viernes, 16 de abril de 2021

CONSIERANDO EN FRÍO UN POEMA DE CÉSAR VALLEJO

 

 

 

Considerando en frío, imparcialmente,

que el hombre es triste, tose y, sin embargo,

se complace en su pecho colorado;

que lo único que hace es componerse

de días;

que es lóbrego mamífero y se peina...

 

Considerando

que el hombre procede suavemente del trabajo

y repercute jefe, suena subordinado;

que el diagrama del tiempo

es constante diorama en sus medallas

y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,

desde lejanos tiempos,

su fórmula famélica de masa...

 

Comprendiendo sin esfuerzo

que el hombre se queda, a veces, pensando,

como queriendo llorar,

y, sujeto a tenderse como objeto,

se hace buen carpintero, suda, mata

y luego canta, almuerza, se abotona...

 

Considerando también

que el hombre es en verdad un animal

y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

 

Examinando, en fin,

sus encontradas piezas, su retrete,

su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

 

Comprendiendo

que él sabe que le quiero,

que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

 

Considerando sus documentos generales

y mirando con lentes aquel certificado

que prueba que nació muy pequeñito...

 

le hago una seña,

viene,

y le doy un abrazo, emocionado.

¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

 

 

 

César Vallejo

Antología poética

 

Edición y selección de Antonio Merino

 

Colección Austral

Editorial Espasa Calpe


 

miércoles, 14 de abril de 2021

пятнадцать UN POEMA DE ENREDADERA RUSA DE JOSEFINA BIANCHI

 

 

 

пятнадцать (1)

 

 

 

Los barcos desaceleran para frenar

se hunden de a poco; los aviones flotan, caen.

La cima de la montaña es sólo cima,

el agua es superficie y el paisaje, difuso.

Las vistas panorámicas son panorámicas

porque todo se empequeñece.

 

Pensaba en estas cosas mientras esperaba

en el hospital, el vacío no es propiedad

de nadie y solo puede crecer

 

esperé tanto que las sillas de metal

me eran conocidas, las puertas vaivén

que separan la lentitud de la guardia

del concepto formal de urgencia

decían algo. Esto es algo que solo puedo

entender yo. Es casi un sueño

 

y todos los caminos para llegar a casa

venden cosas brillantes, inútiles y baratas

las sillas de metal en la sala de espera

decían todo puede florecer

y ni siquiera tengo hijos

solo paciencia o inercia, en esta sala

 

¿cuáles son las herramientas del jardinero?

 

preguntale a cualquiera

un corazón es solo tierra y el cuerpo

esperé tanto que por alguna razón

mi respiración se volvió parte

de las sillas de metal, del aire que corre

entre las puertas que dividen

lo urgente de lo importante, que dividen

el silencio de los barcos que se hunden de a poco

y de los aviones que a lo lejos están cayendo.

 

 

 

Josefina Bianchi

Enredadera rusa

 

Ediciones Liliputienses

 

(1)    Quince


 

lunes, 12 de abril de 2021

UN POEMA DE PUERTO OSCURO DE MARK STRAND

 

 

 

 

XXV

 

 

 

¿Lo que existe es acaso un recuerdo de la época

de la gran nada y la honda noche sin estrellas,

el tiempo antes de que empezara el universo?

 

Cuando nos miramos y no vemos nada,

¿no es acaso la confirmación de que somos menos

de lo que salta a la vista y encarnamos algo de

 

la noche de nuestros orígenes, y no es todo

un poco menos de lo que salta a la vista, recordándonos

que nuestra ignorancia se comprueba en la nada

 

a la que rinde honores? ¿Y no es cierto que

la pérdida de la memoria es la fuerza más poderosa

en la formación de la cultura, que el pasado

 

siempre es simplificado para hacer lugar

al presente? ¿Y no estamos más interesados

en lo que pudiera suceder o lo que sucederá

 

que en lo que ya ha sucedido, y así miramos hacia

la oscuridad e imaginamos una plenitud en la que

somos las estrellas, igual al vacío

 

del origen, haciéndonos nacer una y otra vez,

alzándonos de entre las ruinas o cenizas

del pasado? Nuestras imágenes hacen arder un camino

 

que nuestros pobres cuerpos deben seguir. Y el viento

que sigue es el viento perfumado de la primavera

que promete mucho, pero se conforma con el verano.

 

 

 

Mark Strand

Puerto oscuro

 

Traducción y prólogo de Adalber Salas Hernández

 

kriller71ediciones


viernes, 9 de abril de 2021

MIEDO A PARTIR UN POEMA DE MNEMOSINE DE DIONISIA GARCÍA

 

 

 

 

MIEDO A PARTIR

 

 

 

Hemos llegado al fin de este mar de canícula

que ha de quedarse solo al doblar el otoño;

descolorido y zarco, el cielo de septiembre

llorará soledades, añorará los cuerpos

cansados o turgentes entre vuelos de espuma.

 

Otro verano más buscando la calina,

barajando colores sobre lechos de arena

en la casa del mar, choza de agua

donde tu piel ungiste con acopio de sal.

 

Tengo miedo a partir, quizá por si no vuelvo

a enhebrar con el mar la voz de mis amigos.

Me duele ser del tiempo, rastrear el espacio,

alojarme en un grito que apagará la noche

sin escuchar siquiera la curva de palabras.

 

Solo cuenta contigo para mi referencia,

el único viajero atado a este navío

que no tiene más ancla que la boca del viento

y un pedregal de sueños cerca del horizonte.

 

Hemos llegado al fin de este presente,

curtidos en amor desde este mar de sures,

donde cualquier ausencia es un hueco de ola,

estría señalada sobre su cuerpo abierto.

 

Completa tu equipaje con líquenes y arena;

ellos serán la huella cuando duerma el estío

y la ciudad se meza entre humareda y lascas.

 

 

 

Dionisia García

Mnemosine

 

Genealogías

Ediciones Tigres de Papel


miércoles, 7 de abril de 2021

TRES POEMAS DE DETENER LA PRIMAVERA DE MARTHA ASUNCIÓN ALONSO

 

 

 

 

Nostalgiar

 

 

 

Plataneros meciendo el corazón,

duendecillos de mimbre en las estufas

y el abuelo, que vuelve de la mina,

con pan de pajarines y meruéndanos rojos

(rojos eran tus labios cuando pescabas nubes,

de niño, por las Veigas)

 

Nostalgiar.

 

Crepitar de mazorcas en el horno.

Otoño en cucuruchos de papel.

 

Esta niña no sabe el padrenuestro,

ni la tabla del cinco,

ni estar sola.

 

El príncipe soltero del desván invisible.

Manchas chinas de aceite sobre papel de estraza.

 

Nostalgiar.

 

Quiero, abuela, hojaldres y una gripe,

cachorros callejeros a los pies de mi cama:

volver, lavarme el corazón con manzanilla.

 

Esta niña no sabe estar con nadie,

salirse de los cuadros del salón,

dibujar un sombrero… Ni una boa.

 

 

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Emaús

 

 

 

Pierre Lecoq, en la esquina de la Grand Place con Saint-Vaast, vende los mejores cruasanes de Béthune. Yo estaba en la lavandería mirando los tambores de aquellas secadoras cuando un mendigo abrió la puerta y me llegó el aroma dulce del hojaldre. Era el invierno. La soledad y los vasos de plástico junto al distribuidor de detergente y las monedas diminutas de dos céntimos. No sirven para nada. Crucé entonces la calle y pisé un charco y en el escaparate iluminado de Lecoq los cruasanes eran como juguetes caros, tan perfectos. El mendigo cruzó. Vino hacia mí. Le vi mover los labios para no decir nada, la taza de cerveza entre las manos con mitones y una manta isotérmina del SAMU flotándole detrás, como una capa triste de aluminio. Parece un súper héroe, ¿sabe usted? Era noviembre y fue de noche y los coches pasaban salpicándonos frío y a mi no me llegaban las monedas de cobre ni para la secadora ni un pastel. Puedo prestarle un euro -dijo entonces el héroe, amoratado, buscándome los ojos en el escaparate-. Puedo prestarle un euro, Señorita, si usted quiere. Parece ser que en árabe y hebreo “Emaús” significa “primavera templada”. Un alto en el camino.

 

 

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All You Need

 

 

 

Aquel dolor, la luz gigante en mi cabeza.

Cualquier autobús vale, cualquier mano tendida:

Esto es lo más al norte que has estado -pensaba-

Y estás sola. Sola con el dolor,

la luz hiriente,

un enjambre de bichos sangrando en los oídos.

Pronto escuché una voz, vi esas monedas

puras caer sobre la herida, poco a poco.

Sólo entendí: Deshielo.

Fue estallando el dolor, la luz, de mil colores.

 

 

 

Martha Asunción Alonso

Detener la primavera

 

Ediciones Hiperión

 


lunes, 5 de abril de 2021

SOBRE LA DIFERENCIA... UN POEMA DE EMERSSON PÉREZ DE LA MUERTE DE LA TELEVISIÓN NO SERÁ TELEVISADA

 

 

 

 

SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE VISITAR EDIFICIOS ABANDONADOS Y VER PERFILES DE PERSONAS MUERTAS

 

 

 

Ver sus comentarios y los de sus amigos, algunos de su propia red de contactos. Animita de Facebook. Un autor del cual no recuerdo el nombre, ni el título de sus libros, decía que los fantasmas son otras formas de percibir energías ancladas, que nuestro cerebro en unos cientos de años podría percibir el tiempo de diversas maneras y que, a veces, pueden llegar a proyectarse en un edificio abandonado. La necesidad de leer un poeta o un cantante recientemente fallecido, las inteligencias artificiales me dieron la noticia de un recientemente muerto, que sacaba fotografías a edificios abandonados. Todo esto valdrá más que una sopa enfriándose en un velorio con gente desconocida. ¿Se encuentra un descendiente mirándote en este momento?

 

 

 

Emersson Pérez

La muerte de la televisión no será televisada

 

Ediciones Liliputienses


viernes, 2 de abril de 2021

CURADME UN POEMA DE EX VIVO DE SARA R. GALLARDO

 

 

 

CURADME

 

a mis hermanas locas a las que siguen torturando

 

 

Queréis curarme de enfermedad.

Queréis curarme de biología,

de herencia genética,

de mi exclusivo sistema límbico.

 

Curadme de vacío, si es que sabéis que lo nombro;

curadme de sombras, de diluvios,

curadme de abusos sexuales, de enredaderas creciendo,

curadme de descensos, de entrañas,

curadme de mi pobreza y no os sentiréis tan frustrados.

 

Curadme de vuestros medicamentos, de vuestra industria,

curadme de vuestra suficiencia,

curadme de vuestras correas, de vuestras coerciones. Curadme, si

queréis, de custro dominio sobre lo que siento.

 

Curadme por dentro las autolesiones,

curadme como profesionales las vidas que he ido extraviando;

curadme del estado de shock de un dolor muy profundo.

 

Curadme del individualismo que promovéis,

del do it yourself, del «si tú quieres, puedes».

 

Curadme de las olas que vienen rompiéndose en mí,

curadme de todas las etiquetas que me habéis hecho colocar y

ocultar al mismo tiempo.

Curadme de trabajos mal pagados, de amistades que se alejan;

curadme de la incomprensión de los míos,

sobre todo, curadme de la luz de gas.

 

Recién comienzo a vivir sin odiar mi sufrimiento, mientras vuestras

palabras lo envilecen.

Yo manejo mi abismo,

salid de él de una vez. Dejad de curarme.

 

 

 

Sara R. Gallardo

ex vivo

 

Ya lo dijo Casimiro Parker