Los viejos amigos
No les importaba
alargar el vermut
hasta las 5 de la tarde
o más, incluso.
Daba igual martes que domingo,
también con las copas
la noche no podía alargarse hasta la madrugada,
lo mismo, daba igual martes que domingo,
aguantaban estoicos
miradas de soslayo,
gestos de desprecio
o palabras destempladas
la ironía te saca de todo, somos poetas, decían.
La marea subió,
los tiempos cambiaron
y la vida puso a cada uno en su sitio.
Hoy, cada cual a lo suyo,
la urgencia de los días
les disgregó,
pero a veces, caprichos del destino,
sus pasos coinciden,
y, por un momento, el tiempo se para,
las miradas se cruzan,
sonrisas pícaras de dibujan,
se saludan con la cabeza
mientras piensan; nosotros estuvimos allí.
Segundos después, como en una secuencia
a cámara rápida,
las ruedas vuelven a girar y desaparecen a ocuparse cada
uno en los suyo,
mientras recuerdan los versos de aquella canción,
Cuando pienso en los viejos amigos…
Javier Perales Valdés
Ese olor a tierra quemada
La Única Puerta a la Izquierda

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