,
un frío aprende, la tierra, la hierba guardan silencio
un traje compone el deseo
manos guardadas acarician lo guardado
un pañuelo prendido en el interior de una manga
una puerta que nos separa
de la nieve
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
escribe en un libro de piedra
la vida caliza de una mujer de sueño
un perro preludio de tristeza
besa la cuchara de madera con leche
leche, azúcar, vainilla, azúcar,
vainilla, el huevo, calor
escucha la luz y adivina
su tacto
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Playa de Azkorri, domingo de abril de 2011 por Pablo Müller |
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
habita la casa donde cada habitación
es un sonido distinto de un instrumento
distinto, niebla de música, tono mantenido
a través de círculos negros
silencio de niebla que de respiro
a un secreto
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
espera la espera de una cita amorosa
extiende un plano sin líneas ni alzados
un plano poema donde hay un camino
cuyo recorrer no conoce
la fatiga
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
invita a la casa sueña
donde una mujer ríe como un pájaro
y una mujer no sabe reír
— baila la risa bajo un cedro azul —
— suplica al espejo le enseñe la risa
que aleje la muerte —
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Playa de Azkorri, domingo de abril de 2011 por Pablo Müller |
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
gris insumiso, agua en movimiento
un día conforma una constelación
y una constelación recuerda un camino
manos a tresbolillo recogen las páginas
que abandonara Menchu Gutiérrez:
almacén de libros
furgón de libros
librería de libros
niebla de abril con playa
niebla de mujer y casa
La niebla, tres veces
tres veces, la niebla
ocupa Menchu Gutiérrez
la luz convertida en promesa
doce casas de doce mujeres llegadas
en palabras pertenecen a esta luz;
bosque amaestrado jardín
salvaje fronterizo camino
sin cansancio
Salgo de la habitación-libro
con un nuevo corazón
a la noche que se cubre
de estrellas-pensamientos
abandonos y deriva
porque somos
la casa prometida
Javier Bermúdez Valencia
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Playa de Azkorri, domingo de abril de 2011 por Pablo Müller |
“El frío se combina con la niebla o la niebla se alía con el frío para hacer del jardín de la plaza la casa de lo inalcanzable, la virtud de lo remoto”
Menchu Gutiérrez
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