«Es un ejercicio poético. La poesía es siempre tratar de reintensificar palabras que han perdido toda su fuerza. Y con la violencia lo que ocurre es que las palabras se vacían de significado. La violencia agarra expresiones comunes que ya no significan nada para nadie y no les hacen sentir nada a nadie. Eso es lo peligroso del trabajo con la palabra. El peligro de caer en una palabra que ya no duele, que no permite sentir nada. Eso es lo que hay que evitar cuando una escribe sobre violencia. No hay que instrumentalizar el lenguaje, hay que darle el espacio de organismo vivo. Buscar la experiencia poética. Es un trabajo difícil. La ambición es muy alta. Deseo escribir algo que resensibilice un cuerpo que a través de la violencia ha tenido que blindarse a determinados lenguaje para que ya no le toquen. Es una misión muy grande, no muchas veces se consigue, pero cuando se trabaja con la violencia tenemos que intentarlo. Proveer al lenguaje de musicalidad, de ritmo y tono. Proveerlo de un lenguaje que contenga una propuesta tanto estética como ética».
Mónica Ojeda
A propósito de su libro Chamanes eléctricos en la fiesta del sol (Random House, 2024) Chamanes eléctricos en
Publicado en Pikara Magazine

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