martes, 14 de abril de 2020

MEMORIA ALABEADA UN POEMA DE SARA R. CABEZA




Memoria alabeada



El recuerdo más temprano
que atesoran las termitas
es el del frío del invierno,
los radiadores, la nieve,
y el hielo en el arroyo.
Recuerdan la escarcha
en el cristal de la cocina
y el olor intenso y verde
de las paredes maderosas
que con fruición comían.

Desde aquel lugar, altísimo,
como deidades se burlaban
de las discusiones familiares
o las pequeñas desavenencias,
pero secretamente envidiaban
todas nuestras francachelas
y los desayunos presurosos,
porque llegábamos siempre tarde:
tarde al colegio y tarde al tiempo.

Las termitas, con sus pequeños ojos,
unos ojos inexpresivos y ávidos,
se perdían en el olor de la sopa
y lo tibio del vapor que emergía
en volutas circulares hacia su cuerpo.
Al olerla, masticaban nuestro presente
intentando, en el futuro próximo,
reducirnos a cenizas y a polvo.

Pero, con todo, hacían del espacio
algo mucho más suyo que nuestro.



Sara R. Cabeza
Aullido animal

Bajamar editores

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