A quién
puede importarle que yo piense
lo que
pienso, que escriba lo que escribo,
que
finja estando muerto que estoy vivo,
que
sueñe ser poeta este a este amanuense.
No
vengan exigiéndole suspense
a una
vida carente de motivo;
uniforme,
aunque quiso ser tiovivo,
libérrima,
si no fuera castrense.
He
vuelto a recaer en mi escritura.
Prospera
con estímulos de planta,
acecha
con cautela de asesino.
Crecer
o cercenar, savia o tortura:
solo
soy un cadáver que suplanta
a otro
cadáver que huye del destino.
Víctor
Martín Iglesias
Proxeneto
Ediciones
Liliputienses

No hay comentarios:
Publicar un comentario