lunes, 10 de junio de 2024

UN POEMA ECONÓMICO DE GABRIELA WIENER EN UNA PEQUEÑA FIESTA LLAMADA ETERNIDAD

 





UN POEMA ECONÓMICO



Quiero escribir un poema económico,

escribir sin conocer

las teorías financieras

o poéticas.

Quiero decir «existencias»

y que sepan a qué me refiero.

Quiero escribir de eso que me decía mi padre

cada vez que notaba

que se me apagaba el cerebro y se me cerraban

los oídos

cuando intentaba explicarme lo de la plusvalía:

«Gabriela,

todo lo que no quieres saber del capital

te lo van a cobrar en este mundo».


Quiero escribir sobre la liquidez de la

incertidumbre,

sobre la exégesis del PIB y del tango del IPC,

sobre la moratoria del dolor, sobre la

esperanza escalonada.


A ellos les ha llegado un mensaje de la oficina

de empleo

pidiéndoles paciencia.

A ellas ya las había despedido antes del covid,

antes de que el FMI previera que la economía

española

se iba a desplomar un ocho por ciento

como un cielo inflacionario.


Quiero escribir sobre ser pobre en un país rico,

sobre ser rico en un país pobre.

Patronales les llaman, señores de Inditex.

Esos de la improrrogable reactivación

que levantan sus escudos anticrisis

en la asfixia de los olvidados.


En mi país los ministros de economía

solían ser banqueros,

y los movimientos bursátiles como las mareas

nos llevaron al fondo de Burundi.

Ellos no pueden sacar el dinero

de los fondos privados de pensiones,

porque les ha robado el futuro.


No hace falta una pandemia para firmar un

pagaré.

Ahora le llaman suspensión perfecta de

labores,

también conocida como patada en el culo.


Sé conjugar económicamente algunos verbos:

la economía decrece,

el empleo cae, la gasolina sube.

No entiendo nada,

lo único que sé es que cuando las cifras están

más bonitas sobre el papel

más fea es nuestra vida.

Lo que no pagamos hoy lo pagaremos mañana.

Lo que no paguemos mañana lo pagarán

nuestros hijos.

La economía no es una ciencia.


La economía va sobre nosotros,

sobre cómo nos van a destrozar.


Tuve que llegar a fin de mes para entenderlo,

papá.

Tú que no terminaste Económicas lo sabías.

Los escenarios posibles, el pequeño

mecanismo

de los acontecimientos, el balance,

la belleza de la renta básica,

el ruido tan triste

que hacen los cuerpos cuando hambrunan.

El tipo de interés del corrupto,

el silencio de las obras inútiles,

mi país como un hospital de campaña

en el que mueren otros.


Quiero escribir un poema económico

pero me sale un poema marxista

sobre gente viviendo en estado

de emergencia permanente.

En el batacazo universal, en la contracción, en

1930.

No hay un poema capaz de contar eso,

mira cómo se ve la pobreza de siempre bajo la

luz brillante

de la nueva amenaza

y calla.




Gabriela Wiener

Una pequeña fiesta llamada Eternidad


La Bella Varsovia


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