(Cabo Formentor)
Creí haber dejado
atrás el paraíso
(el mar de fuego blanco
que avanzaba hacia el bosque
de enormes pinos, a los pies
de las cimas de las rocas
que ardían)
cuando, al despedirme,
mis ojos se posaron
en una escalera
de piedra
que se perdía en el bosque.
Por ella ascendía
(¿hacia dónde?)
una mujer que acaso solo fuera
una aparición, algo
que solo se ha soñado.
Su cuerpo ascendía, despacio, por la piedra
hacia una luz más alta.
¿Despedida sublime, inesperada
de un ángel verde?
¿Ascensión a lo sublime
de lo sublime,
mientras yo descendía
por acantilados
de amargura?
¿Por qué no fue posible el encuentro
en los jardines del paraíso de la ladera
con la que fue, no sé, si cuerpo o sueño?
¿Por qué llegó aquel ángel
para huir?
Acaso porque el símbolo del ángel
solamente se posa en el espacio
y en los ojos
que merecen su música.
Luego, en el infierno
de un aeropuerto,
ya todo fue noche,
con altavoces que mordían,
con luces que estallaban.
Antonio Colinas
En los prados sembrados de ojos
Siruela

No hay comentarios:
Publicar un comentario